30. Oda A La Muerte

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Antes del inicio de mi vida, si lo deseaba o no.

Nadie jamás me lo preguntó — de otro modo no podía ser —.

Si la vida era la pregunta, una cosa enviada por intentar, y si vivir es decir sí.

¿Qué puede ser el no?

Morir.

Samuel Taylor Coleridge.

(...)

Ya ha pasado una semana desde aquella pequeña travesura en la cabaña del bosque; Kakashi no aparentaba haber cambiado, es decir, no se comportaba nervioso o con temor de ser descubierto.

Es más, seguía con su semblante entre tranquilo y serio, dependiendo la situación, de hecho, su padre estaba feliz porque no lo ha vuelto a ver deprimido.

¿Y cómo estar deprimido? Si por fin ha logrado acabar con un maldito parásito del mundo; y como cereza del pastel, nadie ha sospechado de él.

Incluso cuando varios niños sabían que eran una especie de rivales, la policía no lo tomó como sospechoso de su reciente desaparición, ellos creen que el niño ha sido secuestrado mientras regresaba a su casa.

Todo era tal como lo había planeado, porque incluso si sus compañeros de salón sospechan de él y de su rencor; los testigos podrían confirmar su "inocencia" porque todas sus acciones falsas coinciden.

Después del recreo, se fue porque estaba enfermo, sus vecinos lo vieron entrar a su casa y nunca lo vieron salir, ya que en todo momento estuvo usando la ventana trasera de su habitación; por lo tanto, desde la perspectiva de ellos, Kakashi estuvo en su casa toda la tarde y en la hora en la que sucedió el dichoso secuestro.

Él no le pudo haber hecho nada, sobre todo si estaba enfermo del estómago.

Kakashi sonrió de lado al pensar en eso, sin duda disfrutó al máximo hacer sufrir a ese imbécil; recordaba a la perfección cada grito y el movimiento de su mano junto al cuchillo, incluso podía imaginar nuevamente la sangre manchando sus manos y la adrenalina corriendo por sus venas.

Es algo que, no dudaría en ningún momento repetir, si otro día tiene oportunidad, le haría pagar a otro ser asqueroso del planeta, a fin de cuentas, ellos no merecen piedad de nadie.

Además, le haría un gran favor al mundo, por fin la sociedad tiraría al infierno a las ratas del diablo. Incluso podría ser un héroe para varias personas ¿no es así?

Una suave brisa entró por la ventana de su habitación, agitando levemente su cabello e inmediatamente cerró sus ojos para disfrutar de dichoso acto; el fresco aire le concedió una sensación de tranquilidad, nunca antes en su vida se había sentido tan bien.

Decidió concentrarse nuevamente en su tarea, sabe que no le conviene mucho pensar como si fuera un psicópata buscando sangre para satisfacer sus extraños deseos y cumplir sus personales creencias.

Al menos no por ahora.

[🕣]

Obito estaba en completo silencio; analizando cada palabra que salía de los labios de Kakashi, realmente nunca se imaginó que ser tan cercano a él tendría tantas ventajas, es decir, en ningún sitio de internet se encuentra tal información, de hecho, no se tiene un registro claro de cuál fue el primer asesinato hecho por el Hatake; quizás ahora él es la única y primera persona que conoce su historia desde el principio.

Y no le emociona porque sea un psiquiatra y está haciendo bien su trabajo; lo hace sentir feliz porque de esa forma puede conocer mejor a la persona que ama, su infancia, la razón por la que se convirtió en un criminal buscado por todo el país. Sus pensamientos, sus emociones, siente que mientras más lo conoce, en vez de alejarse quiere acercarse y adentrarse más en su vida.

Paciente 325 | KakaObiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora