(De vuelta con Norie)
Estoy tirada de espaldas en la cama, siento como los ríos de lágrimas escurren presurosos por mis mejillas ahora rojas por el llanto. No sé cuánto tiempo llevo llorando, pero la luz que entra por mi ventana ha menguado mucho, está prácticamente oscuro. Las campanas que anuncian la cena se escuchan, y pronto también los pasos de los elfos que se dirigen a los comedores. De pronto, una idea en mi mente hace que me levante de un salto. ¡Légolas! Su castigo, que habrá pasado con lo que dijo Thranduil, en qué consistiría la reprimenda hacia su hijo. Lo deje solo, pero bueno, después de lo que paso creo que se lo merece. Aunque, yo di mi palabra…
Flash back:
Dos niños, ambos elfos se encuentran en medio del bosque, el niño abraza a la niña mientras ella solo llora, casi va a amanecer:
- Légolas, ¿Por qué viniste por mí?
- Nunca te dejaría sola, lo sabes
- Mama murió Légolas, ella murió- al decir esto la niña rompe en llanto de nuevo
- Tranquila Norie, yo siempre estaré contigo
- Y yo contigo, siempre aunque me cueste la vida
Bueno, creo que tendré que dejar mi orgullo por esta vez, iré a buscarlo. Entro al baño, tomo un poco de agua y lavo mi cara para eliminar lo más que sea posible lo rojo de mi nariz, ojos y mejillas. Me pongo mi túnica blanca junto con mis medias cafés y mis botas, cepillo mi cabello y lo peino con unas pequeñas trenzas muy parecidas a las del príncipe. Salgo de mi habitación con dirección a los enormes comedores, me detengo en la puerta y busco con la vista a Légolas, pero su silla se encuentra vacía. Miro a Vania, quien me dice con señas que el príncipe no ha ido a cenar. Doy media vuelta y me dirijo a los campos de entrenamiento, paso por la armería y tomo dos espadas ligeras y mi arco. Sigo caminando intentando hacer el menor ruido para sorprender al príncipe, llego al campo de entrenamiento donde él se encuentra, me detengo junto a un árbol para que no me vea. Légolas practica bajo la luz de la luna su puntería, uno, dos, tres disparos acertados en el blanco, tomo mi flecha y apunto, esperando que él también lo haga… pasan 3,4,5 segundos pero el elfo no se mueve.
- Adelante, es tu turno- lo escucho decir
- De hecho mi intención era atravesar tu flecha con la mía- respondo, y lanzo la flecha, que da directo en el blanco número 4- ¿me escuchaste llegar?
- No, más bien te olí.- dice sin mirarme
- ¿quieres luchar un poco?- le pregunto sonriendo
- Sera un placer golpearte- me responde
Saco mis espadas y el las suyas. Comenzamos con nuestra guerra de metal, hasta que por suerte mía pateo de forma acertada una de sus manos y hago volar una espada, seguimos peleando hasta que logro deshacerme también de la otra espada, dejándolo desarmado, sigo atacándolo mientras el solo esquiva mis ataques hasta que lo acorralo contra un árbol:
- Valla creo que soy mejor de lo que recordaba- le digo con risa burlona
- No, no lo eres- me dice con tono muy serio, más de lo habitual- me deje ganar
- ¿pero qué?... no termine la frase cuando me toma de las muñecas, y de un jalón me da la vuelta quedando ahora yo de espaldas al árbol. Me quita las espadas y las tira al suelo, toma mi cintura con ambas manos me carga a modo de que mi cara quede a la altura de la suya, me empuja con fuerza a modo de que mi espalda quede recargada en el árbol de nuevo con sus manos toma una de mis piernas indicándome así que debo enredarlas en su cintura. Entonces así nos encontramos, yo contra el árbol, aprisionada por el cuerpo de Légolas, con mis pierdas rodeando su cintura, sus hermosos ojos azules clavados en los míos. Se acerca más a mi cara, y con delicadeza muerde mi barbilla, avanza dando dulces besos por mi mandíbula hasta llegar a mi oreja, a la cual muerde más fuerte de lo normal, provocando que me queje un poco. Suelta mi oreja y comienza a dar tiernos besos a mi cuello, lo que hace que un escalofrió corra por mi cuerpo, Légolas nota como me estremezco y lo escucho reír de forma suave.
- Tranquila Norie, no te hare daño.
- Lo sé – respondo muy apenada por la situación
- Escúchame- me dice mientras vuelve a mirarme directo a los ojos- disculpa por mi comportamiento, si Elladan te hace feliz yo lo acepto.
- Légolas, quisiera…- no me deja terminar, pone sus dedos en mis labios obligándome a callar
- De verdad eres hermosa Norie, la más hermosa de todas las criaturas que he visto… vamos, ya es muy tarde, y tienes que descansar.- me baja no sin antes darme un beso en la frente.
- Tienes razón- solo eso pude articular, me ha dejado fría, mis piernas tiemblan.- caminamos en silencio hasta el palacio….
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"Sin decir una palabra"
RomansaLegolas y Tauriel van a casarse, pero un antiguo amor aparece... Podrá el príncipe del bosque negro cumplir con su compromiso, o dejara que un amor adolescente lo consuma?
