Se llevó la copa a los labios y yo seguí el movimiento con mi mirada. La idea que me inundó en aquel momento me sorprendió, pero más lo hizo la sensación agradable de lo que sería estar allí con ella, tenerla solamente para mí varios Días.
— ¿Haces algo este fin de semana? —quise saber indiferente llevándome la copa a los labios. Me miró con el ceño fruncido y una mueca, como si estuviera recordando algo.
—La verdad es que no —dijo, poniendo un cabello rebelde tras su oreja.
—Podríamos irnos todo el fin de semana a la playa, tengo una casa allí —le hice saber llevándome el tenedor con comida a la boca. Pareció pensarlo.
—Tengo que estudiar —Hizo una mueca de flojera.
—Puedes traer tus cosas y puedes estudiar allá, yo haría mi trabajo desde la computadora —propuse. No me importaba si se pasaba casi todo el día estudiando, la quería sola para mí.
—De acuerdo —aceptó con una sonrisa,terminando lo que le quedaba de su plato, al igual que yo. Solo nos quedaba un poco de vino en nuestras copas y en botella.
— ¿Y qué estudias? —quise saber. Entrecerró los ojos echándose hacia atrás.
—Finanzas —dijo tajante. Bebiendo de su copa.
—Interesante —dije indiferente, pero me gustaba que soltara un poco de ella —. ¿Te la pagan?
—Estudio con beca —dijo —. ¿No crees que estás rompiendo las reglas?
La miré con el ceño fruncido.
—Quería saber un poco de ti —me encogí de hombros y ella asintió con la cabeza. Era extremadamente reservada —. Tú puedes hacer las preguntas que desees, yo responderé sin ningún problema.
Soltó un carcajada amarga. puso sus codos encima de la mesa y se inclinó hacia a mí, seria.
— ¿Crees que no sé lo que tratas de hacer? — La miré —. Jugarás con la misma carta después.
Negué con la cabeza sonriendo. Sí que era muy lista. Recordé la vez que pensé algo así sobre ella. Tenía razón. Cassandra era muy lista, sí. De eso no había dudas. Llamé al camarero para pagar la cuenta, pero Cassandra se me había adelantado pagándola ella. Me miró con superioridad y una sonrisa que demostraba su triunfo. Mientras tanto yo la miré fastidiando. Jamás antes una mujer con la que había salido se adelantó ni se molestó en pagar la cuenta. Fue una sensación nueva para mí. Me quedó claro que a Cassandra no había que tratarla como una princesa, ella era una Reina.
—Ya es tarde —me sacó de mis pensamientos. Levantándose de su asiento, me miró por encima del hombro y caminó hacia la salida seguida de mí. Fuera esperaba un auto negro con vidrios polarizados. Se giró hacia a mí din expresión alguna. Mientras tanto yo me tragué toda la confusión sin demostrar nada. Metí mis manos a mis bolsillos mirándola. Se acercó a mí tanto que pude oler sub exquisito aroma —. Fue una noche agradable —dijo con tono suave. Me besó en la comisura de los labios lentamente, provocándome —. Nos vemos.
Sin más se subió al auto, dejándome totalmente confundido. Esperé ahí parado hasta que el auto partió. Se pasó una idea descabellada por la cabeza de seguirla y descubrir algo de ella. Me llevé los dedos al puente de mi nariz. Ella tenía su vida y yo la mía. Debía respetar eso. Aunque su misterio me mantenía ahí, atrapado, inquieto pero a la vez fascinando. Era tan distinta.
Manejé distraído a casa y varias veces frené de golpe para no chocar con los demás autos. Cassandra no salía de mi cabeza, ni mucho menos el auto en el que se había ido. Una muchacha como ella pasaba desapercibida en el mundo. Llamaba la atención de los hombres por su belleza, pero nadie sospecharía que era alguien importante, como yo lo hacía.
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Secreta Adicción ©
RomanceAdrien Ainsworth es un hombre que se ha esforzado mucho para lograr sus objetivos, pero está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. No le importan los compromisos y es un hombre promiscuo, pero todo cambia cuando se cruza en el camino de Cassand...
