Capitulo XVII

47 9 0
                                        

Había pasado un mes desde que mataron a Jeremiah

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Había pasado un mes desde que mataron a Jeremiah.

Un mes entero en el que no había aparecido un solo cuerpo en la iglesia.

En el que el maldito cazador era alabado como un Dios mientras dejaban por debajo de la mesa las otras carencias de Laroy Hill.

Odiaba a todos los que se alegraban por la muerte de Jem, como había habido una fiesta en las calles de la ciudad que duraron por lo menos dos días donde quien quisiera podía ir a beber y celebrar. Pudo escuchar por días el sonar de la música desde su habitación, la risa de las personas, los cantos de otras.

Eso solo pudo aumentar su odio hacia ellos y su tristeza.

Fue como una puñalada en la frente cuando una mañana al ir a buscar algo que comer, encontró a su madre en plena reunión con sus amigas bebiendo quién sabe qué y unas galletas que su madre había preparado la tarde anterior, había visto la culpa con la desesperación entremezclada en aquellos ojos.

Fue mucho peor cuando esa misma tarde los amigos de su padre habían asistido a su casa, como ella les había recibido sin saber que todos venían con caras de emoción y botellas en sus manos, todos la habían mirado con sorpresa al verla de pie allí.

El pueblo no podía olvidar que ella había pegado un grito de los mil demonios en plena ejecución, pero tampoco debían olvidar que ella le conocía desde muchísimos años, para ellos parecía que se les olvidaba por completo aquello y solo observaban lo malo.

Por lo que prácticamente odiaba a todo el pueblo.

Justo ahora lo más que quería era irse de allí y la propuesta de Jeremiah se esfumaba como el humo.

Tal vez debió haberle pedido irse de inmediato ese mismo día.

Sabía que Jem no estaba bien, su alma no estaba en paz por culpa de todos ellos.

También sabía que él no estaría para nada feliz sabiendo que ella se comportaba como alma en pena por todos lados, eso de una manera retorcida le había impulsado a caminar ahora por lo menos ya salía de su habitación, rondaba la casa e iba con sus sobrinos por la calle.

Llevaba a Angie entre sus brazos mientras tarareaba una canción, se suponía que estaba sola en la casa, sin embargo un ruido hizo que levantara la cabeza de golpe y su cuerpo se tensara, apretó la mandíbula casi haciéndose daño.

—¡Vanessa, ven linda! —¿Esa era su madre?

Miró a Angie quien estaba profundamente dormida entre sus brazos, pasó por uno de los pasillos justo donde habían instalado la pequeña habitación de los niños, depositó a la bebé con cuidado de no despertarla y le hizo una seña a Mason para que hiciera silencio.

Alisó su falda con la palma de sus manos antes de comenzar a caminar hacia la segunda sala, tocó dos veces y un suave pase hizo que girará el pomo adentrándose en la habitación.

Lady CorbacDonde viven las historias. Descúbrelo ahora