Capítulo 14

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         Me quedé embobado viéndola, me vio a la distancia y se acercó con una sonrisa seductora en la cara. No me cansaba de repetirme que ella sabía lo guapa que era, lo consciente que estaba de la belleza que poseía. Su piel se veía brillante, suave y cálida. Su cabello caía como una cascada por sus hombros, sus pestañas crespas se veían espesas de manera natural. Era hermosa. Y mi amante. Me levanté de mi asiento para ofrecerle la silla frente a mí, como buen caballero. ¿Cuándo yo me había molestado por hacer eso con alguna mujer? sin duda, jamás antes. Las palabras de Robert resonaron en mi cabeza nuevamente. Cassandra era diferente sin lugar a dudas. Me resultaba inquietante y a la vez fascinante.

—Buenas noches, Anciano —soltó una carcajada juguetona a penas se sentó. Al sentarme frente a ella pude ver un rubor sutil en sus mejillas como si mi acto de caballería la hubiera sorprendido, casi avergonzado o simplemente no lo esperaba. 

—No dejarás de llamarme Anciano, ¿verdad? pregunté con gracia mientras tomaba la lista del menú. Levanté la mirada y me encontré con sus ojos iluminados. Negó con la cabeza mordiéndose el labio.

—Es muy divertido ver tu reacción —dijo, tomando la lista para concentrarse en eso.

Negué con la cabeza y llamé al camarero. Cassandra pidió una ensalada  Capresse  mientras tanto yo pedí Carbonara más una botella de vino. Cuando el camarero se fue mi mirada se posó en la bella joven rebelde sentada frente a mí, quien me miraba con una expresión divertida mientras fruncía el ceño.

— ¿Qué te hace tanta gracia? —quise saber, frunciendo el ceño haciéndome el serio.

— ¿Por qué yo? —preguntó. Pero no entendí a lo que se refería. ¿Por qué ella qué?

—No entiendo...

— ¿Por qué me elegiste a mí para ser tu amante? —preguntó esta vez más seria, acomodando en su asiento echándose hacia atrás mientras sus manos se entrelazaban por encima de la mesa. Parecía un interrogatorio o algo por el estilo.

—La noche en la que te vi me pareciste una mujer con carácter, rebelde, y claro; tu altanería me puso —me encogí de hombros.

—Entonces te gusta que te lleven la contraria —entrecerró los ojos. Negué con la cabeza, acercándome a ella.

—No es eso —aclaré —. Me gusta que una mujer sepa lo que quiere. Como aceptar simplemente una relación sexual y nada más.

Asintió, llevándose el dedo índice a los labios entreabiertos y carnosos. Apreté mi mandíbula mientras sentía el bulto crecer en mis pantalones. Me dieron unas ganas intensas de follar aquella boquita.

—Quiero follarte justo ahora, en esta mesa —dije cerca de su rostro mirándola a los ojos. La imagen pasó por mi cabeza, pero era irreal, lejana.

— ¿Qué te lo impide? —preguntó socarrona. Cuando estaba dispuesto a responderle el camarero llegó con la botella de Vino y las dos copas. Haciendo que nos separáramos. Nos miramos divertidos como unos niños que acababan de hacer alguna travesura.

—Tenemos público cariño —Dije. Soltó una carcajada. Le agradecí al camarero y se marchó. Cassandra acercó su rostro al mío, seria, provocativa.

—Para eso están los baños —se mordió el labio inferior echándose hacia atrás, acomodándose en la silla nuevamente. Sonreí divertido. No tardaría mucho en caer en esa tentación. Serví el vino en cada copa mirándola. La verdad era que no podía dejar de mirarla. Era preciosa y ardiente, la mezcla perfecta. Cassandra me estaba volviendo loco y yo no quería dejar aquella locura. Ya era adicto a ella, a su sabor, a su piel, a su aroma. A toda ella simplemente.

Secreta Adicción ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora