24. Mentiras Para El Alma

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- ¿Qué pasó entre Hashirama y tú? - Preguntó Obito, el mayor simplemente tragó saliva pensando de que forma desviar el tema.

Ni siquiera entiende la razón por la cual, le pidió a Obito que salieran juntos de la cafetería; después de todo pudo irse solo, ignorando por completo al menor.

Quizás había algo en el rincón más profundo y oscuro en su corazón; un grito sordo que pide soltar el pasado, no olvidarlo, no odiarlo... Superarlo.

- ¿Tan viejo eres que ya eres sordo? - Frunció el ceño por el silencio desesperante de su tío, sin duda no ha cambiado nada; sigue siendo tan orgulloso como lo recordaba, quizás no debería perder el tiempo tratando de entablar una conversación con él, pero... ¡Demonios! Madara es como una comida agridulce; suele ser amargo y por eso piensas que es lo peor del mundo, pero después de haber vivido varios años con él te das cuenta que tiene su pequeño lado dulce, el cual le da un toque especial causando sabores curiosos.

Y si bien, nunca ha visto perfectamente ese lado de Madara, varias veces ha pensado que, por algún motivo Izuna lo quiere y defiende tanto ¿No?

Además, en cierto punto se preocupó por su educación... Aunque no lo demostró de una manera correcta.

Pero a fin de cuentas, no importa quien seas, no importa que tan serio, cruel o amargado te sientas o creas; siempre existirá un lugar blando debajo de la cáscara.

Ese tipo de pensamientos sólo impulsan más a Obito a continuar con su reciente "investigación".

Porque después de todo, no podría llamarse un profesional en el área de psicología, si no trata de comprender de forma profunda la actitud de una persona. Con ciertos límites, claramente.

- Es patético seguir con este tema - Respondió Madara de manera cortante. - No entiendo que ganas con esto.

- Tú sabes lo insistente que soy, así que ten por seguro que no te dejaré en paz hasta que me lo cuentes - Cerró sus ojos mientras se cruzaba de brazos con un leve puchero, ignorando por completo lo anterior dicho por su tío.

El mayor soltó un suspiro pesado, claro que lo sabe; los caprichos de su sobrino probablemente es lo último que olvidaría.

- Él y yo éramos amigos, eso es todo - Desvió la mirada tratando de creer su propia mentira.

- ¿Éramos? ¿Qué sucedió? - Preguntó, pero al notar como el mayor no lo miraba a los ojos, se dio cuenta de esa perfecta mentira. - ¡Oye, di la verdad!

- No diré nada con tanta gente alrededor...

- Eso se puede solucionar.

- Ay no...

"¿En qué me acabo de meter?" es una pregunta que retumba en la mente de Madara.

(。。。)

- Creo que este lugar es incluso más viejo que tú - Soltó Obito mientras caminaban cerca de un río, un escenario que Madara recuerda perfectamente.

El lugar donde conoció por primera vez a Hashirama.

- Vuelve a decir eso y me voy de aquí - Contestó el mayor completamente ofendido, entre cerró sus ojos de manera fría causando un escalofrío en la espalda de su sobrino.

- Oye, sólo es una pequeña broma - Contestó con una sonrisa nerviosa con los ojos cerrados, aunque después los abrió por completo al analizar las palabras de Madara. - Espera ¿Eso quiere decir que me vas a contar que pasó?

- Nunca dije algo como eso.

- ¡Oh vamos...! Si realmente no quisieras, no me hubieras seguido hasta aquí - Caminó un poco por el lugar, hasta llegar a un viejo puente de una madera tan vieja que se escuchaba su rechinar con cada paso. - Es decir... Podrías alejarme en cualquier momento, ahora podrías estar trabajando o descansando en tu casa; pero no es así, aquí estás. Por alguna razón.

Paciente 325 | KakaObiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora