Habíamos corrido con suerte. En la comisaría donde nos encontrábamos estaba la caja de píldoras que necesitábamos para regresar al domo. Con la ayuda de Alex la búsqueda fue más rápida: la encontraron en un almacén subterráneo, resguardada tras varias rejas metálicas y candados que demostraban lo valioso que era ese botín.
Cada cinco años los policías ampliaban esas instalaciones, y aquella comisaría ya parecía un laberinto con pasillos interminables y cuartos ocultos.
El alivio de encontrar la caja no duró demasiado. Ahora venía lo difícil: infiltrar a Jack dentro del domo. Los fundadores tenían un expediente detallado no solo de cada joven del Programa F3, sino de cada persona que vivía tras sus muros. ¿Qué ocurriría si usaban alguna tecnología para detectar intrusos? No lo sabíamos. Pero una cosa sí estaba clara: no dejaría morir a mi amigo aquí. No después de haber descubierto la verdad.
—¿Entonces cuál es el plan? —soltó Alex de la nada—. No podemos llevar a Jack y lo sabes. Lo descubrirían de inmediato.
—Te di un voto de confianza —le recordé—. Lo menos que puedes hacer es darme uno a mí también.
Lo conocía. Esa expresión más seria de lo normal, acompañada del silencio obstinado, era señal de que lo estaba convenciendo.
—Alex.
Al pronunciar su nombre se acomodó contra la pared, suspiró y luego propuso:
—Bien. Hagamos de esto una democracia.
—Vete al diablo —espeté.
—Quién esté de acuerdo en llevarnos a Jack con nosotros levante la mano.
Las manos se alzaron una tras otra, incluso Jack entusiasmado la levantó convencido de querer ir con nosotros. El único que se quedó inmóvil fue Alex.
—Creo que la democracia habló —mencionó sin poder ocultar la ironía.
—Ya lo noté, Ethan. Gracias.
Estaba molesto, no había duda de ello, para Alex, Jack representaba una gran amenaza, sin embargo, también era un peligro para nosotros y habíamos decidido tomar el riesgo. Fue entonces que Gael rompió el silencio.
—Podríamos inyectar a cuantos zombies encontremos en el camino. Así demostraríamos a los fundadores que existe una cura, que no se trata solo de exterminarlos. Si Jack pudo resistir, entonces los demás también podrían hacerlo.
—Estoy de acuerdo con él, pero no tenemos suficiente anestesia o sea lo que sea que le hayan puesto a Jack. —agregó Cristina.
—Puede que no, pero si seguimos buscando aquí seguramente encontraremos la caja que Alex había mencionado.
El comentario de Richard me hizo pensar, podríamos correr con la suerte de encontrar más de una caja. Tenía que averiguarlo.
—Ustedes quédense aquí, veré si puedo encontrarlas.
—Voy contigo —dijeron Ethan y Alex al mismo tiempo.
Esto solo se volvía más incómodo. Me miraban, esperando que escogiera a uno, tuve que pensar con la cabeza fría.
—Creo que Jack se sentiría menos preocupado si tiene un rostro familiar cerca.
Ethan había entendido que le pedía que se quedara.
—Descuida, hermano, yo la cuidaré bien —palmeó su espalda.
Ethan de inmediato reaccionó.
—¿Qué dijiste, idiota? —Lo empujó con tanta fuerza que Alex chocó contra la pared.
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PROGRAMA F3 Libro I y II
Science FictionLa ciudad estaba en completa oscuridad, pero ellos no se encontraban solos, Rachel, Ethan y Zach, 3 desconocidos con una cosa en común: el miedo a morir. Deberán sobrevivir a las criaturas de la noche y llegar al domo, un lugar que promete ser su s...
