Capítulo 17: Los fundadores

98 31 0
                                        

Este había sido el primer día en semanas en que todo parecía normal. El sol volvía a salir cada mañana, y los chicos y yo comentábamos lo extraño que era que, incluso sin él, la vida siguiera su curso. Nadie nos podía dar respuestas, así que nos resignábamos a aceptar que quizá jamás sabríamos qué había sucedido en realidad.

No había entrenamientos, no teníamos que salir de los muros ni atacar a los infectados... al menos no por ahora. Joe nos había dado un respiro, y siendo realistas, era un alivio sentirnos seguros, juntos: con Ethan, con Jack, con mi madre y con los chicos que ya se habían vuelto familia. Aun sin una cura, mientras estuviéramos unidos, podíamos soportar lo que viniera.

—Jamás te agradecí —me detuve frente a él—. Por tirarme aquel día al lago... de no haber sido por ti, seguramente sería una de ellos.

Ethan me miró y sonrió con sus hoyuelos marcados.

—Antes de que escaparas del domo, me dejaste una nota. No era difícil de entender; días atrás me habías contado lo que querías hacer, pero creí que te había convencido de no hacerlo. La nota decía: «Sabes que es lo correcto, no olvides que te amo». Y recordé que eres demasiado terca para quedarte de brazos cruzados esperando que las cosas simplemente sucedan. De haber sabido lo mucho que significaba para ti, te habría acompañado a cualquier lugar en vez de detenerte. Creo que ese ha sido mi gran error siempre.

—¿De qué hablas?
—Creer que eres la damisela en apuros que necesita mi ayuda... pero nunca la has necesitado. Zachary te crió fuerte, y yo... en parte, solo traté de detenerte porque estaba asustado.
—¿El gran Ethan Black asustado? —sonreí incrédula.
—Lo sé —rió—. Difícil de creer, ¿verdad? Pero es cierto. Cuando llegamos al domo, teníamos lo suficiente para vivir tranquilos, y no quería que nada cambiara. La simple idea de perderte me aterraba. Luego fui voluntario para ir a buscarte; nadie mejor que yo te conoce... Bueno, Jack no quiso dejarme todo el crédito, así que se ofreció también. La verdad es que no tendrías que agradecerme por empujarte al lago.
—Sabes que no lo habría logrado sin ti.
—Estoy seguro de que sí, pero gracias por darme un poco de crédito.

El día estaba soleado, todo en calma. El verde de sus ojos seguía teniendo un efecto hipnótico sobre mí; nada más importaba. Se acercó, tomó mi mejilla con suavidad, y en un instante, nuestros labios se encontraron.

El beso no solo era perfecto, sino que hacía que todo se sintiera bien, real. La fragancia de Ethan, su calor, su tacto, cada cosa que había hecho por mí... todo se condensaba en ese momento. Su lucha, su amor incondicional, sus riesgos... todo me había llevado hasta aquí.

Mientras lo besaba, supe con claridad que estaba completamente enamorada, y que no estaba dispuesta a perderlo nunca. Los días de investigación, las respuestas, los secretos del programa... nada importaba. Todo lo que necesitaba estaba aquí, con él.

—¿Te he dicho cuánto te amo?

—Sí, pero dímelo otra vez —sonreí.

—¡Te amo, Rachel White! —gritó a todo pulmón

Mi alegría se desvaneció de inmediato al notar que alguien más nos observaba. Mi madre apareció detrás de un árbol, y mi semblante cambió por completo.

—¿Qué ocurre? —Preguntó y aclaré mi garganta para hacerle notar que algo estaba pasando. Se dio la vuelta—. Layla, que bueno verte por aquí.

—Lo mismo digo —respondió con desdén y examinándolo de arriba abajo—. Lamento interrumpir su bella escena, pero necesito hablar con mi hija.

—Estoy ocupada.

—No, de hecho, yo ya me iba, tengo que ver si los chicos están bien —se acercó a mí y susurró antes de irse—. Sé amable con ella, solo está asustada.

PROGRAMA F3 Libro I y IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora