Capítulo 9

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Decidí quedar con Robert a desayunar para discutir sobre Cassandra y en la información tan privada que consistía su expediente. Estaba hecho un mar de preguntas e intriga por saber de ella, por saber de su vida. Tenía una fachada de ser una profesional en ocultar sus cosas que me inquietaba. Jamás antes me había sentido tan inseguro, pero aún así necesitaba de ella, joder que lo necesitaba. Cassandra ponía mi mundo al revés, física y psicológicamente. Tenía un sabor amargo en la garganta y no se fue hasta que me senté frente a mi amigo. Quería ver aquel expediente con mis propios ojos.

—Ya te he dicho que lo demás es confidencial —volvió aclararme mientras dejaba la carpeta café frente a mí. Lo miré unos cuantos segundos a los ojos y luego bajé la mirada a la capeta. No tenía más de tres hojas, lo cual era rarísimo. La abrí y en la primera hola solo salía su nombre, lo leí completo cosa que a Robert se le había pasado por alto.

Cassandra Rousse V. Circe

¿V? ¿Por qué su esa V estaba con un punto y no salía completo? ¿Qué significaba la V?

—Ah, se me había olvidado discutir esto, pero no he podido averiguar qué significa su V. Y el porqué solo en su carnet de identidad usa solamente el apellido Circe. Pero algo sé es que mayormente hacen eso con las personas que ingresan a protección de testigos o que están metidos en algo grande —su voz sonó lejana, como si estuviera pensando. Lo miré por algunos segundos para pasar página. Se leía «Sin registros familiares» fruncí el ceño porque eso era rarísimo. Lo único que se me venía a la cabeza era que fue adoptada, pero, de ser ese el caso...

—Sí Cassandra hubiera sido adoptada ¿no tendrían que salir los registros de su familia adoptiva? —quise saber con el cejo fruncido. Me mataba la curiosidad.

—De ser así, deberían salir. Pongámonos en el caso de que pasó por varios hogares adoptivos, cada nombre de cada persona con la que convivió debería salir allí. Pero no hay nada. Es como si alguien hubiera borrado cada rastro de su existencia pasada para crear una nueva identidad. Es más, ni siquiera estoy seguro de si ese es su nombre verdadero.

Tragué saliva sintiendo un sudor frío pasar por toda mi espalda.

—Parece un expediente de una identidad nueva, si quieres que te lo diga —se recostó en el asiento con una cara de afligido. Más afligido me sentía yo

— ¿Alguien puede hacer eso? —pregunté con un nudo en la garganta.

—Alguien muy importante o con mucho poder puede hacerlo —entrelazó sus dedos por encima de la mesa, pensativo. Sino conociera a Robert diría que no era tan Bueno como para obtener toda la información sobre una persona. Pero no conocía a nadie mejor que él, le creía absolutamente y tenía toda mi confianza —. ¿Quieres que la sigan? —me preguntó. A simple oída parecía una idea descabellada, pero tendría sentido en un caso desesperado como el mío. Pero estaría violando su confianza, su privacidad. Entonces me pregunté «¿Con qué derecho?» no éramos nada como para inmiscuirme en su vida privada. Debía creer en su palabra que no estaba con nadie más y con eso bastaba. No debía importarme nada más, sin embargo, ahí estaba todo, importándome su vida, la persona que era realmente. No entendía o no sabía bien a qué se debía ese interés, si era porque me gustaba o porque una parte de mi sentía cierto tipo de nivel paranoico. Era la primera mujer que no conocía y me relacionaba. Tu información al principio fue suficiente para llegar hasta ella, pero ya la tenía, ya era mi amante.

—No, no quiero eso —dije seguro. Yo sabía que Cassandra no era una mujer tonta, se daría cuenta y así perdería a la mejor amante que había tenido. Se me vino a la cabeza el dicho de "la curiosidad mató al gato" pero no estaba seguro si quería morir sabiendo o vivir disfrutando de ella. Investigarla sería romper las reglas de mi propio juego y no estaba listo para dar aquel paso. Menos si estaba consciente de que las únicas intenciones de Cassandra hacia a mí solo era sexo. Debía mantener aquel pensamiento lujurioso para no cruzar esa línea, la línea que yo había dibujado con mis intenciones carnales y nada más.

— ¿Entonces qué harás? —mostró su interés —. No sabes quién es y si realmente conocerla fue una coincidencia o te hizo creer que lo fue —cada una de sus palabras estaban causando más inseguridad en mí, haciendo que los pensamientos que mi padre que me hacía saber todo el tiempo, se hicieran presentes en todo mi sistema. Sentí recorrer ese escalofrío de inseguridad por toda mi espalda.

—Haré que ella me diga quién es realmente —solté sin más con la mirada perdida en la calle.

— ¿Que piensas hacer? ¿Enamorarla? —soltó una carcajada incrédula —. No tiene pinta de ser enamoradiza, más si es así de reservada y con sus objetivos claros. Cuando ella ya se vaya tú recién vendrás.

—A veces se me olvida que mi padre se encargó de hacerte saber esos pensamientos desconfiados hacia el sexo opuesto —escupí.

—No eres el único a quien dejó con ese trauma. La mujer es la perdición de todo hombre así como tu madre fue la de él —se volvió a dejar caer en el respaldo, mirándome, analizándome ante la mención de mi madre —. Tal vez solo quiera sexo y ya y nos estamos haciendo todo este drama. Es una joven universitaria con dinero. Quizá ella es la que desconfía de los demás porque piensa que le robarán, o que la tomarán por ingenua.

—Si algo sé de Cassandra, es que ingenua no es.

Secreta Adicción ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora