No supe cuánto caminé por la orilla de la playa, solo sabía que había sido bastante, más de una hora. Decidí volver a la casa caminando con las manos en los bolsillos, pensando en ella. En lo complicado que se había vuelto todo. Pero caí en cuenta que yo solo estaba complicándolo.
Cuando llegué a la casa, estaba en todo en silencio. Por un momento me inquieté y pasó por mi cabeza que Cassandra se había ido. Pero cuando fui a la habitación ella estaba ahí, abrazando a una almohada, con unas bragas negras y una sudadera del mismo color. Su cabello estaba suelto por las sábanas. Se veía tranquila, serena. Ni un hombre se imaginaba que ella era tan reservada, tan de carácter. A todos les debía parecer una mujer difícil de conquistar. Y yo estaba en esa lista.
Me saqué el short junto con las sandalias y me acosté a su lado. Tras unos segundos pensando mientras miraba al techo decidí abrazarla por la espalda para pegarla a mí. Esa noche, aun así de cerca la sentí más lejana que nunca. Aunque yo sabía que siempre había distancia entre nosotros, un gran abismo... me preguntaba si llegaría a ella realmente un día.
Me costó quedarme dormido, pues no sabía cómo serían las cosas al amanecer. Se me pasó por la cabeza que quizá ella ya se estaba aburriendo de mí, y de ser así no sabía cómo iba a reaccionar si daba el primer paso a dejarme. Me gustaba demasiado o algo más que no estaba aceptando del todo aún, me asustaba.
Me levanté antes de que despertara para hacer el desayuno. Tenía la cabeza un lío y no quería darle tantas vueltas al asunto, tenía que aceptar lo que fuera que pasaba por la cabeza de Cassandra. Aun así, si eso significaba que me dejaría... o qué pensaba en hacerlo.
No me estaba dando cuenta que dejaba de ser el hombre que mi padre un día crió. Ya era mayorcito para saber quién quería ser, y ya estaba aburrido de la vida que llevaba. Necesitaba algo nuevo... y eso nuevo, era un desafío; Cassandra.
Me había enamorado de ella. Demasiado pronto para mi propio bien estar.
Saqué la bandeja para llevarle el desayuno a la cama, la verdad, me sentía un poco inquieto, tímido. No sabía qué decirle.
—No hace falta que lleves el desayuno a la cama, podemos desayunar fuera, mirando el mar con este precioso sol, ¿No? —la miré callado y sorprendido. Sus mejillas estaban rosadas, su cabello un poco despeinado. Lo que más me impresionó fue la blusa que llevaba, era mía. Una sonrisa le iluminó el rostro antes de acercarse a mí y depositar un beso fugaz en mis labios —. Te debo una disculpa, por lo de anoche.
Y eso me terminó por matarme de la sorpresa. ¿Cassandra pidiendo disculpas? ¿Con una sonrisa arrepentida? ¿Quién era?
—No, soy yo el que te debe una disculpa... -hice una pausa. El rostro de Cassandra volvió a estar neutro—. Fui un entrometido, las reglas son las reglas. Así que...
Asintió, seria.
—Bueno olvidemos eso y vamos a desayunar. Que muero de hambre —tomó algunas cosas y las dejó en la mesita de afuera, yo estaba congelado en mi lugar... no estaba mal, sentía nervios, pero a la vez estaba muy contento.
Desayunamos tranquilos, cosa que me agradó. Pero fuimos interrumpidos por una llamada a Cassandra. Se disculpó y salió, para tener más privacidad. La vi con la mirada pegada en el mar, se veía muy quieta pero tensa, dura. La llamada duró alrededor de tres minutos. Se quedó parada ahí de brazos cruzados, parecía cansada, salí, ganándome detrás de ella. Quería saber qué le pasaba. Ella me preocupaba, pero sabía que no podía cruzar los límites que ella había puesto.
—Debo irme lo más rápido posible -dijo mirando hacia algún lugar de la habitación. En su mirada había una mezcla de cosas, entre molestia, tristeza y cansancio. Pero solo pude verlo algunos minutos. Su mirada volvió a hacer impenetrable.
Quería saber por qué se tenía que ir pero no podía, me sentía inútil, innecesario. Un maniquí, ignorante, quieto.
—Lamento arruinar nuestro fin de semana.
—No te disculpes, siempre habrá algo más importante. De igual manera podemos vernos...
—El martes, puedo el martes después de la universidad. Si es que no me sale con algún trabajo, ya sabes —soltó una sonrisa sincera y divertida, en modo de disculpa. Parecía una chica dulce y responsable cuando Cassandra era una roca fría.
Ordenamos nuestras cosas y el espacio, me sentía insatisfecho por el poco tiempo y sentía que no había avanzado nada en la relación, o con ella. Me seguía sintiendo detrás de la línea. Una línea difícil de cruzar, casi imposible, pero estaba empeñado en cruzarla, aunque fue ir de a poco. Cuando yo no era un hombre que iba de a poco eso estaba clarísimo.
Dejé a Cassadra fuera de un metro, tal como ella me lo había pedido. Era bastante discreta, me molestaba el hecho de que yo pensaba que no confiaba en mí como para decirme dónde vivía. No le iba a hacer nada. Cada día estaba más intrigado de saber de ella. Pero cada vez me sentía aún más lejos
Holaa! Este capítulo es solo un adelanto y hacerles saber que volveré a escribir y sobre todo terminar esta historia. Ha pasado bastante desde la última vez que subí algo. Estoy en la universidad, con terapia y trabajando. Por lo tanto no tengo tanto tiempo pero quiero volver, tengo toda la energía y motivación para hacerlo. Los quiero ver por aquí. 💖 Instagram personal: @jlquimerica
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Secreta Adicción ©
RomanceAdrien Ainsworth es un hombre que se ha esforzado mucho para lograr sus objetivos, pero está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. No le importan los compromisos y es un hombre promiscuo, pero todo cambia cuando se cruza en el camino de Cassand...
