Respondí unos mensajes y puse el celular sobre él un libro que estaba terminado de leer:
"Antología de la poesía erótica". Tomé el libro, pero me detuve; bajé a asegurar las puertas, miré tras los velos celestes: había alguien fumando en la casa del perve. Activé la alarma de la puerta principal y, al volver a la ventana, ya no había nadie. Subí y me arropé bien, conciliando el sueño.
Desperté: Troy me estaba lamiendo la cara.
—¡Nooo! —oye, dije retirándolo de mi rostro.
Fui a la habitación de mamá y no se encontraba; me asomé a la ventana y la vi en el jardín de enfrente.
—Mami, ¿qué haces? Son las siete de la mañana; aprovecha tu día de descanso.
—Mira cómo están las rosas; te dije que les regaras agua por lo menos tres veces a la semana.
—Sabes que he estado ocupada... —sonó el celular de mamá.
—Aló, señor Lee, ¿cómo se encuentra esta mañana? Claro que puedo; déjeme desayuno y salgo para allá.
—¿Te irás? Es tu día de descanso; que vaya otra.
—No, es de trabajo. El señor Lee fue el que me obsequió las rosas de anoche.
—Ese viejito —dije mirándola, impactada.
—Shhh, Río, es un buen hombre; ayúdame a entrar las cosas.
Desayunando, le conté sobre el incidente de la puerta.
—No hagas un escándalo por eso. Vivimos en un lugar seguro, pero si quieres, llamo a alguien para que cambie las cerraduras; ¿te parece?
—Asentí, mirando a la puerta. ¿Vendrás temprano?
—Trataré de no demorarme para que veamos una película —dijo tomándome el mentón.
Subí a mi habitación, escuché risas y me ganó la curiosidad: era Yuta. Estaba con un esqueleto negro; su cabello rojo estaba atado atrás y lavaba una camioneta negra.
Suspiré al verlo. ¿Tendrá novia? —me pregunté— mientras mis pupilas se dilataron al ver al perve salir. Estaba vestido de negro; se subió sobre una moto y, antes de ponerse el casco, miró hacia mi ventana, haciéndome saltar. ¡Mierda! ¿Será que me vio? ¿Qué era lo que tenía este idiota que me lograba incomodar?
Escuché a mamá decir que ya salía; bajé y la acompañé al carro. Escuchando cómo se alejaba él en la moto, me elevé, quedándome de pie unos segundos.
—¡Holaaa! —dijo Yuta, acercándose a mí.
—Hola —me ruboricé un poco.
—¿Cómo está tu cachorro? Me contó mi primo que lo encontró comiendo de un bote de basura.
—¿Él es tu primo? —le pregunté, mirándolo fijamente.
—Río, sí. No nos parecemos, ¿verdad? O tú, ¿qué dices?
—Para nada; tú eres tan amable y él es tan tosco.
—Lo sé; a veces puede ser algo tedioso —sonrió y se quedó mirándome.
—¿Eh...viven ustedes dos solos? —le pregunté, tratando de cortar la tensión.
—Sí, por el momento; el trabajo nos obligó a vivir en este país.
—¿De qué país vienen?
—De Japón. Yo nací allá y esta es la segunda vez que vengo, a este país. Vine antes solo de visita. Mi primo Jaebeom sí nació aquí.
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Veintiún fetiches
Vampiri✨ Veintiún fetiches ✨ Escrita por: Otálvaro Liz ⸻ Todos los personajes que aparecen en esta novela ocultan algo. Verás que todo lo que brilla no siempre es oro; notarás una presencia invadir tu cuarto todas las noches: un amor obsesivo y compulsivo...
