Mientras me aferro a Alex y la moto avanza a toda velocidad, siento que el viento me arranca más que el aliento: me arranca las dudas que intento callar. ¿Hice lo correcto con Ethan? ¿En verdad estaba arrepentido o solo fue otra de sus maneras de confundirme? No lo sé.
Y entonces, ese beso. Besar a Alex quizá no fue la mejor decisión, lo sé, pero tampoco puedo negar lo que sentí. Durante unos segundos a mi alrededor todo se desvaneció, el dolor, el miedo, todo. Por primera vez en días me sentí segura. ¿Es eso una traición? No me atrevo a responderme.
No hay tiempo para eso. No puedo permitirme debilidades. Mis padres nunca las tuvieron y juré cumplir lo que deseaban. Lo importante ahora son las curas, Jerry, Jack, la destrucción del programa. Y más que nada, la muerte de Rebeca. Ella escogió este camino, y yo también.
Al cruzar los muros del domo respiro de verdad, como si por fin mis pulmones recordaran cómo hacerlo. Apenas pongo un pie dentro, Joe y Enzo corren hacia mí y me estrechan entre sus brazos.
—Parece que alguien me echó de menos —digo tratando de lidiar con todas estas emociones.
—¿Bromeas? —Enzo me aprieta con fuerza—. Esto ha sido un caos desde que te fuiste.
—El chico tiene razón —añade Joe—. Contábamos los días para que volvieras.
—¡Oigan! —se queja mirándolos con el ceño fruncido—. Fui un buen líder en su ausencia, díselos, Megan.
—Oh, sí, el mejor líder.
—No te fíes —murmura Enzo cerca de mí—. También entró en pánico.
—Ya lo creo —le aseguré.
Durante unos minutos me ponen al tanto de lo más urgente que ocurrió en mi ausencia. Lo relevante o al menos lo que nos importa para sobrevivir. Aun así, siento que debajo de sus palabras se esconde el peso de algo mucho más grande, algo que no quieren decirme.
—A puesto a que Rachel les agradece toda su ayuda, pero si me disculpan —Jack me sujeta del brazo—. Esta mujer está a punto de desmayarse, necesita descansar.
—Pero —intento protestar.
—Pero nada. Primero descansas y después averiguas como deshacerte de lo loca.
—Jack
—No lo voy a repetir.
Cedí, no porque quisiera, sino porque él tenía razón. Necesito estar centrada en lo importante y si los guardias de Rebeca no acabaron conmigo, la falta de sueño lo hará.
Alex me dedica una última mirada antes de apartarse.
—Estará bien —susurra Jack—. Déjalo. Necesita algo de espacio.
Mi amigo me guió hasta el área de cuidados, justo a un lado del laboratorio. Permanecí sentada en la camilla mientras él iba y venía: conectaba cables, mezclaba líquidos, anotaba cosas en una tableta, revisaba datos en la pantalla que el pequeño dron había recopilado al examinarme minutos antes.
—¿Experimentarás conmigo, Colson? —pregunté con media sonrisa.
—Algo así.
Se colocó a mi lado con una jeringa en mano. El líquido naranja que contenía no me inspiraba mucha confianza, pero él sí. Siempre él.
Dejé que me inyectara y, en cuanto lo hizo, sentí como la pesadez de mi cuerpo desaparecía, como si me hubiera alimentado bien estos días y hubiera descansado.
—¿Qué me pusiste?
—Es una mezcla que aprendí a hacer en mis prácticas —respondió sin apartar la vista de la máquina—. Actúa como sustituto de alimento y simula el descanso. No es un milagro, pero ayuda.
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PROGRAMA F3 Libro I y II
Fiksi IlmiahLa ciudad estaba en completa oscuridad, pero ellos no se encontraban solos, Rachel, Ethan y Zach, 3 desconocidos con una cosa en común: el miedo a morir. Deberán sobrevivir a las criaturas de la noche y llegar al domo, un lugar que promete ser su s...
