Capítulo 18

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Días después.

 

Casi se cumplen dos semanas desde que Ryan y yo nos confesamos todo. Había estado evitando pensar y darle vueltas a lo que sentía. A como una parte de mi cambiaba cuando compartía con él o simplemente lo recordaba o veía en algún sitio. Tenía miedo... miedo del engaño, de que no fuera cierto todo esto, de que llegara a ser una burbuja que en cualquier momento iba a mostrarme la realidad; de abrirme y aceptar todos los cambios y raras sensaciones.

Todo ha sido tan lindo después de aquel día que me resulta muy extraño. La verdad me cuesta aceptar del todo mis nuevas locuras de amor, a veces quisiera pegarme una bofetada y meterme debajo de una cama para no salir jamás luego de presenciar estupideces en mi que no llegaba a creer que sentiría ni haría. Me comporto como toda una ilusa... Dios. Elektra perdóname.

Lo único que me tranquiliza es el pensar que a pesar de, el causante de esas cosas me ha regalado una grata felicidad estos días. Siempre me espera a la salida del trabajo y pasamos unas tardes realmente fenomenales. Le comenté algunas cosas sobre mi infancia, como que aunque no teníamos muchas condiciones para yo compartir, de todas formas no me interesaba mucho en salir, que siempre he vivido en mi apartamento y que casi siempre he estado sola. Le hice saber que esos días compartiendo con el han sido los que mas he disfrutado luego de mucho tiempo, o tal vez desde que murió mama.

Ahora me encontraba muy nerviosa, pues pasaría un día completo en la gran mansión Prior. La verdad no me había detenido a meditar que pensaba o que sentía su familia con relación a mi... a nosotros. Pero como ya sabrán, si a mi chico Mora Azul no le importa lo que ellos digan, pues, ¿a mi me vale?.. exacto. Bueno, no es como que no le importa obviamente, se que ama a su familia y le encantaría que nos acepten, pero se que si a ellos no les agrada la idea, el seguirá a mi lado e intentará hacerlos entrar en razón. Yo por otra parte, se supone que tengo que poner de mi parte para que todo fluya bien... ya podrán imaginarse. Estos días Ryan me ha ayudado con mi autocontrol y paz interior y yo a él con las estupideces establecidas en su personalidad para que muestre desinterés por lo que se supone que tendría que ser inferior a él... estúpidos estereotipos. Pueden imaginar ya que a veces acababa con su paciencia cuando no cumplía bien con los estatutos, pero diablos, ¿qué culpa tengo yo de que la gente y el mundo conspiren a mi contra?

Hemos reído tanto juntos, que de verdad no quisiera que las cosas se estropeen en su pequeño reinado.

Ahora me encuentro afuera de mi edificio, observando su estructura mientras espero al galán de galanes.

Unas manos rodean mi cintura por detrás y me sobresalto.

— Hola mi limoncito —dice, y me relajo.

El apodo pasó a ser mas tedioso de lo que era... si. Pero para su sorpresa, no me molesta. Bueno, no mucho.

Malditas cosas lindas.

Giro y me enfrento a el rostro más encantador del mundo. Le dedico una sonrisa y admiro su esplendor de hoy. Una camisa blanca que hace un contraste mortal con todo él, y unos pantalones de vestir gris, que cosa mas maravillosa señor...

— ¿Vamos? —ladea su cabeza hacia la vía. Desvío mi vista para observar su majestuoso auto.

 

— Vamos.

 

 

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Su Realidad Y La MíaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora