El timbre sonó, miré la hora y era media hora antes de la hora de llegada de Cassandra. Me acerqué a la puerta y la abrí sin siquiera mirar, pero no era ella. Era Rossie. Se veía tensa, nerviosa y ansiosa. Vestía con una falda negra y una blusa del mismo color. Su cabello rojo caía por sus hombros, su rostro estaba lleno de pecas y sus ojos azules tenían un brillo peculiar. Era bella, pero no tenía comparación con Cassandra. Rossie era hostigosa y hasta una obsesionada. Me tenía cabreado.
—Adrien —murmuró mi nombre, pero no me provocó nada más que una incomodidad inexplicable.
—Rossie, te pido que te vayas —fue lo más educado y controlado posible. Pero quería echarla de ahí de una jodida vez, y así me dejare en paz. Debía seguir con su vida y que entendiera de una jodida vez que yo debía seguir con la mía. Maldije el día que decidí acostarme con ella. Era un chicle en el zapato.
— Porque llegará tu otra amante, ¿no es así? —escupió dando un paso amenazadoramente hacia a mí —. Ella solo quiere tu dinero —exclamó, con el rostro afligido. Solté una carcajada llena de gracia. ¿Cassandra querer mi dinero? No dejaba que le comprara ni un puto dulce. Esa mujer estaba forrada en dinero y aún no me explicaba el por qué. No conocía a ninguna familia ricachona con ese apellido y era demasiado joven para que fuera solamente de ella. Herencia, tal vez. Pero no lo creía. Quizá sí era una caza fortunas profesional, pero ella era demasiado independiente y reservada como para tragarme ese cuento. Solo me buscaba para sexo y luego se iba. Ella era la que me estaba utilizando a mí en el aspecto sexual, y eso me excitaba sobremanera. Era la mejor amante que había tenido en toda la vida, pero, su carácter me ponía de los nervios. Antes no le cedí el poder del control en el sexo a ninguna, solamente a ella porque me resultaba imposible siquiera manipularla. No lograba que soltara palabra y eso me intrigaba pero a la misma vez me inquietaba. No conocí a ninguna mujer igual, incluso era una impecable en ocultar sus emociones, no demostraba miedo ni inseguridades. Era una mujer fuerte y capaz, pero no la conocía de nada porque las preguntas estaban prohibidas entre nosotros, aunque a mí no me hubiera molestado que ella me hiciese, así tendría que pagarme con la misma moneda. Me pregunté entonces, si ella no hacía interrogaciones de mi vida porque no yo no le importaba o era porque se lo devolvería. Sin duda alguna era una mujer muy inteligente y tenaz. Me hacía perder el juicio. Me cegaba con su abrumadora esencia. Si bien al principio me había cautivado su cuerpo y su estilo, ya estaba fascinado por su cárter y su personalidad de chica rebelde. Me era imposible doblegarla.
Tomé el brazo de Rossie y la arrastré lo más lejos posible.
—Ya te lo dije, no te quiero en mi vida —le hice entender lo más amable posible. Pero estaba perdiendo la paciencia. Me dedicó una mirada asesina que no logró ni ponerme los pelos de gallina. Se me pasó por la cabeza que una mujer despechada haría cualquier cosa. Temía entonces que le hiciera algo a Cassandra. Pero no le vi capaz, aunque podría hacerlo si llegaba a obsesionarse más conmigo.
Me gané en el umbral de la puerta decidido en echarla nuevamente, pero su mirada se giró y yo la seguí. Cassandra se venía impecable con sus jeans ajustados claros, una blusa blanca y su chaqueta de cuero. Le vi el casco de la moto qué cara gana en su mano izquierda, mientas que por la espalda le colgaba una mochila. Era increíble como algunas veces me parecía una jovencita, y otras, una mujer adulta. Tenía esas facetas que me hacía pensar demasiado en su vida. Temí que Canssandra malinterpretara lo que había pasado, o lo que estaba pasando. Pero no la creí una mujer celosa ni posesiva. Sabía que me daría una patada en el culo y se buscaría otro. Yo no le importaba.
Rossie se acercó amenazadoramente hacia Cassandra, se ganó frente a ella, era más baja y más delgada, esa imagen me causó gracia. Cassandra igual era delgada, pero su cuerpo estaba bien trabajado.
—Aléjate de él o me cargaré de hundirte —le dijo entre dientes echando humo por las orejas. Solté un suspiro y me fijé en la expresión de Cassandra. Frunció el ceño pero parecía no intimidarle en nada —. Es mío.
Cassandra estaba demasiado seria que intimada. Dio dos pasos más adelante e hizo retroceder a Rossie. No dijo nada, solo la miró a los ojos. Vi como el pequeño cuerpo de mi acosadora tembló de rabia a no causar la intimidación que quería. Soltó un gruñido y se fue. Cassandra miró sobre su hombro con el ceño fruncido. Me encantó que no cayera en sus intenciones. Se giró hacia a mí y pasó por mi lado.
—Vaya ex amantes locas que tienes —murmuró indiferente.
—La terminé hace tiempo, pero parece no aceptarlo, es demasiado hostigosa. De todos modos no tengo nada con ella —le expliqué.
—No me importa en absoluto —se tiró al sofá y cruzó las piernas. Estiró su brazo por el sofá. No pude ver nada en su rostro. ¿De verdad era tan indiferente a lo a mí me relacionaba? ¿O era así con el mundo?
—Solo quería aclarártelo —la miré con el ceño fruncido.
—No te he pedido explicaciones —se paró de su lugar y se acercó a mí. De verdad, sentí una punzada y apreté la mandíbula —. Lo único que me importa es, si vas a estar con otras mujeres solo que te cuides. No quiero contagiarme de algo.
Mi expresión se ensombreció. Su comentario me había molestado. No sabía si por llamarme un adicto al sexo irresponsable o porque de verdad le importaba una mierda que estuviera con otra mujer.
—No soy un irresponsable. Estoy limpio —dije cabreado. Tomé su muñeca y la levanté hasta mi rostro para verle las venas —. Y no he estado con ninguna otra mujer desde que fuiste mía.
Se acercó a mí con los ojos encendidos. Me mordió la barbilla y cerré los ojos. Me encantaba que hiciera eso. Me pasó la lengua por el cuello y llevó sus labios a mi oreja.
—Jamás fui tuya —murmuró. Aquellas palabras lograron encenderme, pero de furia. Rodeé su cintura con mi brazo y la apegué a mí de manera posesiva.
— ¿De quién eres, entonces? —quise saber. Le vi una expresión tan indiferente que me estaba molestando. A caso, ¿de verdad estaba con otro como imaginaba?
—No soy de nadie —murmuró, alejándose. La vi caminar hasta el sofá y temí que se fuera por mi comportamiento inmaduro. Claro que no era mía, pero así quería que lo fuera. Al menos, su respuesta me había relajado un poco. Se sacó la chaqueta de cuero y la arrojó al sofá, luego se sacó las botas junto con sus calcetines y los metió dentro de cada una. Se sacó la blusa y vi su sujetador negro de encaje —. Si te deja más tranquilo anciano, no he estado con nadie más desde que te conozco. A pesar de que sea una relación sexual, la respeto.
No dije ni hice nada. Logró por tranquilizarme. A pesar de que se aúna relación sexual... eso me había dado otra punzada, no sabía exactamente por qué. Pero la ignoré. Se paró y caminó hasta a mí cautelosa y sensual. Pasó las palmas de sus manos por encima de mi camisa hasta mis hombros, donde me rodeó el cuello con sus brazos y acercó su rostro al mío.
—Esto no es nada más que un juego —murmuró en mi oído.
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Secreta Adicción ©
RomansAdrien Ainsworth es un hombre que se ha esforzado mucho para lograr sus objetivos, pero está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. No le importan los compromisos y es un hombre promiscuo, pero todo cambia cuando se cruza en el camino de Cassand...
