Capítulo 19: Un nuevo código

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Nos tomó horas llegar; el miedo nos invadía. No era divertido andar de noche escapando de aquellos zombies. Para nuestra fortuna, el sol había vuelto a salir, y ahora que el causante de tanta oscuridad estaba muerto, tendríamos muchos amaneceres más por disfrutar. Pero el camino no sería sencillo.

Escapábamos constantemente de quienes querían deshacerse de nosotros o, en su defecto, devorarnos. Encontramos un par de lugares que mantenían nuestras motos en perfecto estado: ventaja de contar con alta tecnología.

Finalmente llegamos. No había nadie más que nosotros, al menos no a la vista. El exterior de este nuevo domo lucía algo desgastado, viejo, abandonado. Layla había comentado que su estructura no era estable del todo, así que con cada defecto que encontrábamos en el lugar nuestras posibilidades de seguir con vida se reducían.

Me acerqué, intentando averiguar qué era lo que debía hacer y cómo es que podría activar el domo. Analicé el panel por varios minutos.

—¡Tómate tu tiempo, Rachel, no hace frío, te apoyamos! —gritó Jack a un par de metros de distancia y vi como Alex lo golpeó—. Solo quiero que sepa que tiene nuestro apoyo —habló en respuesta a aquel golpe.

¿Qué si estaba nerviosa? Claro que sí, pero esos nervios se convirtieron en terror en el momento en que vi bajar a Joe de la camioneta y otras tantas empezaron a llegar. Estas personas dependían de que yo activara este domo y no tenía la más mínima idea de cómo hacerlo. Él se acercó a mí.

—Necesito más tiempo —observé el miedo en su mirada, algo nuevo en él.

—Eso es justamente lo que ya no tenemos. De camino acá nos encontramos con varios de ellos, Rachel, esos zombies vienen hacia nosotros. Una vez que se alimentan no saben cómo parar, las camionetas sirvieron como ventaja, pero si no abres este domo estaremos perdidos.

—Son seis números, hay billones de combinaciones y no sé cuál es la correcta.

Mantuve la mirada al frente, como si por arte de magia la combinación fuera a aparecer.

—Cinco minutos. Es lo más que puedo darte antes de que tengamos que enfrentarnos a ellos.

—De acuerdo.

De manera inconsciente sentí como si toda mi vida pasara frente a mis ojos solo para tratar de recordar cuáles podrían ser los malditos números que necesitaba.

—Jerry, el gran Jerry, era un genio —susurró Jack, tranquilo a mi lado, ofreciéndome un poco de calma para pensar con claridad—. No pudo haberse equivocado contigo.

—Pues siempre hay una primera vez.

—Eso creo —nuestras miradas estaban fijas en la entrada del domo—, pero esta no será la primera vez que él se equivoque.

—Lamento interrumpir la charla emotiva —se notaba el sarcasmo en la voz de Alex—. Ya están aquí, tus cinco minutos ahora se han transformado en uno.

—¿De qué rayos estás hablando? —pregunté alarmada.

—Ethan, Joe y otros chicos ya tomaron sus armas. Se pueden ver a lo lejos. Si quieres salvarnos, recuerda el código. Los tendremos cuanto podamos.

Miedo, a decir verdad, era terror lo que estaba sintiendo en ese momento. Mi respiración comenzó a acelerarse al igual que los latidos de mi corazón.

—Bueno, Rachel, olvida que tenemos frio y concéntrate en salvar nuestras vidas, solo debes recordar cuál es el código. Papá debió darte alguna pista.

—Código...

Entonces recordé: al ingresar al campamento, me habían asignado un código especial. Los guardias aseguraban que el creador de las simulaciones, Jerry, había asignado una serie de números para cada integrante del Programa F3. Solo él podía crear algo así.

PROGRAMA F3 Libro I y IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora