Tócame

83 7 0
                                        






Tomé su camisa que se encontraba en el suelo y cubrí mis pechos, apuntando solo tres botones. Salí del cuarto buscando algún indicio del espantoso grito. Busqué las escaleras y las baje lentamente. Al llegar a la baldosa helada, un sonido no muy claro, hizo que me quedará inmóvil; pareciera que arrastraran cadenas. Por último un fuerte estruendo, recogió mis hombros. Pronto dejé de escucharlo y me invadió el miedo en tan enorme lugar. Llegué a la cocina y busqué un vaso y lo llené de agua. Sentí unas manos rodear mi cintura, haciéndome soltar el vaso sobre el suelo, rompiéndose por completo en pequeños trozos.

—Ese, era mi vaso favorito —resopló mirándolo en el suelo despedazado.

—Lo siento, te compraré otro —dije mientras nuestras cabezas chocaban al tratar de recoger los vidrios.

—Auch, déjame, te cortarás; yo lo levantaré.

—Prendí la luz y sus ojos tenían un color extraño; dejé de mirarlo en el momento en que sus ojos empezaron a mirar mis piernas. Me alzó sobre el mesón y apretó mis nalgas; su Deep voice puso a temblar todo mi cuerpo.

—Te culpo por despertar una sed infernal de tener tu cuerpo a mi completo dominio —manifestó mordiendo mi labio inferior—. Espero que hayas descansado porque esta vez no lo haré con delicadeza. Sonrió frente a mí, tomando mi cuerpo entre sus brazos, llevándome de nuevo a su cuarto.

Allí sobre su cama, mi cuerpo perdido en sus sábanas blancas, puso mi cuerpo boca abajo. Su lengua lamer mis muslos, sus manos apretar mis nalgas, su fuerte respiración en mi cuello mientras masajeaba mi clítoris en círculos suaves y constantes, empezó a estremecer mi cuerpo y el calor subir hacia mis mejillas, los movimientos de sus dos dedos moverse más y más rápido haciéndome mojar al instante. Introdujo su dedo índice y allí me despedazó por completo, mis manos apretar su brazo, haciéndome soltar pequeños soniditos de placer. Se detuvo y empezó a nalguearme muy fuerte, mientras sentía su miembro endurecerse al sonido de cada palmada.

Apretaba las sábanas y cerraba los ojos; no sentía mis nalgas; había adormecido esa zona por completo.

Tomo su pantalón y le saco el cinturón, haciendo un breve recorrido por todo mi cuerpo con aquella hebilla fría. Me levanto de la cama y me amarro las muñecas con un fuerte tirón, llevándome hacia la pared. Comenzó a besarme la boca, dejándome con ganas de morder sus labios. Jaló mis brazos hacia arriba, adentrándose a mi pecho, tomando mis pechos y halando los pezones muy fuerte, provocando un grito de placer.

—Quería arrancarte la ropa aquel día en la feria —susurró sobre mis labios.

Sus manos tomando mis caderas y su miembro rozando mi pierna; entre besos me arrastró de nuevo a su cama, acariciando mi vagina, mojando sus dedos por completo. Su miembro aproximándose a lo que pudiera ser la catástrofe, dentro fuerte, tomando mi cintura, hundiendo sus dedos en mi piel; estaba muy caliente su miembro y aquellos movimientos fuertes. Queriendo tomar su rostro, pegó una fuerte palmada en mi muslo. Su jadeo y el sudor aparecieron sobre su clavícula. Mientras jadeaba de placer, volteo mi cuerpo; mis nalgas chocaron contra su pelvis rápidamente. Lo delicioso que lo hacía. Sentí un bloqueo en mi cuerpo y un adormecimiento en mi zona pélvica; poniéndome ansiosa, empecé a gemir, su pulso sincronizándose con el mío. Lo puse a acariciar la cima de nuevo, pero esta vez yo lo acompañé.

Mi cuerpo y el suyo estaban mojados; empezó a reírse y a correr el cabello de mi rostro. Sus ojos y su boca hacen eso de nuevo sobre mí.

El sol chocó contra mi cuerpo expuesto a sus ojos. Desperté y lo vi a él sentado en su sillón con un libro en sus manos. Su mirada... esa misma que no aparto mientras Se levantaba y cerraba el libro dedicándome una sonrisa.

Veintiún  fetichesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora