Seguía siendo preocupante el tema del sol, ¿Qué diablos había pasado para que el sol no saliera más? Comenzaba a enloquecer con todo lo que sucedía, llevábamos alrededor de 3 días en completa oscuridad tratando de no ser asesinados por esos monstruos, tuvimos que seguir nuestro camino y conforme avanzábamos más complicado resultaba llegar al domo, me preocupaba que no hubiera nada, que quizá solo fuera un rumor que había escuchado Ethan, si no encontrábamos un lugar donde pudiéramos estar seguros entonces nuestra muerte estaría garantizada.
—¿Podrías decirle a tu novio que deje de silbar? Comienza a desesperarme.
—Tienes un pésimo humor, Zachary —comentó Ethan despreocupado.
La paciencia de Zach se agotó. Se acercó de golpe y puso el cañón de la pistola en su sien.
—Mira niño bonito, estamos tratando de no ser vistos ni escuchados y no estás facilitando las cosas. Así que guarda silencio o yo te obligaré a hacerlo, ¿de acuerdo?
—S-sí señor —balbuceó Ethan, tragando saliva.
El silencio se apoderó de nosotros mientras seguíamos avanzando. Cada paso crujía demasiado fuerte bajo mis botas; el miedo me pesaba más que la mochila en la espalda. Caminar en medio de esa oscuridad era una tortura: en cualquier instante podíamos toparnos con ellos. Y no quería convertirme en uno de esos cuerpos vacíos... no quería que nadie más lo hiciera.
Las calles eran un cementerio abierto. Carros chocados, ventanas rotas, sangre impregnada en el asfalto. Cuerpos por todas partes. A veces me preguntaba cómo seguíamos vivos los tres, cuando todo lo demás había sido arrasado.
—Guarden silencio y quédense detrás de mí —ordenó Zach.
Uno de ellos apareció al otro lado de la calle. Se movía con lentitud, como una bestia en letargo. La escena parecía sacada de una de esas películas de terror en pausa, en las que sabes que el monstruo solo espera el momento exacto para despertar. Decidimos dar la vuelta, pero no alcanzamos a dar más de tres pasos: otro infectado bloqueaba el camino.
Estaban en todas partes. Algunos ni siquiera tenían ojos ya, pero podían oler. Esa era la desventaja, que Zach todavía sangraba.
—Gracias por traerlos hacía nosotros, Zach. —espetó.
—Zachary para ti, y te recuerdo que no soy el único que está herido.
La herida en el abdomen de Ethan empeoraba con cada movimiento. Necesitaba ayuda, pero no habíamos encontrado nada útil ni en la cabaña ni en las calles.
Tenía que encontrar algo para ayudarlos y pronto.
—Yo no soy el problema aquí —insistió.
—Ethan —lo aparté un momento—. Mira a tu alrededor, los infectados están en todas partes, ¿crees que este es un buen momento para ponerte a pelear con Zach?
Me miró con frustración, sabía que tenía razón.
—Hay algo que no termina de convencerme en él, Rachel.
—Sabes algo que yo no, ¿cierto?
Lo vi dudar en su respuesta. Sus labios se movieron, pero no salía nada. Yo mantenía la vista en los infectados, calculando cada distancia. Todavía no nos habían olido, pero no sé cuánto tiempo más correríamos con esa suerte.
—¿A qué te refieres? Tú y yo tenemos la misma información. Zach apenas habla de sí mismo.
—No. —Había algo en su mirada que lo delataba—. Recuperaste tus recuerdos. Al menos la mayoría, ¿verdad?
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PROGRAMA F3 Libro I y II
Science FictionLa ciudad estaba en completa oscuridad, pero ellos no se encontraban solos, Rachel, Ethan y Zach, 3 desconocidos con una cosa en común: el miedo a morir. Deberán sobrevivir a las criaturas de la noche y llegar al domo, un lugar que promete ser su s...
