Capítulo XVII

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Aquí y allá

Su corazón latía con rapidez. Posicionó una de sus manos en su pecho mientras sentía el movimiento continuó en él. Sus mejillas teñidas de un claro pero visible rojo, parecían arder ante la situación que poco tiempo atrás se había producido.

—¿Qué es esta sensación? –Se preguntó. –¿Por qué siento esto en mi corazón? –Volvió a decir.

Sus pensamientos quedaron opacados en el momento en el que no sintió la pequeña presión de su collar en el bolsillo de su sudadera. Miró preocupado a su alrededor. Pocos pasos detrás de él, se hallaba su medallón en forma de concha plateada.
La caída había provocado que su valioso colgante se desprendiera y casi se perdiera. Tal vez fue simple suerte o un despiste de la joven con la que se había cruzado recientemente, pero no pudo evitar sentir alivio al saber que no vió aquel objeto tan importante.

—No es tiempo de pensar en cosas tan estúpidas... –Susurró al darse cuenta de que aquel sentimiento que momentos atrás había surgido en él. –No tengo tiempo para distraerme con cosas innecesarias. –Se dijo a si mismo encaminándose hacia el lugar al cual previamente se dirigía.

Ignis no se dió cuenta pero el cielo que antes se encontraba despejado, ahora se estaba oscureciendo; aunque todo eso si fue observado por dos personas muy cercanas a él.

—Vaya, no sabía que hiba a llover. –Comentó el muchacho mirando hacia arriba.

—En realidad, hoy iba a ser un día soleado. –Contradijo su compañera. –Aunque... –Añadió llamando la atención del chico de hebras cobrizas. –¿Por qué me están mirando con esa mirada asesina? –Le cuestionó en un tono que tan solo ellos dos pudieron escuchar, recibiendo una risa nerviosa por parte del contrario.
Detrás de la pareja, un grupo conformado por seis muchachas de distintas edades, la miraban fijamente y sin temor a ser descubiertas.

—No me cae bien. –Habló Coco hacia sus amigas. –Le ha robado el chico a Luchia. –Prosiguió mientras miraba de manera furiosa a la rubia.

—Y no la has visto en clase. –Añadió Hanon. –Todos los chicos del salón la miraban ensimismados. ¡Todos! –Exclamó frustrada y llena de envidia.

—¿No creéis que os estáis pasando? –Les preguntó la de cabellos azules.

—Sí... Dais mal rollo. –Su hermana comentó seguidamente.

—Si váis a hablar mal de una persona, al menos no la mireis directamente. –El comentario proveniente de Rina fue apoyado con una simple afirmación por parte de las gemelas.

—¡Pero es que hay algo raro en ella! –Habló la de ojos marrones, con un tono notoriamente frustrado. –No me da buena espina... –Continuó expresando su desagrado por la rubia de mirada similar al cielo al medio día.

—Oh, chicas. –La voz de Nikora llamó la atención de la mayoría en el lugar. –Que alegría que estéis todas juntas. Quería presentaros a alguien y– –La falta de una de las siete princesas sirenas hizo que se detuviera. –¿Dónde está Luchia? –Cuestionó al no ver a la portadora de la perla rosa. Coco, Karen, Noel y Seira miraron a Hanon y Rina, ambas actuando como si no supieran la respuesta de la pregunta. –¿Y bien? –Insistió la mujer.

—Bueno... –Comenzó la cantante azul.

—El caso es que... –Intentó continuar la más alta.

—No lo sabemos. –Dijeron a la vez.

—¿Qué? –Fué lo único que pudo decir la mayor. Las dos estudiantes sintieron el peso de su mirada e intentaron pedir ayuda a sus amigas, quienes se habían alejado de ellas por el miedo que poco tiempo atrás había comenzado a producir la empleada. –¿Cómo que no sabéis dónde está? –La pregunta causó que una sensación de electricidad recorriera la columna vertebral de ambas princesas.

—Tranquila Nikora. Hippo está en su búsqueda. –La de ojos marrones habló intentando disminuir la tensión en el ambiente.

—Ah. –La pelivioleta soltó mientras formaba una "dulce" sonrisa en su rostro. –Que habéis enviado a un pingüino a buscar a vuestra amiga. –Continuó diciendo mientras se acercaba hacia ellas con una aura oscura a su alrededor.

—Y yo que creía que esto iba a ser aburrido... –Susurró Aqua mientras miraba la escena que se había firmado entre las dos adolescentes y la adulta. –Aún así... Que vaya sola por allí es realmente peligroso. –Se dijo a si misma al darse cuenta que el mal tiempo aumentaba.

El cielo se había oscurecido más de lo que momentos atrás ya estaba. Las corrientes marinas empezaban a dirigir con fuerza las olas que rompían en la costa. El viento que en algún momento fue una leve brisa, ahora movía violentamente el cabello y la falda de una estudiante.
Luchia junto a Hippo, quien la había estado buscando lleno de desesperación, se dirigían de nuevo al hotel en donde se encontraban en resto de sus amigas. A pesar de que fue pura casualidad su encuentro, el pequeño pingüino se alegro por estar junto a ella.

—Luchia, date prisa. –Avisó el ave aazu con mucha preocupación. –No creo que sea buena idea seguir aquí fuera. –Tras decir aquello, empezó a temblar de miedo al imaginarse otro encuentro con aquellas asquerosas criaturas.

—Tranquilo Hippo. No nos va ha pasar nada. –Mencionó la chica mientras sonreía.

—No entiendo como es posible que estés tan feliz... –Murmuró el contrario sin entender la razón de su cambio de humor. Pues tenía entendido que había huído después de ver que su rival en el amor se alojaba en el mismo hotel que ella.

—¿Decías algo? –Cuestionó la castaña.

—¡Decía que si no nos damos prisa te transormaras en medio de la calle! –Exclamó mientras señalaba el cielo lleno de nubes grises.

—¿Eh? –Sin entender, la muchacha miró hacia arriba. –¡Oh no! –Gritó al notar a lo que se refería su amigo. ––Debemos llegar a casa antes de que empiece a llover. –Dijo para luego agarrar al menor y correr hacia el edificio donde vivía.

Desgraciadamente, antes de poder visualizar el lugar al que se dirigía, pequeñas gotas de agua comenzaron a caer del cielo. Al principio, gracias a la rapidez de sus pasos, no llegó a mojarse; pero a medida que avanzaba, al final terminó por ser consumida por la lluvia.

La leyenda de la AtlántidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora