—Cómo chilla la sangre sucia—dijo Avery, riendo.
Habían aprisionado a Mary contra la pared haciendo aparecer una especie de planta leñosa que la sujetaba por las muñecas y los tobillos y se enroscaba alrededor de su cuerpo, haciendo que la chica tuviera cada vez más problemas para respirar.
—P-p-por favor.—suplicaba Mary entre jadeos, intentando zafarse sin éxito de sus ataduras.
—Si quieres seguir con vida, eso es lo que menos te conviene hacer.—indicó Mulciber, perversamente.
Al momento, las ramas que se enroscaban alrededor de ella se estrecharon todavía más. Mary notó que los órganos de su abdomen se empezaban a congestionar, y se quedó pálida cuando sintió un chasquido en su tórax. En ese instante, decidió que lo mejor era desistir.
—¿Por qué hacéis esto?—preguntó ella, jadeando por la falta de aire.
Mulciber se acercó a ella lentamente, saboreando cada instante que duraba la agonía de la joven Gryffindor.
—En parte, porque eres una asquerosa sangre sucia.-respondió.-Pero también resulta muy divertido.—añadió, sonriendo a Avery.
—¿No te lo estás pasando bien, criatura?—preguntó maliciosamente Avery.
Mary sabía que era incapaz de liberarse de aquella mordaza sin su varita, la cual había caído al suelo cuando los dos Slytherin la habían atacado.
—Es una pena—continuó Mulciber, rozando la mejilla de Mary con la punta de su varita—que algo tan bello tenga la sangre tan sumamente podrida.
Mary levantó la mirada y fijó sus ojos fieramente en el rostro de su agresor. «No pienso darles el gusto de suplicarles clemencia», pensó la joven para sí. Y, con toda la valentía que fue capaz de reunir, escupió a Mulciber con todas sus fuerzas.
Este se quedó sorprendido por la reacción de Mary. Se limpió la cara con su túnica, asqueado, y miró con un odio extremo a la joven, que comprendió que aquella reacción tan visceral había enfurecido a los dos estudiantes de la casa Slytherin.
—Te hemos dado la oportunidad de salvar tu vida y unirte a nosotros.-pronunció, y Mary detectó en esa tranquilidad más amenaza que en la más poderosa maldición.—Pero has elegido la senda del dolor.
Mary observó horrorizada cómo Mulciber levantaba su varita, y cerró los ojos, esperando el golpe final.
—¡Manibus amentiam!—exclamó Mulciber.
Mary pensó que su captor la había indultado en el último momento. Pero enseguida se dio cuenta de que no era así. Dos manos espectrales habían salido del extremo de la varita de Mulciber y se dirigían hacia ella. Cuando estuvieron a pocos centímetros de su rostro, se volatilizaron en una cortina de humo que se introdujo por los orificios de su nariz.
Mary chilló cuando unas manos invisibles empezaron a estrujar su cerebro y a intentar tirar de él. La joven se revolvía de dolor, haciendo que la planta que la mantenía atada se enroscase aún más, asfixiándola lentamente.
La estudiante de Gryffindor sintió cómo a su alrededor todo daba vueltas y se difuminaba, cuando comenzó a oír unas voces que gritaban su nombre. «Ya está», pensó mientras las lágrimas surcaban sus mejillas. Y, de repente, todo se volvió oscuro.
Cuando Mary abrió los ojos, se encontraba en una sala circular, adornada con grandes columnas tocadas con capiteles adornados con grandes calderos. En mitad de la pared se hallaba un gran portón. Mary se acercó.
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Amato animo animato animagus |Lily y los Merodeadores. Año Quinto|
FanfictionHogwarts, 1975. Lily, los Merodeadores y Snape comienzan su quinto año de estudios en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un año que se antoja complicado, con los TIMOS por un lado y por otro, protegidos pero no ajenos a las noticias del mund...
