-¡Amato animo animatus animagus!
En ese momento, un dolor intenso recorrió el cuerpo de los muchachos, que cayeron de rodillas sobre el suelo empedrado del patio. El corazón parecía que iba a romperse en dos, con un doble latido que se hizo cada vez más fuerte, y la mente se quedaba en blanco. Únicamente eran capaces de ver una sola imagen, que cada vez se hacía más nítida a la vez que se impactaba cada vez más en la retina.
James, Sirius y Peter gritaron de dolor y cerraron los ojos. Entonces, el dolor amainó y los tres chicos abrieron los ojos. Sólo que, al hacerlo, no se vieron a ellos.
Ante James ya no se encontraban Sirius y Peter, sino un gran perro de pelaje negro, ojos duros y dientes fieros, y una rata gris de cola larga. James abrió la boca para decir algo, pero se dio cuenta de que su mandíbula era distinta. De su garganta no salió sonido alguno, sino un berrido que ascendió en la oscuridad de la noche. El perro comenzó a ladrar, y se acercó al ciervo.
-¿Qué ha sido eso?-preguntó Marlene, despertándose sobresaltada.
-No lo sé.-murmuró Arista, dormitando.-Vuelve a dormirte, Marls.
Pero había otra persona que lo había escuchado. Lily se levantó de su cama, se puso la bata encima del camisón de dormir, y se acercó a la cama de Marlene.
-¿Te vienes?-preguntó la pelirroja a la rubia. Marlene asintió.
Las chicas bajaron a la sala común y salieron por el hueco del retrato. Siguieron el sonido de los ladridos y los bramidos, sin percatarse de que una rata pasaba cerca de ellos. El ruido las condujo hasta el tercer piso. Cuando Lily y Marlene llegaron al patio de la Torre del Reloj encontraron sentados en el suelo, riendo, a Sirius y a James.
-¿Eráis vosotros los que haciáis ese ruido?-preguntó Lily.
-Encantamiento aullido, Evans.-dijo Sirius, chulesco.
-Bien.-repuso Lily.-Cinco puntos menos para Gryffindor.
-¡Evans!-protestó James.
-Si me vuelves a replicar, serán diez.-amenazó Lily. James se calló, y Lily, con una última mirada de enfado, dio media vuelta. Marlene la siguió, pero sonrió a James y a Sirius.
-Ya puedes salir, Pet.-dijo James cuando las chicas se hubieron ido.
Algo se movió en el bolsillo de la túnica de Sirius, y la cabeza marrón de una rata apareció. Movía sus bigotes, nerviosa. Sirius la tomó suavemente y la colocó en el suelo de piedra.
-Para transformarte tienes que cerrar los ojos y concentrarte en tu imagen, Peter.-dijo Sirius a la rata.
La rata cerró los ojos fuerte. Pasados unos cinco segundos, la rata había desaparecido. En su lugar se encontraba un chico castaño, de dientes prominentes, enclenque, y que movía las manos a mucha velocidad, entre excitado y nervioso.
-¡Lo hemos logrado!-repetía Peter una y otra vez, lanzándose a los brazos de James y Sirius.
La semana pasó en un abrir y cerrar de ojos. Y llegó el último viernes antes de las vacaciones de Navidad. Aquel día, Remus estaba un poco bajo de ánimo, y sus amigos sabían por qué. Esa noche iba a haber luna llena.
La mayoría de alumnos del colegio iban a pasar las Navidades en casa con sus familias. Por eso, Sirius estaba asqueado ante la perspectiva de volver a la casa familiar mientras colocaba las cosas en su baúl. La familia Black era una de las familias de los sagrados veintiocho, y mantenían la creencia de la sangre pura.
James, por contra, estaba feliz de volver a reencontrarse con sus padres. Fleamont y Euphemia Potter eran de sangre pura, pero renegaban de la creencia de que los sangre limpia solo podían mezclarse entre ellos. Habían tenido a James a una edad avanzada, y eso hacía que hubieran dado todos los caprichos a su hijo.
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Amato animo animato animagus |Lily y los Merodeadores. Año Quinto|
FanfictionHogwarts, 1975. Lily, los Merodeadores y Snape comienzan su quinto año de estudios en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un año que se antoja complicado, con los TIMOS por un lado y por otro, protegidos pero no ajenos a las noticias del mund...
