19. Infancia

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«El simple hecho de ser un Uchiha, ya es una maldición»

Obito despertó de repente al escuchar esas palabras rebotar en su mente; se sentó en su cama con sus ojos entre cerrados, sentía mucho sueño pero esa pequeña frase lo estaba molestando desde hace tiempo.

— Tengo tanta pereza que ni siquiera quiero pensar en eso — Murmuró en su silenciosa habitación, todo estaba completamente oscuro; por lo que los números de su reloj en la mesa de noche brillaban levemente de color rojo. Eran las dos de la madrugada, por lo que simplemente se acostó otra vez sobre su esposa para seguir durmiendo.

Al día siguiente, actuó como si no lo recordara, como todos los días.

(. . .)

— ¡Buenos días senpai! — La sonrisa resplandeciente de Obito iluminó toda la recepción del manicomio; incluso podía contagiarle su felicidad a unas personas que estaban en la área de espera.

Ese día se sentía diferente, más alegre y por alguna razón, sentía una carga menos en su corazón; era como un nuevo hombre, y se notaba perfectamente en el brillo de sus ojos.

— Te ves de buen humor, Hm — Mencionó el rubio apartando su mirada de unos papeles que tenía en sus manos. — Muy diferente al Obito de ayer.

— Bueno... Creo que ayer solté todo mi estrés con esos tontos periodistas — Explicó.

— Ya veo... — El Kamiruzu dirigió otra vez su mirada a los papeles, sus ojos celestes estaban un tanto apagados y sus labios creaban una pequeña mueca hacia abajo.

— Senpai ¿Está bien? — Obito se dio cuenta de la actitud extraña de su compañero, en un abrir y cerrar de ojos sintió preocupación hacia él.

Genial, ahora el Uchiha estará tras de él todo el día hasta que Deidara le dé una buena explicación.

— ¿Por qué no debería estarlo? — Contestó con otra pregunta mientras comenzaba a caminar hacia las gradas, necesitaba ir al segundo nivel para comenzar su rutina diaria.

Claramente, el azabache no se quedó atrás.

— Seeeenpaaaaai — Dijo con un tono chillón caminando atrás de su compañero.

Deidara frunció el ceño al escuchar eso, no estaba de buen humor como para soportar ese tono de voz; incluso tenía un tic en una de sus cejas.

Se dio media vuelta y antes de que Obito se diera cuenta; el rubio ya estaba apretando fuertemente su nariz, siendo imposible para el Uchiha respirar correctamente.

— Hm ¿No tienes que ir a trabajar, tarado? — Observaba de forma molesta al azabache, quien sólo sonrió divertido al ver lo rápido que se irritaba el rubio.

— Pero- — Sin intención su voz sonaba aguda; todo gracias a que el Kamiruzu apretaba muy fuerte su nariz.

Obito podía jurar que llegó al infierno en el momento en que Deidara, lo apretó más fuerte.

— ¡Au!

— Nada de peros, tampoco te quejes, no lo estoy haciendo duro.

No lo estoy haciendo duro. Si claro, buen chiste Deidara.

— ¡Pero senpai...! — Hizo una pequeña pausa para tomar aire con su boca. —  Trabajo en el cuarto piso, así que podemos hablar mientras usted llega al segundo.

— ¡No! También tienes que trabajar en el primer piso, con... Naruto ¿No es así? — Obito se quedó en silencio, no encuentra otra forma de convencer a su senpai. — Así que, se un buen chico y quédate aquí, hm.

Paciente 325 | KakaObiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora