No veía la hora de salir de la oficina para irme ya. Necesitaba a Cassandra, necesitaba estar cerca de ella. Sí, me había vuelto adicto a todo su ser. Cuando por fin marcó la hora salí de la oficina tan rápido que no me despedí de nadie, al llegar a mi auto saqué mi móvil para escribirle un mensaje a ella.
«¿Dónde nos vemos?»
Quería saber donde vivía, pero dado las reglas y lo que se empeñaba en que no supiera nada de ella lo veía difícil. Cassandra era difícil. Lograba mantenerme tenso y exhausto en ese tema, pues, de verdad no tenía ningún problema con que ella me mostrara de su interés. Pues yo le estaba llevando a una casa que tenía un valor sentimental para mí, de cierta forma. Admitir que quería que una mujer me conociera más allá del sexo no me hacía menos masculino ni mucho menos, como solía pensar y decir mi padre. Pues todos sus traumas de un hombre despechado me lo había pegado a mí, creía que esa manera de crianza tan fría la tendría por siempre, pero, con Cassandra me nacía hacer cosas distintas. Sí, estaba perdiendo mi propio juego, pero, había que tener en claro que las reglas esta vez la puso otra persona, no yo. Estaba cayendo en las redes de Cassandra y lo peor era, que parecía no querer salir.
«Nos vemos fuera de tu edificio en media hora»
Conduje hasta mi depto para poder cambiarme ropa y bajar la maleta. Me puse unos jeans oscuros y una blusa para salir y dejar cerrado con llave. Al llegar abajo la veo apoyada en mi auto mientras sujeta su maleta negra mediana. Se ve demasiado juvenil y hermosa que me quedo parado admirándola. Ella es la mujer más hermosa que jamás antes había visto, y era mía (Eso creía y quería). Llevaba un vestido negro hasta las rodillas que se apegaba a su cintura diminuta pero caía hacia abajo suelto. Encima llevaba un chaleco largo del mismo color, más unas chalas cafés bien bonitas. Me acerqué a ella y le di un beso en los labios para tomar su maleta, pero me vi interrumpido cuando me tomó con ambas manos mi rostro y me besó necesitada. Aquel gesto me descompuso. Le dediqué media sonrisa para echar las maletas en el maletero y subirme al carro. Me puse mis lentes y arranqué, pues quedaban largas horas de camino a la playa. Bien pudimos irnos en avión, así llegaríamos más rápido, pero algo ese día me decía que mejor conducir.
—¿Qué tal tu semana? —me nació preguntarle, ya que estábamos sumidos en un silencio profundo. Aunque no éramos muy comunicativos cuando estábamos juntos, nos manteníamos ocupados en otras cosas... pero mientras manejaba no quería sentir ese sentimiento de su compañía lejana, distante y apartada, sobre todo desinteresada.
—Agotadora —respondió sin darme detalles, aunque en realidad no esperaba que me diera más. Sabía que todo lo que salía de su boca era lo justo y necesario. Se las ingeniaba para no sacar nada de su vida privada. Eso me hacía preguntarme por qué, qué ocultaba. Porque estaba claro que ocultaba algo con mucha dedicación —. ¿Y la tuya?
Me miró con el ceño fruncido por leves segundos antes de girar la cabeza y volver a mirar por la ventana. Puse mi mano en su muslo, entonces volvió a mirarme entreabriendo los labios.
—Juro que pararía el auto y te haría mía ahora mismo —dije con la voz ronca sin desviar mi mirada del camino. No podía distraerme,pero, la piel de ella era tan suave que me vi tentado. Aún no así no me quedé atrás. Acaricié la suave piel de su muslo, luego subí lentamente a la parte interna de ellos. La oí soltar un suspiro. Se dejó caer en el asiento cerrando los ojos.
—Detén el auto —dijo, lo que me pareció más una orden que otra cosa. La miré sin entender —. Detén el auto en un estacionamiento.
Retiré mi mano de allí y conduje en busca de un Mall ,pues quería estacionar en un subterráneo. Cuando lo hice, Cassandra soltó su cinturón y yo el mío, entonces, se lanzó a mis labios como una fiera. Se sentó en mi regazo sin abandonar mis labios, comenzó a moverse de atrás hacia adelante rozando nuestras partes íntimas. Joder, mierda, quería explotar. Mi manos fueron a su cintura para ayudarla a acelerar sus movimientos. Estábamos teniendo sexo con ropa, pero yo no aguantaba más y al parecer tampoco ella.
—Te necesito dentro de mí, Adrien —jadeó en mi boca. Sus manos bajaron lentamente por mi torso hasta llegar al cierre de mi pantalón. Lo bajó de manera lenta, su mano se perdió dentro de mi bóxer y liberó mi erección, se levantó el vestido e hizo a un lado su ropa interior con la mano para bajar por mi sexo. Cerró los ojos dejando caer su cabeza hacia atrás soltando un gemido de satisfacción y alivio. Mi mano izquierda se hizo puño en su cabello atrayéndola a mi boca. Necesitaba el sabor de sus labios, ese néctar tan adictivo que solo ella poseía y quería saborear por siempre.
Después de aquel polvo,lo cual fue completamente nuevo para mí- nos sumimos en un ambiente más relajado. Puse música y así nos centramos en el viaje.
—¿Crees que alguien nos haya visto? —quise saber, mirándola de reojo. Sonrió coqueta.
—Pues de ser así se llevó un gran espectáculo, ¿No crees? —me guiño un ojo. Solté una carcajada y mantuve mi sonrisa por largos segundos.
El camino de había hecho más corto, solo fueron tres horas. Me estacioné afuera ya que era una casa apartada muy cerca de la playa, a decir verdad estaba frente a esta, a unos metros del agua. La casa era de un color caoba, bastante hogareña, pero demasiado grande. Sin segundo piso, pues, no la quería así cuando la mandé a construir. Toda la casa era de manera, dándole ese toque rústico que tanto me gustaba. Las escaleras eran de piedra, de un montón de piedras juntas. Dentro se podía admirar la claridez de la luz y el ambiente cálido. Las cortinas de los ventanales del patio trasero eranblas, al igual que las ventanas. Lo sofás eran de color azul marino y la bella alfombra donde quería hacerlo con Cassandra era de color café oscuro. Los muebles eran todos oscuros y un gran televisor estaba en la sala de estar frente a los sofás. La cocina era bastante amplia, los taburetes eran de color café con blanco. Había decidido en poner cuadros en algunas partes de la casa donde se podía apreciar distintas ciudades en blanco y negro.
—Bonita casa —dijo Cassandra mirando a todas direcciones. Su móvil comenzó a sonar y lo sacó del bolsillo de su chaleco. Miró la pantalla y frunció el ceño —. Debo responder esta llamada.
Asentí con la cabeza desviando la mirada.
—Dejaré las maletas en la habitación. Es la última por el pasillo de la derecha.
Asintió y salió por los ventanales hacia la playa la hablando por teléfono bastante calmada para la cara que había puesto. Solté un suspiro para luego caminar hacia la habitación con las dos maletas. Las dejé en el suelo mientras. Me senté en la cama, me quité las zapatillas y me cambié el jeans por un pantalón de chándal, luego me recosté en la cama. Pasé mis brazos por detrás de mi cabeza para apoyarme en ellos y cerrar los ojos. Había sido agotador el día de trabajo, manejar y sobre todo el polvo que habíamos tenido en aquel estacionamiento. Escuché sus pasos acercarse. Entre Abrí los ojos para mirarla, pues tenía sueño y a ella se le veía agotada.
— ¿Estás cansado? —quiso saber mientras se quitaba su chaleco, las chalitas luego el vestido quedado en ropa interior roja. Le quedaba tan malditamente aquella ropa interior de encaje que estaba a punto de perder la cordura y hacerla mía en ese jodido instante. Se recostó a mi lado escondiendo su cara en la parte alta de mis costillas. Saqué una mano y le acaricié la cabeza con mis dedos. Tenía el cabello tan suave...
—He hecho contigo lo que jamás imaginé —dijo de pronto lo cual me sorprendió. Me acomodé en la cama mirándola.
—Quiero que cumplas todas tus fantasías conmigo, Cassandra.
Me acarició la mejilla sonriéndome.
—¿Qué nos estamos haciendo? —preguntó de pronto dejándome confundido. Quería preguntarle a qué se refería pero no me dejó hablar, pues, juntó su boca con la mía en un profundo e intenso beso.
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Secreta Adicción ©
RomanceAdrien Ainsworth es un hombre que se ha esforzado mucho para lograr sus objetivos, pero está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. No le importan los compromisos y es un hombre promiscuo, pero todo cambia cuando se cruza en el camino de Cassand...
