Capítulo 4: El de la obtención de las hojas de mandrágora

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Había pasado ya un mes desde el inicio del curso. James, Sirius y Peter se encontraban en el Gran Comedor a la hora del desayuno. Remus se había quedado durmiendo, y James y Sirius se habían encargado de bajar a las cocinas y pedir a los elfos domésticos de Hogwarts que les sirvieran unos panecillos con mantequilla y un poco de té en bolsitas para subírselo luego a su amigo.

-En este mes tenemos que conseguir los ingredientes.-dijo Sirius.

-Uno ya lo tenemos.-dijo James, y se tocó el pelo.

-Nos falta la hoja de mandrágora, la lluvia de rocío y la crisálida de polilla esfinge.-enumeró Peter, pero en voz tan alta que unos estudiantes de Ravenclaw miraron hacia la mesa de Gryffindor.

-Maldita sea, Peter, ¿quieres bajar la voz?-dijo James, enfadado.

-La hoja de mandrágora no será problema. Hoy tenemos Herbología de nuevo.-dijo Sirius, señalando en el horario la clase de la profesora Sprout.

-¿Lo tienes todo preparado?-preguntó James. Sirius asintió.

Después del desayuno los estudiantes de quinto año de Gryffindor y Hufflepuff se encaminaron al aula de Historia de la Magia, en el tercer piso.

Al llegar al aula los alumnos se sentaron en sus pupitres. El profesor Cuthbert Binns entró en el aula atravesando la pizarra. Era lo único interesante de las clases de Historia de la Magia. El profesor Binns se había quedado dormido en la sala de profesores y al despertar se fue a dar clase, pero olvidó su cuerpo detrás. Desde entonces era el único profesor fantasma del colegio.

La clase de Historia de la Magia de ese día versaba sobre la revuelta de los duendes, pero algo que en otra circunstancia hubiera sido interesante, resultaba tedioso en manos del profesor Binns. Lily, que era de los pocos estudiantes que conseguía mantener la atención durante toda la hora, miró enfadada hacia atrás cuando un ruido sordo se produjo dos filas detrás de ella. Sirius se había quedado dormido en clase y se había caído de la silla. Sin embargo, el profesor Binns no se inmutó y siguió dando la clase como si no hubiera pasado nada.

Dos horas más tarde, los estudiantes de Gryffindor salían de una interesante clase de Defensa Contra las Artes Oscuras en la que habían estado practicando los encantamientos escudo. Lily iba acompañada de Mary, Marlene y Arista, cuando se toparon con Snape.

-Hola, Lily. Hola, McKinnon, Jenkins.-saludó Snape, obviando a Mary.

-Vamos, tenemos que llegar a los invernaderos.-dijo Arista, llevándose a Marlene y a Mary.

-Os alcanzo ahora.-les dijo Lily.

Las tres chicas no lo pensaron más y echaron a andar hacia la Gran Escalera para salir a los terrenos del castillo.

-Hola, Sev.-saludó Lily.

-No habíamos tenido tiempo de vernos.-dijo Snape.

-¿Qué tal el verano?-preguntó ella.

Snape se encogió de hombros.

-¿Tus padres se siguen peleando?

-Sí-respondió Snape.-A decir verdad, no hacen otra cosa.

-¿Tu padre sigue sin aceptar que tu madre y tú sois magos?-inquirió Lily.

Snape asintió.

-A mi padre no le gusta la magia.-dijo Snape.-En realidad, dudo que exista algo en este mundo que le guste, a excepción del alcohol.

Lily apretó un poco el brazo de Snape. Snape sonrió, pero era una sonrisa macabra.

-Espero que se vaya pronto, aunque sea por las malas.-soltó Snape.

Lily quitó su mano del brazo de su amigo.

-Me tengo que ir.-dijo, nerviosa.

-Claro.-respondió Snape, comprensivo.-Luego nos vemos, ¿no?

Lily asintió sin mirarlo. Bajó las escaleras lo más rápido que pudo y agitó su cabeza, apartando los pensamientos que le habían venido a la mente al escuchar las palabras de Snape. Pero no podía pasar por alto que Snape había hecho el vacío a Mary. Sin duda, le preguntaría más tarde sobre ello.

-Llega tarde, señorita Evans.-la riñó la profesora Sprout, cuando Lily entraba por la puerta del invernadero número tres.

-Lo siento, profesora.-dijo ella, apesadumbrada, y fue rápida para ponerse entre Marlene y Arista.

-¿Estás bien?-le preguntó Mary. Lily asintió.

-¿Qué quería Snape?-preguntó Arista.

-Nada, solo preguntarme por el verano.

-No sé por qué eres amiga de ese murciélago.-dijo Marlene, muy seria.

Una risa hizo que Lily levantara la cabeza. Sirius y James, situados enfrente y un poco a la izquierda de las chicas, habían oído el comentario de Marlene y no paraban de reír.

-Señor Potter, señor Black, les agradecería que me dejasen continuar la lección.-dijo la profesora Sprout.

James y Sirius asintieron, limpiándose las lágrimas de risa con la manga del traje marrón de protección.

-Bien.-dijo la profesora Sprout.-Hoy estudiaremos los snargaluff.-dijo, y señaló las plantas que tenían delante.

Los snargaluff eran unas cepas que cobraban vida cuando se les intentaba extraer la pulpa, generando unas ramas como zarzas que atacaban a los que se acercasen. Al final de la clase, los alumnos estaban llenos de raspones, y, en el caso de las chicas, trasquilones en el pelo debido a que las vainas de snargaluff se enganchaban en los cabellos de estas.

En el momento en el que quedaban cinco minutos para el final de la clase, James hizo una seña a Sirius, el cual se agachó y, fingiendo que miraba cuánto líquido de snargaluff habían extraído, arrojó una bomba fétida por debajo de las mesas. La bomba fétida estalló, impregnando de un olor nauseabundo el invernadero, cubriendolo además de una neblina marrón. Mientras la profesora Sprout intentaba calmar los ánimos y ventilar, James se acercó al fondo del invernadero, donde se encontraban varias macetas de mandrágora, y arrancó seis hojas de los tallos.

Cuando se pudo terminar con los efectos de la bomba fétida, sonó el timbre que anunciaba el final de las clases de la mañana. Los alumnos salieron apresuradamente del invernadero. James, Sirius, Peter y Remus salieron en último lugar, y se encontraron con los ojos verdes de Lily, que los miraba acusadoramente. James y Sirius pusieron cara de niño bueno y se encaminaron de nuevo al castillo.

-¿Creéis que nos habrá descubierto?-preguntó Peter.

-Lo dudo.-dijo James.

-Y, aunque así fuera, no tiene pruebas para acusarnos.-añadió Sirius.

Remus levantó una ceja, escéptico. Los cuatro entraron en el vestíbulo, pero James se paró antes de entrar en el Gran Comedor. Remus le echó una mirada inquisitiva.

-Id comiendo vosotros, tengo que ir al lavabo.-dijo.

-Te acompaño.-dijo Sirius, y vio que Remus también lo miraba.-Quiero quitarme el olor de snargaluff de las manos.

Peter cogió a Remus del hombro.

-Vamos, Remus. Tenemos que comer, y además quiero que me expliques una duda acerca del encantamiento "Silencius".-dijo, y Remus y Peter entraron en el Gran Comedor.

Sirius y James se escondieron detrás de una de las armaduras encantadas del vestíbulo.

-¿Lo tienes?-preguntó Sirius.

Y James, sonriendo, sacó del bolsillo las seis hojas de mandrágora.

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¡Hola! Ya está aquí el capítulo 4, James ha conseguido las hojas de mandrágora sin ser descubierto y, lo mejor, sin saber Remus qué están tramando sus amigos. ¿Qué os ha parecido el comportamiento de Snape? ¡Os leo!

Amato animo animato animagus |Lily y los Merodeadores. Año Quinto|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora