Capítulo 27: Caos

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Sola, asustada y sin ningún arma para defenderme, no sabía en dónde me encontraba y tenía miedo de averiguarlo, hasta que las luces se encendieron. Alguien se encontraba detrás de mi quitando el nudo de las cuerdas que me tenían atada.

—Te he echado de menos —habló al terminar y se puso frente a mí junto con la mujer a su lado.

—Tiene que ser una broma —hablé incrédula—. Esto no es posible, están muertos.

Mamá y papá frente a mí. ¿Será que me estoy volviendo loca?

—Estamos aquí, ¿no es así?

Me levanté de la silla e intenté salir, necesitaba un código de acceso para poder hacerlo, así que me encontraba atrapada con mis padres. Es peor de lo que suena.

—No nos hemos visto en un buen tiempo y lo primero que quieres hacer es huir —bromea mi padre como si esta fuera una situación muy normal.

—Zach, déjate de rodeos.

Seguía buscando algo que pudiera ayudarme a escapar de este sitio.

—¡Y ahora me llama Zach! ¿Puedes creerlo, cielo?

—Imperdonable, hija, no tienes remedio.

—¿Dónde quedó la tierna chica que me llamaba papá?

Dejé de buscar y me giré para encararlo. Es muy cínico de su parte preguntar.

—Esa chica descubrió que su padre es el fundador de un programa que asesina a las personas —espeté.

—Hija, creí que ya había entendido que las criaturas de allá afuera ya no son personas.

Todavía tienen esperanza. Es a lo único que me aferro.

—Lo muerto, muerto debe permanecer, cariño —dice mi madre con calma.

No me interesa que piensen que yo soy lo peor. Debo ayudar a todas esas personas. Todos merecen una segunda oportunidad.

—De acuerdo, olvidemos a los zombies un momento —ambos rieron un poco al escuchar el término que usé—. Envían a chicos inocentes como cerdos directo al matadero, no les importa cuántas vidas han sido sacrificadas por el programa. Solo los envían y los dejan a su suerte.

—En eso te equivocas, Rachel —comenta mi padre—. Por un motivo existen los campos de entrenamiento, no enviamos a cualquier persona, primero los preparamos.

Y un carajo con esa explicación. No me tragaré el cuento de que todo esto es parte de un propósito mayor.

—¿Llaman a eso preparación? ¿Diciéndoles que si su nombre no está en la tabla no pueden seguir en el programa? Si no cumplen sus estúpidos estándares los dejan en el bosque y esperan a que los maten. Qué curioso que los zombies hagan su trabajo sucio. ¿Tienen más limpia su consciencia al no ser ustedes quienes los maten directamente?

Esperaba provocarlos, causar algún impacto en ellos. Nada parecía funcionar, seguían mirándose tan tranquilos. Una calma que comenzaba a revolverme el estómago, no pueden actuar como si nada más en este mundo importara.

—De alguna manera hay que motivarlos —dice mamá con una gran sonrisa.

—Les damos el equipo necesario para que sobrevivan, nunca los hemos dejado a su suerte, Rachel. Tú mejor que nadie debería saberlo.

—Es cierto, casi se me olvida que los obligan a ponerse un chip para saber dónde están.

—Se llama protección.

—Se llama querer tener el control, papá —corrijo.

Ambos intercambian miradas, mamá se aleja un poco de nosotros, no sé a dónde rayos va si se supone que este es un lugar cerrado.

PROGRAMA F3 Libro I y IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora