Capítulo 26: ¿Y qué si no funciona?

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—Lo entiendo, ha hecho suficiente, doc.

Alex intentaba mantenerse erguido, como si el dolor no lo estuviera atravesando por dentro, pero yo lo conocía demasiado bien: la fuerza en su voz era solo fachada. Llevábamos rato ahí, intentando contener sus heridas, y aún así había cortes demasiado profundos para ignorar.

—Necesito más instrumentos para poder

—No, no necesita nada, solo el conocimiento —entra Jack interrumpiendo—. Puedo curarlo si quieres.

No se dirigía al herido, mucho menos al doctor, sus ojos estaban fijos en los míos; y la verdad es que le tenía más fe a Jack. Nunca dudé de sus capacidades, he dicho que debió seguir los pasos de su padre, pero como médico era ejemplar.

—Bien, solo si te vas después de curarlo.

—Rachel —Ethan habló entre dientes—. Es tu amigo.

—Y un traidor como su novia.

—Compórtate —pidió—, Doc, me gustaría hablar con usted.

Ambos salieron y el silencio que dejaron atrás se volvió insoportable. Solo quedábamos Jack, Alex inconsciente de dolor y yo. Tres historias demasiado enredadas en la misma habitación.

Jack se colocó los guantes, sin pronunciar palabra, y activó un pequeño dron. El zumbido llenó el lugar mientras en la pantalla aparecían datos clínicos, órganos dañados, líneas rojas que marcaban zonas críticas. Su concentración era quirúrgica.

Hasta que tomó un bisturí.

—No hay anestesia, esto dolerá.

—¡Alto! Aún tenemos ese líquido —frunció el ceño—. Ya sabes, el que usó tu novia para dejarte inconsciente

Claro que el comentario no le agradó del todo.

—¿Y puede funcionar? —preguntó Alex con la voz apagada, antes de desplomarse un poco más en la camilla.

—Buena pregunta. ¿Tú qué dices, Rachel? —me miró molesto cruzándose de brazos.

—Con la cantidad suficiente te dará tiempo para curar las heridas y él permanecerá inconsciente, creo que no tengo que recordarte que sé cuanta cantidad usar, pero ¿tú qué dices, Jack? ¿Le hablamos a Megan y que nos diga cuánto usó en tu bebida o te fías de mí?

Hubo un silencio antes de que él volviera a hablar.

—Ve por un poco de agua.

Le sonreí de la manera más falsa posible, aunque por dentro me dolía la garganta de tanto tragarme lo que sentía. Vertí unas gotas del líquido en el vaso y se lo di a Alex. Él bebió de golpe, confiando en mí de una manera que ya no merecía.

—¿Cuánto tiempo se supone que tarda en hacer efecto? —preguntó.

Segundos después él ya se encontraba inconsciente.

—Todo tuyo. —Me aparté.

Me quedé en silencio, observando. Jack se movía con precisión quirúrgica, su respiración acompasada, la mirada fija en la herida mientras sus manos hacían cortes y cosían con una concentración que me sorprendía incluso a mí. Yo solo me limité a pasarle lo que pedía.

Hasta que habló.

—Veo que no olvidaste los nombres de los instrumentos.

Levanté la mirada.
—¿Bromeas? Te ayudé a estudiar. Me pediste que memorizara cada uno para cirugía.

Él sonrió de lado, apenas un gesto.
—Y valió la pena.

—¿En serio? A mí no me benefició en nada.

PROGRAMA F3 Libro I y IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora