Entré a mi departamento y tiré mi saco al sofá, quería descansar por lo cual decidí irme directamente a la cama pero cuando crucé el umbral aquella joven rebelde me estaba esperando en mi cama con nada más que un conjunto de encaje negro que me hizo parar en seco, no reaccioné, solo me le quedé mirándola sorprendido, caliente, excitado. Cuando salí de mi trance caí en cuenta de un hecho.
— ¿Cómo entraste? —quise saber, totalmente interesado —. Hay una seguridad inmensa en este edificio.
—Tengo mis trucos —se levantó de la cama y caminó hacia a mí seductoramente, Claro que ella estaba consciente de su atractivo, de lo que provocaba en los hombres, en mí. Pasó sus manos por mi torso y acercó sus labios a los míos. Ahí, en el contacto, olvidé todo lo demás a excepción de los pendientes.
—Te he traído algo. No cuenta como cursilería, pero me gusta cortejar a mis amantes —Cassandra miró solamente mis ojos sin expresión alguna. Saqué la caja y la abrí dejando ver los pendientes carísimos que le había comprado.
—No necesito que me regales cosas, no soy de esas chicas —su tono de voz fue desinteresado total. Solo miró de reojo los pendientes. Al parecer, tampoco estaba conmigo por mi dinero o por las cosas que podía darle siendo mi amante. No mordió el anzuelo que me llevaría a descifrar un poco más.
—Son bastante costosos —traté de ver alguna reacción en ella pero no vi nada.
—Puedo comprármelos yo sola — cerró la caja y los metió en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta. Me hizo sonreír. Definitivamente era indomable —. Lo único que necesito es a ti dentro de mí —mordió mi labio inferior y luego devoró mi boca. La llevé hasta la cama y la arrojé ahí mirándome lasciva mientras se recostaba yo me sacaba la camisa y desabrochaba mis pantalones. Quería estar dentro de ella ya, sentía una desesperación incontrolable por sentirla. Y cuando por fin lo hice me sentí en la gloria. La tenía gimiend bajo de mí, pero mis movimientos se vieron interrumpidos cuando me empujó con fuerza hacia un lado, entonces ella se ganó encima de mí con una sonrisa seductora, dándome a entender que la del control era ella. No sabía por qué eso me calentó muchísimo más, no dejaba que tomaran el control de la situación más cuando ya había comenzado, pero me sentía la presa de Cassandra y eso me prendió. Bajó con lentitud por mi sexo caliente, solté un jadeo. Quería llevar mis manos a sus caderas para acelerar aquellos provocativos, pero agarró mis manos poniéndolas sobre mi cabeza y comenzó a moverse más rápido. Me tenía. Yo estaba a su Merced. La vi gemir encima de mí mientras se movía. Estaba tan expectante a sus movimientos, tan centrado en ella y el placer que me cegué. Casi nos corrimos al mismo tiempo, entonces ella cayó a mi lado con la respiración acelerada mientras yo estaba tratando de controlar mi instinto y lanzarme otra vez.
—Te mueves demasiado bien —jamás había alagado a una mujer y aquellas palabras habían salido por inercia de mi boca. Me miró dedicándome una sonrisa altanera. Acercó su rostro al mío para besarme lentamente y pararse de la cama.
—Debo irme, ya es tarde y tengo clases mañana —comenzó a vestirse sin incomodarle mi mirada.
— ¿Vendrás mañana? —quise saber, pasando mis brazos por detrás de mi cabeza para apoyarme en ellos.
—Salgo a las cuatro y cuarto. ¿No trabajas mañana? —me miró con el ceño fruncido.
—Puedo hacer el trabajo desde mi casa —le hice saber con una sonrisa presumida. Puso sus ojos en blanco.
—Se me olvida que eres un vejestorio dueño de una empresa —lo dijo con tanto desinterés que me sorprendió.
— ¿No te importa en absoluto? —pregunté, entonces me miró sin ninguna expresión alguna.
—Mi instinto me dice que tienes unas paranoicas opiniones infundadas por alguien más respecto a las mujeres —apreté mi mandíbula. ¿Cómo carajo era eso posible si jamás peguntaba algo con relación a mí? —. Pero no, Adrien. No me importa tu dinero. Te recuerdo que fuiste tú quien me ofreció esto y yo accedí. Dejémoslo así.
Me levanté de la cama para atraerla hacia a mí, no quería demostrar debilidad ni qué había dado justo en el clavo. Puse mi mano derecha en su cintura y apegué mi boca mi boca a la de ella. Siguió el ritmo del beso con costumbre, apasionada. Se separó de mí y me miró a los ojos a la misma vez que pasaba su lengua por su labio inferior. Mi mirada siguió aquel movimiento como un buen espectador.
—Nos vemos mañana, estaré aquí a las cinco y media —se dio media vuelta y la seguí con la mirada hasta que escuché el sonido de la puerta cerrarse.
Me fui a la ducha con mil preguntas más de las que ya me había hecho con respecto a Cassandra.
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Secreta Adicción ©
RomanceAdrien Ainsworth es un hombre que se ha esforzado mucho para lograr sus objetivos, pero está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. No le importan los compromisos y es un hombre promiscuo, pero todo cambia cuando se cruza en el camino de Cassand...
