Viernes, cada vez faltaba menos para terminar la semana y era desconcertante ver como cada día morían más personas.
Nos habían advertido que serían pruebas duras, pero nadie mencionó que nos obligarían a caminar por la línea invisible entre lo ficticio y lo real. Pasábamos horas dentro de esas máquinas, creyendo que nada podía lastimarnos, que todo era parte de un juego mental. Pero no lo era. El error fue darlo por sentado.
El día anterior, una chica había fallado. Creyó que lo que veía no era real, que apuñalar a su amigo no tendría consecuencias. Y todos vimos después su cuerpo inerte, la sangre, el horror en los ojos de quienes la rodeaban. La simulación se había convertido en sentencia. Nadie nos dijo nunca que, en realidad, había vidas colgando de nuestras decisiones.
Esa certeza me desmoronaba. Recordé mi primera prueba. Recordé la desesperación en mis manos, el filo de la posibilidad de haber matado a Ethan si me hubiera equivocado. No lo habría soportado. Ahora, todo parecía dudoso. Los límites se difuminaban. Lo falso y lo verdadero eran casi lo mismo, y ya no sabía de qué lado estaba caminando.
—¿Estás bien?
Me sobresalté al escuchar su voz. Alex se sentó a mi lado con una naturalidad extraña, como si vernos y hablar ya fuera parte de su rutina.
—Lo siento —intentó no reír—. ¿Sigo asustándote?
—¿Puedes culparme?
Me pasaba últimamente, el más mínimo ruido me ponía en alerta. Ya no confiaba en nadie.
—Has salido a correr fuera del campo tratando de que esos zombies no te maten, ¿y te asusta mi voz?
—Irónico, ¿verdad? —el recuerdo de Ethan llegó a mi mente, tenía que concentrarme—. ¿Te puedo ayudar en algo?
—No te he visto mucho, pensé que algo te había pasado, aunque lo dudo, tu nombre sigue en la primera posición.
La frase me pesó más que cualquier insulto. Esa maldita «primera posición» era lo que me señalaba ante todos. Medio campamento me odiaba solo por eso.
—Sí bueno, solo estoy agotada es todo. Es poco el tiempo que nos dan para comer, para ducharnos, para si quiera respirar sin tener que pensar que estamos constantemente en riesgo.
—Creo que te han estresado las simulaciones.
Su tono fue tan neutro, tan tranquilo, que me volteé a verlo incrédula.
—¿Y a ti no? La chica de ayer mató a su mejor amigo ¡Solo porque creyó que era una simulación! —grité—. ¿Y adivina qué? No les importó a los fundadores volver las simulaciones jodidamente reales.
—Rachel, debes calmarte.
Intentó tocar mi brazo, pero me aparté de inmediato.
—¡No me toques!
El silencio se volvió tenso entre los dos. Su expresión cambió de preocupación a incomodidad, un gesto rápido de retirada. Me arrepentí al instante.
—Lo siento, Alex —traté de calmarme—. Como dije todo ha sido estresante y estoy cansada, mis simulaciones se vuelven más y más complicadas y temo que en algún momento realmente esté lastimado a...
—Ethan —apartó la mirada—. Descuida, es un chico listo, debe estar bien.
—¡Alexander Coleman!
—Creo que es mi turno. —Miramos al entrenador a lo lejos—. Te veo después.
Quería relajarme un poco, tener al menos algo de tranquilidad por un momento, pero mi madre arruinó también eso, no sabía qué hacía ahí, pero se estaba acercando a mí, caminando con tranquilidad, mirando a su alrededor como si todo le pareciera asqueroso, por ser una fundadora sentía que tenía el poder absoluto de las cosas.
ESTÁS LEYENDO
PROGRAMA F3 Libro I y II
Ciencia FicciónLa ciudad estaba en completa oscuridad, pero ellos no se encontraban solos, Rachel, Ethan y Zach, 3 desconocidos con una cosa en común: el miedo a morir. Deberán sobrevivir a las criaturas de la noche y llegar al domo, un lugar que promete ser su s...
