Capítulo 20: Los líderes

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Ya oscureció. El cansancio se siente como una piedra colgada de mi espalda: llevamos todo el día revisando los documentos que Joe nos entregó y nada parece suficiente. Los líderes estarán aquí mañana, y aunque intentemos convencernos de que tenemos un plan, la verdad es que solo acumulamos frustración.

Las personas dentro del domo confían en mí. No sé por qué. ¿Será porque soy hija de dos fundadores? ¿Porque fui la única que tuvo el código de activación? O tal vez porque nadie más se atrevió a cargar con este peso. La sola idea me asfixia.

—¿Y entonces cuál es el plan? —pregunta Jack alejándome de mis pensamientos—. Quiero decir se supone que vienen mañana.

—Pues no les ofreceremos galletas y café si es lo que esperan —se recarga en el respaldo de la silla cruzándose de brazos.

—Podríamos envenenar las galletas —agrega mi amigo.

Me mantengo concentrada en la pila de papeles frente a nosotros, necesito dormir o me volveré loca.

—¿Qué opinas, Rachel?

—Perdón, ¿qué?

Ethan se inclina hacia mí y toma mi mano.

—Necesitas descansar. Ya veremos qué hacer mañana.

—Tenemos las vacunas —me obligo a no apartar la mirada—. Sé que Joe nos pidió que esperáramos, pero esta es la prueba de que ellos tienen esperanza, existe una cura y si no la usamos entonces estamos siendo igual de egoístas que los fundadores. No quiero convertirme en ellos.

Mi voz se quiebra. Un nudo me aprieta la garganta.

—Rachel, todo saldrá bien —Jack trata de sonar animado, aunque en sus ojos noto el mismo miedo que me persigue a mí—. Mañana les demostrarás a los líderes que se equivocan.

—Sí, y a esa tal Rebeca, cuando vea que conseguiste una cura no tendrá dudas y estará de nuestro lado. Le quitarás de la cabeza esa estúpida idea de preservar el programa.

De verdad quería creer que sí, que una vez más podríamos salir de esto, pero siempre que nos libramos de un problema llega otro mayor y arruina nuestros planes.

—O bien mañana puede ser el día en que muramos, todo puede suceder —solté

—Que negativa —mi amigo se cruza de brazos—. Vete a dormir, que tu cansancio está afectando las pocas neuronas que te quedan.

—Vamos —Ethan me ofrece su mano.

Nos despedimos de Jack. Ahora que había vuelto a ser humano, necesitaba descansar tanto como cualquiera de nosotros. Los pasillos estaban custodiados por guardias jóvenes, chicos que habían perdido todo en los campos de entrenamiento y que, aun así, decidieron tomar un arma para proteger a los demás. No era lo que quería para ellos, pero entendía que esa vigilancia nos daba un poco de paz.

Nuestra habitación estaba a unos pasos del área de comandos. Bastaba con salir corriendo para estar lista en caso de emergencia. Ethan se quitó los zapatos y se dejó caer en la cama con un suspiro. Yo me cambié rápido y me metí junto a él. No tardó en atraerme contra su pecho, como si necesitara asegurarse de que no iba a desaparecer.

—Estás preocupada —murmuró.

—Pues de que mañana me maten, sí, un poco.

Rió con suavidad, y ese sonido fue lo único capaz de relajarme.

—No morirás.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Porque no dejaré que eso pase.

PROGRAMA F3 Libro I y IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora