Capítulo 22

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    Cassandra no respondía mis mensajes hace dos días, tampoco mis llamadas. Estaba desesperado porque no sabía qué significaba o cómo interpretar su silencio. Podrían ser muchas cosas, que lo que pasó en la playa le haya molestado hasta el punto de mandarme a la mierda. Se aburrió de mí, conoció a alguien, etc. No podía ser que se le haya perdido el móvil, aunque los mensajes no le llegaban y cuando la llamaba sonaba apagado. De haber sido ese el caso ella sabía dónde vivía, aunque yo también sabía que ella no me debía explicaciones, pero, aun así, se trataba de respeto, ¿no?

La puerta de mi despacho se abrió, era Amanda con una carpeta en su mano.

-Señor le recuerdo que hoy tenemos una cena con los nuevos inversionistas en el restaurant Silleto –la miré unos segundos, perdido.

—Cancélala, por favor —le pedí, abriendo mi computador.

—Señor la cena es muy importante, es una inversión grande con varios porcentajes de ganancia.

La miré suspirando, no podía dejar mi trabajo y proyectos importantes por una chica con la que me acostaba.

—Está bien, confirmame la hora por favor —le pedí, ella asintió indicándome la hora y dirección exacta. La anoté en mi móvil.

Cuando Amanda salió, giré en mi silla mirando la ciudad, perdido, casi angustiado. ¿Acaso tenía miedo de no ver a Cassandra nunca más? Abrí mi móvil y fui directo al contacto de Cassandra, lo miré tentado en presionarlo, pero no lo hice. Ya no la llamaría más, era hostigoso. Aunque estaba preocupado por ella. Sí, preocupado. Seguí el resto del día tratando de ocupar mi cabeza, pero siempre estaba ahí la misma pregunta, ¿qué habrá pasado? Durante el día solté varios suspiros, me frotaba la cara o daba vuelta por toda la estancia, ansioso. No podía creer que Cassandra tenía invadido todo mi ser. Jamás había roto las reglas de mi propio juego, pero por primera vez de verdad quería conocer a una mujer por completo, quería conocer a Cassandra.

Salí de la oficina junto con Amanda para ir a la cena de negocios, iba conduciendo con Amanda de copiloto, ella hablaba y hablaba mientras yo solo escuchaba murmullos a lo lejos. Entonces recordé algunas de las tantas cosas que me decía mi padre. Las mujeres son solo una distracción de lo que realmente importa. Muy en el fondo sabía que yo no quería ser de esa forma, tenía conductas incrustadas desde que era un niño. En el colegio jugaba con las niñas, me gustaba una y cuando mi padre lo notaba solo me decía que no me juntara con ella, siempre hacía lo mismo, por lo cual jamás había tenido una novia. Mi virginidad la había perdido en mi primera borrachera y había sido horrible. Terminé vomitando encima a la chica, eso fue cuando tenía 17 años. Después de eso no volví a tener sexo hasta entrar a la universidad, esta vez también en una fiesta, pero con control de mí mismo. Me hice amigo de ella, amigos íntimos y me enseñó demasiadas cosas. Sophie, se llamaba. Nuestra relación sexual terminó cuando conoció a su novio, no sabía si aún estarían juntos.

Dejé a Amanda fuera de su edificio, la seguí con la mirada hasta que se perdió por las puertas de él. Conduje hasta mi apartamento y a penas llegué me saqué los zapatos junto con las calcetas, me desabroché los primeros botones de mi camisa y me serví un trago para luego echarme en el sofá con mi laptop. Respondía correos, como otras cosas de la empresa.

Entonces una idea inundó mi mente. ¡¿Cómo podía ser tan idiota?!

Abrí el Facebook de la empresa y busqué a Cassandra, salieron varios perfiles, pero ninguna era de ella. Entonces abrí Instagram, también desde el perfil de la empresa, y nada. Nuevamente nada. No había nada de ella.

Recordé que sabía dónde estudiaba Sí que era un idiota. Me preocupaba más del por qué que en vez de ir a preguntar por ella, esperaba encontrarla. Y si me mandaba a la mierda directamente, lo aceptaría.

Secreta Adicción ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora