Shoyo seguía recorriendo esas calles. Una y otra vez. Ya le era costumbre escuchar el paso de personas apuradas y ver cómo la gente iba sin mirar atrás.
No es que no fuera fan de ahí, pero prefería la tranquilidad de su ciudad. Su pueblito.
Hace poco había tenido la oportunidad de ir, quería ver a su hermana y madre después de tanto, dándose con la sorpresa que estaban bien, sanas y bien.
Ahora, en Tokio las cosas eran aburridas, no es que tuviera muchos cercanos por ahí ni tampoco es que el deseo lo obligarán a visitarlos.Parecia que, nuevamente sería un día aburrido.
Meneaba sus pies sentado en la banca de afuera, mirando a la gente pasar y jugando a pensar que pasaría por sus cabezas.
"Ella parece que va tarde al trabajo, sus tacones golpean repetidamente el piso aunque da pasos cortos."
"Él está relajado, capaz volviendo del turno nocturno."
"La de ahí es profesora, y muy probable de guardería, algunos dibujitos y modelos sobresalen de su mochila."
Sus ojos chismosos seguían así, hasta que vio aquella cabellera rubia que tantas veces en un pasado acarició. Tsukishima ya era un adulto, paso de su cabello corto a uno un poco más largo, luciendo su melena ondeada que le caía por su frente.
Emocionado, se levantó de aquella banca y comenzó a seguirle con pasos ligeros, como si estuviera caminando sobre plumas y nadie escuchara su andar. Fue un poco difícil seguir el rastro, era hora punta y el gentío era abundante.
Pero pudo. Tsukishima le daba una increíble fuerza de voluntad que pudo alcanzarlo.
Ya más cerca, aunque a una distancia prudencial pudo notar mejor el rostro de Kei. Había crecido. Fueron dejados atrás los rasgos aniñados que tenía, siendo ahora reemplazado por facciones maduras y que dejaba obviar su adultez.
Se quedó embobado.
En aquellos días donde estaban enamorados y juntos, Shoyo siempre le alabó lo hermoso que era. Dejando un beso en cada parte que le decía a Kei que le gustaba.
En eso, pudo notar como era objeto de la mirada de un cachorro, que incluso había dejado atrás su reconfortante camita para seguirle.
Genial, ahora Kei tenía a dos que le seguían.
Y, como si el can fuera a contar lo que sus inocentes ojos presenciaban, Hinata llevó su dedo índice a su boca susurrando un "Shhh".
En un momento, cuando menos se dio cuenta, habían llegado al cine. Por lo que podía observar en cartelera era de los primeros días de estreno de una película de ficción. Bueno, una película que sí le gustaba a Kei y podía entender porque llegó hasta ahí.
El rubio lucía algo nervioso e impaciente, aunque no se notará tanto por fuera Shoyo lo había aprendido a leer como si fuera su libro favorito. Ignorando el hecho que no le gustará leer, sería mejor decir como si fuera su manga favorito.
En eso y antes que los ojos marrones del peli naranja se dieran cuenta, una figura de una mujer paso por su lado. Era una joven, con cabello rojizo y de baja estatura, y muy bonita.
Con cercanía y familiaridad se acercó a Tsukishima, dejando un poco de distancia entre ellos. Estaban torpes y nerviosos, pero se le notaba aún más a ella.
Shoyo se quedó parado, paralizado y procesando. Hasta que, una idea egoísta cruzó por su mente por un microsegundo.
"Ojalá que no sea tan feliz como lo fue conmigo"
No. Se reprendió de inmediato. Se lamenta que eso haya abarcado sus pensamientos aunque fuera menos de un segundo.
Kei se merecía todo.
Shoyo lo había querido profundamente, no, lo seguía queriendo, lo quería tanto que no hubiera sido justo que ahora Tsukishima no fuera feliz, que no hubiera superado las cosas.
Kei tenía que seguir adelante a como de lugar y en todo ámbito de su vida, aún en el romántico.
Shoyo era perfectamente consciente de que su partida le había afectado en demasía, y peor en el contexto que lo sufrió, con una pelea horas antes de ello y que dejaron las cosas inconclusas. Sin hablarlas.
Y, si en verdad estaban destinados, como en esos cuentos que su mamá le leía de pequeño sobre las "Almas gemelas" tal vez se podrían encontrar en su próxima vida.
Sería muy lindo volver a jugar voleibol juntos.
Es ahí cuando se sintió más ligero de lo normal, sus pies de a poco se alejaban del suelo y las calles de Tokio que tanto tiempo contempló se veían lejanas.
Ya podía descansar en paz.
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Siento que entraría en la categoría de "amar", buscando según Mr.google que son sinónimos, aunque es obvio que hay diferencia de intensidad, igual espero que se haya entendido. c:
¿Alguna duda respecto a esta historia? (❁'◡'❁) (Estos emojis de google son todo lo bueno que hay en este mundo)