Tras la repentina muerte de su esposa el millonario empresario Trevor Argall se encierra en un mundo de total soledad, aislado en una vida totalmente diferente a la que llevaba, convirtiéndolo en un hombre arrogante y desinteresado por las cosas del...
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Me desperté sobre el pecho desnudo de Trevor, me removí un poco solo para descubrir a Neptuno dormir a nuestros pies.
Sonreí.
Era la primera vez que me sentía cómoda realmente al lado de alguien.
Giré mi figura ajustando mis manos al cuerpo de Trevor quien se movió ante mi roce, abrió sus ojos y pasó suavemente una de sus manos por mis cabellos para despeinarlos.
— Buenos días —susurró depositando un beso.
— Buen día —dibuje una sonrisa en mis labios.
— Hoy será un maravilloso día.
Parpadee unos segundos.
— ¿Hoy?
— Así es, Zac ha dicho que hoy enviara la primera edición del libro, incluso ha pensado en que hicieras un firma de libros.
— ¡Por Dios! —exclamé levantándome de golpe de la cama—. Es cierto, lo he olvidado por completo.
Trevor soltó una risa con aquello.
— Regresa a la cama —pidió.
— Debería levantarme ya, tengo tantas cosas por hacer, por Dios, ¿en que estaba pensando? ¿Cómo pude olvidarlo?
No dejaba de lamentarme, en especial porque toda aquella semana había ultimado los detalles de la primera edición, incluso la elección de la portada, y ahora lo olvidaba.
Me levanté de la cama dejando a Trevor en la cama, tome mi ropa del suelo y antes de que cruzará la puerta de la habitación, gire mi cabeza hacia donde él se encontraba.
Trevor sonrió y yo lo hice también.
Corrí hasta él y lo abrace con fuerza, aunque la realidad era que mis brazos no eran lo suficientes anchos para rodearlo por su grande espalda.
— Gracias, muchas gracias, no lo habría hecho sin ti.
— Claro que sí—limpió con la yema de sus dedos una lágrima que había bajado de mi mejilla.
— Antes no tenía el suficiente valor para que alguien pudiere ver mis escritos y tú los leíste. Incluso buscaste a Zac.
— Se cuán importante es escribir para ti.
— La escritura es todo para mí, es mi ruta de escape de la realidad, es mi terapia, todo se reduce a mi amor por escribir, es lo que más me apasiona.
Mis ojos brillaron al decir aquello, y es que la escritura era lo único que me había ayudado en parte a olvidar el dolor.
Trevor tomó mi mano en la suya.
— Zac quiere que vayamos con él a un restaurante, quiere celebrar lo de la publicación del libro, ¿qué dices?