23. Las Hojas Caen

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Probablemente, el hecho de visitar aquel río es lo más curioso que le pudo haber pasado en su joven vida; no hay día en donde no se encuentre con Hashirama, excepto en las ocasiones en las que no tiene tiempo para salir de casa y así relajarse de toda la carga Uchiha.

No importaba que tan duro podía ser su destino, no le importaba llevar esa sangre maldita, cada vez que iba al río, sentía que toda la frustración y angustia se iba con el; nadando sin un rumbo, alejándose del alma de Madara, todas esa penas simplemente desaparecían, los tristes pensamientos.

Y al lado de Hashirama, sentía que toda su energía volvía a nacer, él era un chico tan fresco como una hoja e interesante, si tuviera que describirlo con una sola palabra, diría que ese Senju es diferente.

Todas las reglas sociales, los estereotipos y la opinión de los demás no parecía importarle. No sólo eso, Hashirama piensa muy diferente a los demás, que simplemente lo deja sin palabras.

Es como si Dios le hubiera mandado un ángel, un ser especial con distintas formas de ver la vida; una persona que es capaz de hacerlo sentir tranquilo, a su lado no tiene que comportarse como un hombre perfecto, puede ser como él quiera sin ser juzgado.

Y se sentía bien.

— Hoy en mi pueblo, sucedió algo nuevo — Mencionó Hashirama, sacando a su amigo de sus profundos pensamientos. Ambos estaban sentados en la orilla del río, viendo cómo este avanzaba con calma, sus reflejos se podían notar en el agua cristalina, así como también tenían una perfecta vista a unos hermosos peces que viajaban en familia.

— ¿Qué pasó? — Preguntó tranquilamente, ambos se vieron directamente a los ojos con un semblante neutro.

— Hoy, mi padre y yo observamos a dos hombres besándose — Soltó con completa calma como si fuese de lo más normal. El azabache tragó saliva ladeando su cabeza un tanto confundido.

— ¿Dos... Hombres?

— Sí — Hashirama observó nuevamente el río, mientras tanto el Uchiha se preguntaba, en qué está maquinando la mente de su amigo en ese momento, algo nuevo, probablemente. — ¿Qué opinas de eso?

— ¿Eh...? — Un pequeño silencio se creó en el lugar, el azabache no esperaba aquella pregunta, mientras tanto el moreno esperaba pacientemente clavando su mirada en unos pequeños peces que paseaban en pareja. — Hm... En la nueva ciudad, está comenzando a suceder seguido — Respondió, al mismo tiempo se preguntó en qué momento su pueblo natal se convirtió en una ciudad, en fin, la tecnológica. — Mi padre dice que es algo malo, los hombres tienen que tener un noviazgo con una mujer, no con otro hombre.

Hashirama soltó una pequeña risa tras esa respuesta, haciendo que su amigo frunciera el ceño.

— ¿Qué es tan gracioso? — Soltó con una pequeña mueca hacia abajo.

— Te pregunté a ti, no a tu papá — Explicó tranquilizando su risa.

Madara desvió la mirada cruzando sus brazos.

— ¿Qué quieres que diga? No me importa que hacen las otras personas con sus vidas — Respondió de mala gana, sin embargo era completamente cierto, no hay razón alguna para meter su nariz donde no le conviene o importa, ya que después de todo; ¿En qué le afecta el hecho de que hayan hombres que le gustan otros hombres? Opinar mal de ellos, sería una pérdida de tiempo.

Hashirama sonrió ante tal respuesta, por alguna razón se esperaba ese tipo de palabras, después de todo, está hablando con Madara; un chico serio, que sabe cuando actuar y cuando no.

Paciente 325 | KakaObiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora