Capítulo 22: Sangre

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Volvimos al domo, no tenía idea de cómo sentirme. Mamá murió, dos veces. No la volvería a ver. ¿Por qué entonces no estoy llorando desconsoladamente? Supongo que todos llegamos a un punto en donde sufrir ya es debilidad, lo último que quiero es que el resto del equipo me vea siendo débil.

Al llegar, una camioneta se estaba alejando entre el polvo. Fruncí el ceño. Joe apareció en cuanto entramos, y noté que había varios chicos reunidos cerca de los árboles, jóvenes y adultos, algunos con la mirada perdida, otros expectantes.

—Joe, ¿de dónde ha salido toda esta gente? —pregunté.

—¿Los trajo esa camioneta? —añadió Jack, con gesto desconfiado.

—¿Cómo es que la camioneta puede irse sin ser atacada por esos zombies? —cuestionó Ethan, tenso.

—Son muchas preguntas, las respuestas deben estar aquí. El hombre que conducía la camioneta dejó esto para ti, Rachel.

Me entregó un sobre y lo abrí, había una pequeña nota. Reconocería esa letra en cualquier parte. Peculiar, inclinada, como si cada palabra hubiera sido escrita a prisa, pero teniendo cierto cuidado.

Te dije que rescataría a más personas. Estoy haciendo bien mi trabajo, jefa. No pienso descansar hasta que haya ayudado a todos los sobrevivientes, espero verte pronto, le dejé un pequeño regalo a tu novio.

Te quiero, por favor cuídate mucho y también cuida de estos chicos.

—Alex

—La envía Alex —guardé la nota en mi bolsillo—. Los rescató a todos, dijo que había un regalo para ti, Ethan.

—¿Alex preocupándose por mí? Eso es nuevo.

—¿Qué regalo? —Jack miró a los lados.

—¡Ethan! —gritó la mujer emocionada y corrió a sus brazos.

—¡Mamá! —claro que correspondió el abrazo.

Su madre lo abrazó con fuerza y lo llenó de besos como si se tratara de un niño pequeño, admito que aquella escena me conmovió.

—Estás viva —decía sin poder creerlo—. Creí que algo le había pasado a la camioneta en donde ibas. Mandé un grupo de rescate la semana pasada, pero no te encontraron, creí que...

—No digas nada más, cariño —sostuvo su rostro, su cabello rubio caía a los lados de su cara—. Estoy aquí, no me iré —derramó una lágrima—. Te he extrañado tanto.

—Y yo a ti, mamá.

—Y a ti también, hermosa —se giró para abrazarme—. Gracias por cuidar de mi pequeño.

—A estas alturas ya no sé quién cuida de quién —le sonreí de lado—. Me alegra verte, Amanda.

—A mi igual, Rachel.

—Seguro que estás cansada. Amor ¿por qué no la llevas a una de las habitaciones del tercer piso?

—Son las mejores —asegura su hijo—. Ven, te encantará.

Y sin más se marchan, aunque por trabajo no paramos, Joe regresa a su puesto, Jack tiene que arreglar algunos dispositivos y yo debo seguir preparando la ruta que tomaremos cuando vayamos a Bridgen. Eso y asegurarme que Rebeca no se meta en nuestros asuntos, se ha mantenido al margen, pero no sé cuánto tiempo lo seguirá haciendo.

Horas más tarde, me encontraba en el área de comandos. Llevaba tanto tiempo frente al holograma que ya las rutas se mezclaban en mi cabeza como líneas sin sentido. Había intentado una y otra vez encontrar una alternativa a las alcantarillas, pero inútil.

PROGRAMA F3 Libro I y IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora