Capítulo 30: Lluvia

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—Aquí estás —Jack llega y se acuesta a mi lado sobre el césped.

No decimos nada durante un buen tiempo. Nos centramos solo en ver el cielo. Esperaba ver un bello atardecer, un cielo quizá con diferentes tonalidades de rojo, en cambio todo lo que veo es un cielo gris que empieza a llenarse de nubes negras; el viento helado recorriendo nuestro cuerpo, parece que incluso el clima sabe lo que se avecina.

Nadie está preparado para esto.

—¿Cómo te sientes?

Creo que Jack es de las pocas personas que en verdad me entenderían, así que me sincero con él.

—Estoy asustada. Nunca imaginé que tendría que hacer algo como esto —intento organizar mis ideas—. Hasta hace unos meses todo era perfecto, estaba a nada de terminar con entrenamientos, ya estaba lista, tú ya te habías convertido en el mejor de todo el hospital, Ethan estaba conmigo y las cosas empezaban a salir bien para él, ¿qué cambió?

Mi mente últimamente lidiaba con ese tipo de pensamientos. Me aferraba al pasado como si hubiera algo de él que pudiera recuperar, cuando sabemos que no es así.

—La vacuna, Rachel —suspira con tristeza—. Si la hubieran analizado un poco más de tiempo habrían notado que algo estaba mal y nada de esto habría sucedido.

—¿Crees que fue culpa de mi madre? Digo, ella se encargaba de todo eso.

—No. Creo que culpar a tu madre sería muy injusto. No toda la responsabilidad debía caer sobre ella, había más personas involucradas ellas también debieron notar la falla. —asiento despacio—. ¿La extrañas?

Mentiría si dijera que no. No importa todas las atrocidades que cometió, de cualquier manera, era mi madre y nada cambiaba eso.

—A veces —seguía observando cómo las nubes se movían con lentitud—. ¿Tú cómo te sientes con todo esto?

—Igual o más asustado que tú —confiesa. No lo miro, pero apuesto a que está sonriendo—. Las peleas y enfrentamientos con zombies no son lo mío, creo que eso debería dejárselo a los policías.

—Sabes que no tienes que venir, ¿cierto? La oferta de quedarte en el domo sigue en pie.

—No te voy a dejar sola —suelta con naturalidad, como si la única que no lo entendiera fuera yo.

—Porque somos el dúo perfecto, ¿no?

—Y siempre lo seremos —sostiene mi mano y giramos la cabeza para vernos. Hay algo en su mirada tranquila que me da esperanza—. Vamos a estar bien. No tienes de qué preocuparte.

—¿Cómo lo sabes?

Si hay alguna manera de saber cómo saldrá la misión, soy todo oídos.

—En nuestra divertida y especial relación siempre he sido yo el optimista. Tengo que desempeñar bien mi papel —aprieto aún más su mano.

Le debo tanto a Jack que me aterra la idea de no poder compensar ni una pequeña parte.

—Te prometo que obtendré la cura para Jerry.

—Eso lo sé. Nunca he dudado de ti —más animado se levanta y estira su mano—. Hay un par de grupos que organizar, tienes que dar el discurso —la acepto y me ayuda a ponerme en pie.

—¿Discurso?

—¿Qué no has visto lo que pasa en las películas? —pone los ojos en blanco—. Necesitas motivarlos para que vayan contigo, no solo se llega a dar órdenes. Ellos deben confiar en ti.

Genial, ahora debo pensar en algo convincente para las tropas.

—¿Desde cuándo te volviste un experto en todo esto? —me crucé de brazos.

PROGRAMA F3 Libro I y IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora