Doncellez

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Aquel frío intenso que comenzó a paralizar mi cuerpo por completo, los constantes mordisquitos en mi cuello, un claro suspiro sobre mis oídos, me tenían muerta del miedo. Cuando logré moverme, pude levantarme corriendo y prender la luz, mis manos temblando y mi pecho mojado en sudor. Me acerqué al espejo y observé mi cuello; no tenía ninguna señal de mordisco o algo que se le pareciera. Pasé saliva y me volví a acostar, esta vez luchando para conciliar el sueño.

No entendía cómo podía verse tan bonita confundida...—sonreí al recordarla y cortar casi que al instante. Escuché un claro portazo, haciéndome soltar la última pieza del rompecabezas. Haciendo brotar la vena de mi frente, un Jaebeom furioso se acercó poniendo las manos sobre la mesa bruscamente.

—¿Tienes algún problema? —le dije levantándome.

—¿Qué mierda pretendes?

—¿De qué? —dije riendo.

—No estoy para bromas, Yuta —contestó tomando el cuello de mi camisa.

—Más te vale que me sueltes —contesté.

Me soltó la camisa y dio un paso hacia atrás.

—Bien, anfitrión, ¿por qué tu maldito hedor estaba en el rostro de Liz?

—Ese era el maldito plan, ¿acaso se te olvidó? ¿Qué estamos haciendo?—explique, mientras Jaebeom no lograba estabilizarse

—Este es mi juego, no el tuyo —gritó Jaebeom.

—Siempre nos hemos compartido las mujeres, como la mujercita de tetas grandes que trajiste hace unas noches atrás —dije recordándole la memoria.

—¡Yo no repito dos veces y lo sabes, quedas advertido! Solo un maldito cabello que le toques, date por muerto. Sentenció un agresivo Jaebeom y salió huyendo de casa.

—Vamos a ver hasta dónde llegas —dije acomodando las piezas faltantes.

Tan pronto amaneció, abrí mis ojos; luego del incidente no logré dormir profundamente.
Me quedé mirando a la nada. recordé aquel libro que ya casi llevaba, una semana sin aparecer. Me levanté a volver a revisar en los cajones, quedando en blanco. Donde puse el libro. Me asusté más recordando lo que tenía entre las hojas en forma de separador; 

—maldición, debo encontrarlo—me puse de pie, de golpe

Había escrito en forma erótica diez de mis fantasías sexuales, no, esos eran fetiches. Ya no me acuerdo por qué los escribí, y al ser algo tan íntimo, no quería que cayera en las manos equivocadas. Me acerqué a la habitación de mi madre y aún dormía; saqué a Troy a dar una vuelta mientras pensaba en esa maldita hoja. Me sentía cansada y soñolienta; al volver, vi a Yuta iniciar con el arreglo. Me saludó alzando su mano mientras yo ingresaba a casa.

—Despertaste temprano; vi a mi madre haciendo el desayuno.

—Buenos días, al fin, ¿qué película vieron? —dije quitándole la correa a Troy.

—BLADE- es una película de vampiros, muy buena, por cierto.

—No la he visto, ¿Lay se quedó con ustedes?

—Sí, tan pronto culminó la película, salió con Kalani; según escuché, la llevaría a casa.

—Yo solo tomaré un café; anoche no pude dormir.

—Pero qué fue lo que te pasó. Los ojos de mi madre me alarmaron. —¿Qué hiciste anoche? Tienes moretones en el cuello.

—¡Qué! Dije acercándome al espejo de la sala: "Anoche no tenía ningún indicio de golpe"—pronuncie mentalmente. Le devolví la mirada a mamá, estaba muy asustada.

Veintiún  fetichesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora