—¿Ves? Por eso yo no quería ir, porque ese idiota siempre está ahí. Es como si fuera su segunda casa —dijo Izuna con un tono molesto mientras caminaba de un lado a otro en la sala, mientras que su hermano mayor tomaba un poco de café sentado en el sofá, sólo escuchando, sin decir ninguna palabra porque ya está cansado de la conversación—. Danzo siempre es un dolor de cabeza, está demasiado obsesionado, ¡me enferma!
—Enfermate pero en tu cuarto, ¿qué tengo que hacer para tomar café sin que me molesten en esta casa?
—Creo que no estás entendiendo el punto de esta conversación —se quejó frunciendo el ceño mientras miraba a su hermano directo a los ojos.
Madara soltó un suspiro pesado, dejó su taza en la mesa pequeña que estaba frente al sofá y se levantó con una expresión de cansancio.
—Es algo que entendí hace muchos años —explicó el mayor con un tono serio—, no es ninguna novedad, no para nosotros. Lo único extraño en esta conversación es tu enojo hacia la decisión de Danzo cuando sabes perfectamente que siempre ha sido así, ¿cuál es la diferencia ahora? —cuestionó cruzando sus brazos, su tono de voz era firme sin ninguna pizca de molestia o temor, a diferencia de Izuna que ni siquiera era capaz de controlarse en ese momento—. Nunca te ha importado la opinión del resto, ¿qué te tiene tan enojado?
—¡Hay una gran diferencia!
—¿Cuál?
Izuna apretó sus puños enojado al no ser comprendido por su hermano, era demasiado obvio, ¿no es así?
No dijo ni una sola palabra y se retiró de la sala, no quería dar más explicaciones, porque en cierto modo le avergonzaba tener que decir en voz alta la raíz del problema.
Demasiado orgulloso.
Madara se volvió a sentar en el sofá, aunque para su desgracia su café ya estaba frío. ¿Por qué él debía ser la única persona seria y firme en la casa? Sentía como si estuviese tratando con un adolescente.
—Voy a salir —avisó Izuna estando ya en la puerta—. Hay que llevarle medicina a Obito, ¿no?
Madara ni siquiera tuvo tiempo para responder, lo último que escuchó fue el sonido de la puerta cerrándose. Por fin el silencio inundó la sala para poder relajarse y organizar un poco sus pensamientos, habían sucedido demasiadas cosas ese día, si no estuviera acostumbrado a las desgracias de seguro ya estaría al borde de la locura.
En su soledad, pensando un poco en la conversación que acaba de tener con su hermano sobre Danzo y el tema de que Obito estará siendo vigilado, entendió mejor el mal temperamento de Izuna.
—Ya veo la diferencia —murmuró en voz baja observando su taza de café, hizo una mueca de desagrado y sintió un escalofrío, es extraño ver a su egocéntrico hermano tan preocupado por alguien que no sea él mismo—. Vaya problema con la letra "O".
Luego sonrió con un poco de maldad, su hermano no tiene ni la remota idea del material que le acaba de dar para molestarlo.
(...)
Los golpes de la puerta se escuchaban por todo el lugar, Obito se despertó gracias a eso pero no quería levantarse de la cama; sólo esperar que la persona que estuviera afuera se aburriera y se fuera. Sin embargo nunca sucedió, el ruido no cesaba y eso le provocaba más dolor de cabeza, tuvo que reunir mucha energía y valor para levantarse y abrir la puerta.
Sintió que todo su cansancio y el sueño abandonó su cuerpo al ver la persona que lo estaba esperando afuera, su boca estaba abierta pero era incapaz de hablar.
—Obito, te ves como la mierda —dijo Izuna con completa honestidad viéndolo de arriba hasta abajo, notando sus ojeras y su nariz roja por culpa de su resfriado, también el sudor se hacía notar, ojos apagados y labios resecos. Sí, era una completa basura.
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Paciente 325 | KakaObi
FanfictionEl amor puede perpetrar pecados; pero también puede hacer que te arrepientas de ellos. Sabía que debía pararlo desde el inicio, pero me embriagaba ante el reflejo de su alma que pasaba en sus cristales rotos llenos de penumbra. Sabía que no era lo...
