Forgotten Promises and New Paths

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Después de semanas llenas de tensión, Rose finalmente había terminado sus exámenes finales. La sensación de alivio era inmensa, pero el agotamiento también comenzaba a hacer mella en ella. Todo lo que quería en ese momento era descansar, pero la vida parecía tener otros planes.

El fanfic de Harry Potter que había estado escribiendo en su tiempo libre se había convertido en un rotundo éxito. Los comentarios positivos inundaban su perfil en la plataforma donde publicaba, y los seguidores no dejaban de pedir más. Incluso había recibido mensajes de escritores reconocidos, felicitándola por su creatividad y habilidad para narrar. Su éxito no había pasado desapercibido. King's College London, una de las universidades más prestigiosas, se había contactado con ella, ofreciéndole una beca en Artes Liberales. Aunque al principio la idea la abrumaba, después de hablarlo con sus padres y reflexionar, decidió aceptar la oferta. Era una oportunidad única, un sueño que no podía dejar pasar.

Entre la emoción por la beca y la invitación al evento exclusivo de la Embajada de Corea en Londres, que sería una semana después de su graduación, Rose sentía que el futuro por fin se estaba abriendo ante ella. El boleto de tren ya había llegado, y la idea de viajar a Londres para conectarse con el mundo de la cultura coreana la llenaba de entusiasmo. Todo parecía ir de maravilla, salvo por un pequeño detalle que la inquietaba.

A pesar de los buenos momentos, Rose sentía una carga en el corazón. Quería compartir todas estas noticias emocionantes con alguien importante: Alexa. Hacía tiempo que ambas soñaban con asistir a King's College juntas, y ahora Rose tenía la oportunidad de contarle que ese sueño podría hacerse realidad. También quería hablarle del éxito de su fanfic y de los proyectos que se avecinaban. Sin embargo, cuando se acercó a Alexa en los pasillos para hablar, el encuentro no fue lo que esperaba. Alexa, sin siquiera darle tiempo de decir una palabra, la evitó y rodó los ojos con indiferencia. El corazón de Rose se hundió al ver esa reacción. Habían sido amigas durante tanto tiempo, pero algo entre ellas se estaba rompiendo.

Tratando de no dejar que el distanciamiento con Alexa la afectara demasiado, Rose trató de concentrarse en los próximos eventos. La competencia de Evans, que sería el viernes, estaba a la vuelta de la esquina, y ella quería estar allí para apoyarlo. A pesar de las incertidumbres en su relación, sabía que él estaba contando con su presencia, y eso era lo más importante en ese momento.

Mientras pensaba en todo lo que tenía por delante, Takeshi, su mejor amigo, apareció a su lado con una sonrisa juguetona.

—Hey, Rose, no te olvides de la fiesta de graduación —dijo, mirándola con un brillo en los ojos—. Hace dos años me prometiste que iríamos juntos, ¿recuerdas?

Rose lo miró confundida al principio, tratando de recordar aquella promesa. Pero al ver la expresión divertida de Takeshi, se dio cuenta de que lo había olvidado por completo. La verdad era que ni siquiera había considerado que él la invitaría, asumiendo que seguramente iría con alguna chica que hubiera conocido. Ahora, frente a él, sentía una mezcla de sorpresa y culpa por no haberlo recordado antes.

—¡Oh, dios! Takeshi, lo había olvidado por completo —dijo Rose, riendo nerviosa—. Creí que ya habías invitado a alguien más.

Takeshi levantó una ceja, claramente disfrutando de la situación.

—¿Alguien más? Por favor, Rosie, sabes que nadie más se compara contigo.

Ella rodó los ojos, aunque no pudo evitar sonreír. Takeshi siempre había sido su apoyo incondicional, pero en los últimos tiempos, con todo lo que estaba sucediendo, había asumido que sus vidas tomarían caminos distintos. Entonces, la sonrisa de Rose se desvaneció cuando recordó un detalle importante.

—Takeshi... —empezó, mordiéndose el labio con nerviosismo—. Sobre la fiesta de graduación... ya no puedo ir contigo.

La expresión de Takeshi cambió por completo, pasando de una sonrisa relajada a una mirada de sorpresa y decepción.

—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó, claramente herido.

—Es que... —Rose vaciló, sintiendo cómo la culpa crecía en su pecho—. Ya hice planes con Evans. Compramos incluso su disfraz juntos hace un par de semanas. Lo siento tanto, Takeshi, de verdad lo olvidé.

La expresión de Takeshi se endureció y bajó la mirada por un segundo antes de levantarla de nuevo, clavando sus ojos en los de Rose con una mezcla de tristeza y frustración.

—Si hubiera sido al revés, Rosie, sé que te habrías enfadado —le dijo, su voz teñida de reproche—. Pero no te preocupes, no es el fin del mundo. Ya hubo un par de chicas que me invitaron, las rechacé porque contaba contigo, pero supongo que ahora iré con alguna de ellas.

Rose se sintió terrible. Sabía que, aunque Takeshi trataba de sonar despreocupado, estaba dolido. La idea de que él había rechazado invitaciones por ella solo aumentaba su sensación de culpa.

—Takeshi... lo siento tanto —repitió, bajando la voz—. Te prometo que voy a compensártelo, ¿vale? No sabía que esto te importaba tanto...

—Claro que me importa —dijo Takeshi, mirando a otro lado—. Pero está bien. Supongo que así es como son las cosas ahora.

Justo en ese momento, Rose escuchó una voz familiar detrás de ella.

—¿Todo bien aquí? —era Evans, que había llegado justo a tiempo para escuchar la última parte de la conversación.

Takeshi se tensó, claramente incómodo con la llegada de Evans. Rose, sintiéndose aún más incómoda, simplemente asintió, intentando disimular la tensión que flotaba en el aire.

—Sí, todo bien —dijo Takeshi con una sonrisa forzada—. Solo estábamos recordando viejos tiempos. Bueno, los dejo solos, tengo que irme. Nos vemos, Rosie.

Antes de que Rose pudiera responder, Takeshi se alejó rápidamente, dejando a Evans y a Rose solos en medio del pasillo. Mientras lo veía irse, Rose no podía evitar sentirse mal. Sabía que había herido a su amigo, y aunque quería alegrarse por todo lo que estaba pasando en su vida, había un peso en su corazón que no podía ignorar.

Evans la miró con preocupación, notando el cambio en su expresión.

—¿Estás segura de que todo está bien? —preguntó suavemente, acercándose un poco más.

—Sí... solo... —Rose suspiró, obligándose a sonreír—. Solo estoy un poco cansada, eso es todo.

Evans entrelazó sus dedos con los de Rose, dándole un apretón suave y reconfortante.

—Lo que necesites, aquí estoy —le dijo con una pequeña sonrisa.

Evans, viendo que Rose aún estaba pensativa, decidió distraerla de la mejor manera que sabía.

—Bueno, ya que hablas de estar cansada, ¿qué te parece si salimos después de mi competencia? —le sugirió con una sonrisa traviesa—. Pero quiero que te arregles más linda de lo normal... —agregó guiñándole un ojo, haciéndola sonrojarse de inmediato.

Rose se rió nerviosa, sintiendo cómo la tensión en su pecho se disipaba ligeramente con la broma de Evans. Aunque todavía tenía que resolver lo que pasaba con Takeshi, la invitación de Evans la hizo sentirse un poco más ligera.

—Claro, me arreglaré lo mejor que pueda —respondió con una pequeña sonrisa.

Evans le dio un apretón suave en la mano antes de despedirse con una sonrisa.

—Te veo pronto, preciosa.

Primer AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora