Capítulo 1

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Salí de la oficina acomodándome la corbata. El trabajo me había dejado totalmente agotado, lo único que quería era llegar a casa, para darme un buen baño de espuma.

Amara, mi secretaria y con quien solía follar de vez en cuando, se encontraba en su escritorio. Levantó su mirada, encontrándose con la mía.

No podía negar que era guapa, tenía unas caderas grandes, una cintura pequeña, un buen trasero, cabello rubio, ojos verdes, y labios que sabía cómo ocuparlos. Pero no quería nada más que sólo un acuerdo sexual. Yo jamás involucraba sentimientos con alguna persona. Eran las reglas del juego.

—Que tenga linda noche, señor Ainsworth —su voz chillona se hizo presente antes de que entrara al ascensor. Me despedí de ella con la mirada.

Era casi el último en salir del edificio, mi edificio. Lo que yo había construido con esfuerzo, lo que yo llevé a la sima.

Odiaba manejar, lo odiaba tanto. Al menos a la hora que yo solía salir de trabajo no pillaba algún taco.

Mi móvil sonó en la otra asiento, lo cogí y miré la pantalla.
Rossie.

Una chica con quien también había hecho un acuerdo, hasta que dijo que estaba enamorada de mí, y todo se fue a la mierda. Tuve que cortar todo contacto con ella. Dejé que sonara, y sólo me dediqué a mirar la carretera.

A lo lejos, pude ver a una moto estacionada, y una chica parada a su lado vestida de cuero negro.

No podía negar que paré solamente porque me pareció sexy.

— ¿Necesitas ayuda? —pregunté bajando la ventanilla.

—Estoy bien —Su voz era gélida.

No me importó su repuesta, me bajé del auto de todos modos. Aquella chica llevaba una coleta muy bien hecha, era alta, de cabello castaño oscuro, delgada. La ropa de cuero me decía quién era ella, y lo que veía me gustaba.

—Yo veo que necesitas ayuda —insistí.

Ella se dio media vuelta y me miró a los ojos. Eran de un color miel, con un fino delineado negro. fríos e inexpresivos.

—Te he dicho que estoy bien, no necesito tu ayuda —respondió fríamente.

Me sorprendió su manera de reaccionar al verme, ni siquiera se dio el descaro de mirar algo más que mis ojos.
Las demás chicas llegaban a voltearse cuando pasaba por su lado, pero ella no, siguió en lo suyo, en su moto roja.

—Sólo quería ser amable —volví a abrir la boca. Pero ella no me prestó atención alguna. Su moto sonó, y nuevamente se giró hacia a mí.

Se colocó el casco que descansaba en su moto, la cual aún sonaba el motor.

—Gracias de todas maneras, anciano —dijo, para subirse a su moto e irse.

¿Anciano? ¿Ella me había llamado Anciano?

No le daba más de veinticinco años, y yo no tenía más de treinta y seis. ¡No era un anciano!

La seguí con la mirada, noté que se le había caído algo.

Me acerqué hasta llegar a él, y vi que era un Carnet de identidad.

Lo cogí, y leí su nombre.

Cassandra Circe.

Tenía algo que le pertenecía a esa chica rebelde, falta de educación y respeto.
Pero lo altanera que tenía, me ponía duro.

Subí a mi auto decidido en llegar a casa, e investigar sobre ella.

Secreta Adicción ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora