Obito observaba desde el marco de la puerta su antiguo salón, la nostalgia lo invadió por completo, pero no de una manera positiva, sino que todo lo contrario. Detestaba ver ese lugar, esa habitación de cuatro paredes sólo era un cajón de malos recuerdos.
—Vaya, ya llegó el "genio" del salón —comentó un chico al notar que Obito se sentó en su lugar—. ¿En serio eres inteligente o tu familia sólo le da cheques a los profesores?
Obito soltó un suspiro desde el marco de la puerta, en ese tiempo ya era casi una rutina recibir esa clase de comentarios. Ningún estúpido niño de ese salón sabía lo que tenía que pasar para tener una buena calificación.
No sólo pasaba tardes estudiando, también en la madrugada. Tiene que admitir algo, desde que era un niño el tema de los estudios no se le daba muy bien, no aprendía tan rápido como sus compañeros, debía darse más tiempo para comprender a la perfección algún tema, porque no es un genio y nunca lo será.
Pero cuando empezó a vivir con su tío, todo eso no importaba, a Madara no le importaba.
Obito debía esforzarse más que un estudiante promedio de su salón para lograr obtener el primer cuadro de honor, a cuenta de dejar a un lado lo que sería técnicamente su infancia y adolescencia.
Las tardes de diversión se esfumaban, las consolas eran intercambiadas por libros. Fueron pocas las veces en las que se filtraba en el cuarto de su tío para tomar sus videojuegos.
Fue una época de mucha presión, al menos para él, un chico bueno para nada, debía convertirse en el alumno ejemplar de la noche a la mañana.
Pero nadie notaba ese esfuerzo, porque para ellos debía ser lo común.
Porque Obito era un Uchiha.
Desvió la mirada hacia el lado derecho del pasillo, no quería seguir viendo ni escuchando, sabe que no es bueno escapar del pasado, o ignorarlo. Pero ese cuento ya lo conoce a la perfección, repetirlo sería como si quisiera lastimarse a sí mismo.
—¿Viste que ya entró Obito? —preguntó una chica desde el lado izquierdo del pasillo, sin embargo el azabache sólo la ignoró.
—El Uchiha, ¿no? Que bueno que no me siento a su lado —respondió otra chica.
—No entiendo, ¿por qué se supone que nos alejamos de él? ¿Cuál es el problema con ser un Uchiha? —cuestionó una tercera chica.
—¿Acaso no lo sabes? —dijo la primera chica—. Ellos son muy serios, y fríos, mi mamá dice que no les importa las demás personas.
—Sí, además, ¿no recuerdas que se peleó con un niño en primaria? —preguntó la segunda chica—. Dios, él fácilmente podría ser un monstruo.
Obito tomó un buen poco de aire y se retiró del lugar, comenzando a vagar por los pasillos del colegio.
Monstruo. Era la palabra que más odiaba.
Lo trataban como uno cuando en realidad nunca se animaban a conocerlo, sólo se fijaban en lo que ellos querían y claro, muchos se aprovechaban de eso. Ya que muchas madres inculcan cosas negativas a sus hijos respecto a la familia Uchiha, Obito era un blanco fácil para discriminar.
Todos estaban en su contra.
Y siempre estaba solo.
Algunos lo envidiaban, otros lo hacían de menos, infravalorando sus logros diciendo que sólo los ganó gracias al dinero su familia.
Otros sentían odio por sus buenas notas.
Otros sentían miedo, de que Obito los manipulara de manera despiadada, de que Obito fuera capaz de herir sus emociones porque como cualquier otro Uchiha, "sólo piensa en sí mismo".
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Paciente 325 | KakaObi
Hayran KurguEl amor puede perpetrar pecados; pero también puede hacer que te arrepientas de ellos. Sabía que debía pararlo desde el inicio, pero me embriagaba ante el reflejo de su alma que pasaba en sus cristales rotos llenos de penumbra. Sabía que no era lo...
