Caminemos en medio de la oscuridad sin saber cuándo encontraremos un infectado, no usemos linternas, ni hagamos ruido y oh, no hay que detenernos a descansar. Claro, me parece una gran idea, a este paso seguro que morimos antes de llegar a un lugar seguro.
Por si no fuera suficiente, parecía que estaba lidiando con dos niños que no sabían cuándo quedarse callados, Ethan y Zach discutían cada pocos pasos.
—Eres un mocoso, ¿qué sabrás tú de esto? —escupió Zach, apenas por encima de un susurro.
—Creí que dijiste que estaban en todas partes —susurró Ethan—. Da igual si hablo bajo o si grito.
—Sí, pero si cierras la boca tendremos más posibilidades de llegar vivos.
—¿Quieren callarse los dos? —murmuré con los dientes apretados.
El silencio regresó por unos minutos. Caminábamos con cuidado desde que dejamos el auto, pero el vacío era engañoso. Sabía que tarde o temprano ellos nos encontrarían.
Cada esquina podía esconder a uno de esos monstruos. Cada sombra, un ataque. Y si no éramos lo bastante rápidos, probablemente moriríamos.
Las calles se volvían más desoladas a medida que avanzábamos: cuerpos inertes sobre el asfalto, ventanas rotas, paredes ennegrecidas por incendios recientes. El aire olía a óxido, ceniza y miedo.
Me tranquilicé un poco al ver una cabaña más adelante. A su lado, un edificio en construcción, lleno de materiales tirados en el suelo: tubos, maderas, clavos. Algo de todo eso podría servirnos.
—¿No te parece un poco desesperante Zach? —preguntó en voz baja.
—Sí —lo miré de reojo—. Me parecen muy desesperantes las personas que nunca saben cuándo guardar silencio, Ethan.
—Obvio que yo soy tu excepción. A mí me amas.
—No estés muy seguro de eso.
Antes de que Ethan pudiera responder con otra de sus provocaciones, me adelanté y le tapé la boca. Un infectado estaba a unos metros, de pie, inmóvil. Como si incluso ellos pudieran cansarse.
Ethan me quitó la mano con suavidad y me sostuvo de los hombros, transmitiéndome calma.
—No tiene ojos. Eso es una ventaja, si somos cuidadosos, no nos notará.
—Gran idea, solo que nos escuchará.
—Gran idea, niño —refunfuñó Zach—, pero aún puede oírnos. Y mira todo el material en el suelo. Para nosotros, esto es un campo minado.
—Por eso seremos cuidadosos, Zachy.
—Iré primero entonces.
—Yo opino que el policía vaya al final, si algo pasa puede protegernos.
Zach iba a protestar, pero levanté la mano pidiéndole silencio.
—Bien. Eso nos dará ventaja. Zach, al fondo.
Ethan avanzó con una cautela envidiable, pero cuando estaba por llegar al otro lado, tropezó con unos tubos. El estruendo rebotó contra los muros y la criatura sin ojos levantó la cabeza. No fue la única. Otros más salieron de la penumbra.
No tuvimos opción: corrimos.
Zach, para ganar tiempo, empujó más tubos detrás de nosotros. El ruido se mezclaba con los gruñidos, y las criaturas se abalanzaban con una rapidez que jamás dejaría de aterrarme. Eran tan veloces que, por momentos, parecía que seguían vivos.
Tras zigzaguear entre varias cabañas encontramos una abierta y nos metimos sin pensarlo dos veces. Escuchamos cómo la mayoría de los infectados siguió corriendo, pero uno se quedó justo frente a nuestra puerta.
ESTÁS LEYENDO
PROGRAMA F3 Libro I y II
Fiksi IlmiahLa ciudad estaba en completa oscuridad, pero ellos no se encontraban solos, Rachel, Ethan y Zach, 3 desconocidos con una cosa en común: el miedo a morir. Deberán sobrevivir a las criaturas de la noche y llegar al domo, un lugar que promete ser su s...
