12. LA CHICA PASADA

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— ¿Karen?

Había pasado un día nefasto, de lo más agotadoramente mental posible. Había evitado a James y a su socia todo lo posible. Por otro lado Margaret había intentado ponerles al día, tanto de exposiciones, de reservas artísticas—todas bien conservadas y enfundadas en el almacén—, así como de las cuentas. Cosa que la mujer entregó a Karen de buen grado para quitarse un peso de encima. Margaret, al igual que yo, no era una mujer de cuentas y se había visto aliviada al volver a su trabajo como conductora del local. La mujer había respondido a todas las preguntas de los nuevos jefes lo más natural y amable posible, para poder así comenzar una nueva etapa laboral de lo más discernida posible.

"— ¿Tú sabías algo?—me había preguntado la mujer tras mi charla con mi novio en el despacho"

"—Te prometo que no"

— ¿La rubia Karen de piernas largas?—insistió Tyler al otro lado del sofá—. ¿Esa Karen?

James se había metido en la ducha nada más llegar, así que yo me había dado prisa por contarle a Ty todo lo que había pasado aquel día. Él me había dicho que no sabía nada, pero mentía, ya sabía cuando uno de ellos me mentía, sin embargo lo dejé pasar por que no quería discutir más.

—No sé a cuantas Karen conocéis—puse mala cara—. Pero esa tía se pasaba de mimosa.

—Sí, siempre fue una fresca—rió Tyler—. Por eso James la dejó.

— ¿La dejó?—levanté una ceja y me giré ahora de nuevo enfadado—. Espera ¿James salió con esa tía?

—Sí—él dudo, como si ya supiera que había metido la pata—. Estuvieron juntos hace unos tres años, antes de que tú llegaras a West Hampton.

— ¡Genial!—me puse de pie y salí pitando hacia el balcón. Por suerte la asistenta, Eve, ya no estaba allí. Aunque había dejado la cena hecha—. Ahora resulta que su nueva compañera es su antigua novia.

—Seguro que no es nada—Tyler me siguió hasta la barandilla, se colocó detrás de mí y me pasó las manos por los brazos—. Karen es solo el pasado de James.

—Eso no hace que esté menos enfadado con él—siseé—. Casi ni puedo mirarle a la cara. Estoy tan cabreado... Contigo también—añadí—. A partir de ahora me contareis todo lo relacionado con esta casa, yo también tengo derecho a decidir. Si no es así, se acabó la convivencia.

— ¿Es una amenaza?—ironizó Tyler antes de darme un beso en el cuello.

—Es una obviedad—me giré, me aparté de él y luego entré de nuevo en la casa—. Me voy a la cama, no tengo hambre.

Corrí hacia las escaleras y subí hasta el cuarto principal. James estaba desnudo dentro del vestidor, así que yo corrí hasta el baño y me metí en la ducha. El agua limpió casi todo mi mal humor, aunque aún seguía enfadado cuando volví al cuarto. James estaba sentado encima de la cama, esperándome con las manos sobre las rodillas y la mirada perdida. Yo pasé de él y me puse el pijama para dormir. Luego abrí el balcón para que entrara el aire, descubrí la cama y me tumbé en un lado.

— ¿No vamos hablarlo?—suspiró él tras varios minutos.

—No, ahora no quiero hablar—susurré—. Has tenido muchos días para hablar y no lo has hecho, además, como tú has dicho ya está decidido ¿no?—tomé aire—. Déjame, quiero dormir.

—Como quieras—él se puso de pie y me enfadó que pasara de mi malestar.

—James—me giré, agarré la almohada del otro lado de la cama y se la lancé con fuerza, él la cogió en el aire y la miró confuso antes de mirarme a mí del mismo modo—. Hoy duermes en el sofá.

Sol de MedianocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora