Unexpected Attraction

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Giré la mirada y, para mi sorpresa, allí estaba Evans, el chico pelirrojo con quien había tenido un encuentro fugaz en la mañana. Me detuve en seco y lo observé acercarse con una sonrisa en los labios.

—¿Acaso me estás siguiendo? Sabes que eso se llama acoso, ¿no? Te puedo demandar —dije, con una sonrisa divertida en los labios.

Él soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza mientras se aproximaba.

—Sí... —levanté una ceja, aún sonriendo—. Digo, no, no te estoy acosando —continuó riendo—. Lo que pasa es que te vi por la ventana del bus. Te reconocí por tu camisa hipster, así que me bajé unos segundos después de ti, porque no te había pedido tu Facebook ni tu WhatsApp.

—Primero, no soy hipster, soy Fangirl. Segundo, podrías haber esperado hasta mañana. Y tercero... ¡claro que no! ¿Qué tal si eres un asesino o, peor, un secuestrador fanático de vampiros que brillan? ¡No, señor! —Al principio me puse seria, pero luego ambos empezamos a reírnos. Después de unos minutos, finalmente pudimos parar de reír.

—Mira, no he leído Harry Potter, pero he visto las películas lo suficiente como para saberme algunos diálogos. Y sé que en este instante quedaría bien ese que dice Ron: 'Necesitas ordenar tus prioridades'. —Ambos sonreímos, compartiendo un momento de conexión genuina.

—Así que ya te compraste una mochila nueva —dijo, señalando la mochila negra con el mapa del merodeador que llevaba en la espalda. Asentí sonriendo.

—Bonita —comentó, admirándola brevemente antes de cruzarse de brazos—. ¿Entonces, tu Facebook es...?

—Ah, perdón, es...

—Espera... —sacó su celular del bolsillo y abrió Facebook—. Listo, ahora sí —rodé los ojos, divertida.

—Rose... —comenzó a teclear.

—... punto Jota Aniston —volvió a teclear.

—¿Eres tú? —me mostró una foto que me había tomado a principios de año con mi mejor amiga.

—Sí —respondí. Envió la solicitud, y al instante mi teléfono vibró. Lo saqué y, al encenderlo, apareció la notificación: Evans Thompson quiere ser tu amigo. Toqué la palabra 'Aceptar'.

—Perfecto —vi cómo le daba clic a mi foto de perfil—. ¿Y quién es la que está contigo en la foto?

—Ah, no, otra vez la misma pregunta de siempre —pensé.

—Lily Luna James. Si te interesa, agrégala tú mismo, pero no seré la mensajera de nadie más —dije, mientras abría la reja y la dejaba entreabierta.

—¿Quién dijo que me interesaba ella? —preguntó, levantando la vista, confundido.

—Porque siempre es así. Vamos, ¿me vas a negar que no te parece bonita? —le sonreí con una mueca. Me molestaba que solo me usaran para llegar a Lily, pero a la vez, no podía negar que Evans parecía un buen chico.

—Bueno, no te lo niego, pero...

—¿Ves lo que digo? —le dediqué una sonrisa amable—. Está bien, si quieres que te ayude, lo haré. Pero si le haces daño, yo misma me encargaré de ti. —Lo miré con los brazos cruzados.

—Mira, entiendo por qué te comportas así. Yo también fui mensajero en su momento —soltó una leve risa—. Pero me gusta que, a pesar de decir que no al principio, de todas formas aceptaste ayudarme. Y si supiera que te veías tan tierna y linda cuando te enojas, hubiera dicho 'sí' desde el principio. —Sentí mis mejillas arder ante su comentario.

—Vamos, no juegues conmigo. Mírame, simplemente. Tengo 15 kilos de más y ojos pequeños que solo parecen grandes por los lentes. No juegues a ser amable conmigo —le dediqué una sonrisa burlona, esperando que se disculpara. Pero su sonrisa desapareció y su semblante se tornó serio.

—No puedo creer que pienses eso de ti. Una persona no es hermosa por su físico, sino por lo que tiene para dar a los demás —sus ojos mostraban calidez. Dio unos pasos hacia mí y tomó mis manos.

Sentí cómo sus manos sujetaban las mías y las apretaban. Mis mejillas ardieron con intensidad.

—Esta mañana, cuando te entregué tu libro y te miré a los ojos... —levanté la mirada y me quedé sumergida en su mar grisáceo—. Hace unas horas, cuando vi tus ojos, pude leerte fácilmente. Es una habilidad que aprendí de mi madre. Espero que, cuando nos conozcamos mejor, pueda demostrarte que mi intuición rara vez falla. Por eso, espero que me dejes ser alguien más en tu círculo cercano.

Mirarlo a los ojos se me hizo difícil mientras terminaba de hablar, pero aún así, mis mejillas seguían calientes.

—Rose... —me di cuenta de que estaba con un pie dentro de mi jardín.

—Gracias por ayudarme hoy —finalmente lo miré, y noté que estaba muy cerca de mi cara, por lo que me aparté instintivamente.

—Lo siento —se disculpó al darse cuenta de mi reacción—. Me tengo que ir... nos vemos mañana en la escuela. —Di unos pasos atrás, casi tropezando. Vi que hizo un ademán para ayudarme, pero negué con la cabeza, ya que logré equilibrarme. Me giré y corrí hacia la puerta. Antes de entrar, me volví por un instante y me despedí con la mano. Él sonrió divertido y me correspondió el gesto antes de girarse y cerrar la reja tras de sí. Abrí rápidamente la puerta y la cerré. Mi respiración se volvió más agitada. Miré por la ventana lateral y alcancé a ver su cabello pelirrojo mientras caminaba hacia la parada del bus.


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