Con la caída de Chernóbil, se han liberado los demonios de la organización científica más influyente de origen asiático: NEXODUS. Ahora, estos muertos en vida corren como herederos de una genética antinatural y una longevidad maldita en un mundo des...
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CAPÍTULO QUINCE
Ubicación: Bijlmer, Ámsterdam
—¡Señor Laufey! ¡¿Qué hace usted aquí?!—La confusión y la perplejidad juegan un papel crucial en el rostro de Katherine Hazard cuando el supervisor principal de NEXODUS nuevamente aparece en la puerta de su humilde hogar en el barrio. Ella retrocede con una mano en el pecho y su asombro se multiplica al contar tres, cuatro... No, cinco vigías en compañía del magnate Stefan Laufey. Su esposo Killian viene detrás de ella mas una escandalosa e imparable tos casi lo derriba. Katherine lo auxilia de inmediato, olvidando por completo la visita inesperada—. ¡Mi amor! Aguanta, eh... Te ordené que me esperaras en el sillón.
—¡¿Y dejarte sola?! —espeta Killian en su idioma con una indomable furia y un ceño fruncido. Tras enderezarse y fallar en el intento, su esposa le mira enojada—. Soy incapaz de quedarme tranquilo, y mucho menos con... la visita que nos ha llegado.
Katherine capta el movimiento de barbilla de su esposo desahuciado, señalándole al misterioso Laufey y sus soldados.
—Neh, hombre necio. —La pelirroja chasquea la lengua.
—Lamento interrumpir su mañana. Mi intención no es causarles molestias. Al contrario, si vine fue a darles una noticia que les interesa. —Mientras justifica su presencia con una sospechosa actitud despreocupada, Stefan se pasea hacia la sala de estar sin solicitar algún permiso. Los cinco vigías siguiéndole muy cerca y muy pendientes de su alrededor—. Primero que nada, NEXODUS se ve en el deber de trasladarlos a una casa segura.
—¿Trasladarnos? Eh, no sé si lo ha notado, pero este es nuestro hogar —protesta Killian encorvado.
—Entiendo la renuencia, pero se trata de su seguridad. Los grupos protestantes están atacando a las familias de los Superiores que se declaran fugitivos públicamente. Más temprano que tarde vendrán por ustedes y... pagarán por la ausencia de su hija.
El matrimonio Hazard comparte una mirada y llegan a un decisión unánime. Es Katherine quien se la transmite al supervisor: —Esto no es culpa de ella. Así que nos quedaremos, para siempre, por si un día nuestra hija quiere regresar a su hogar.
La aceptación y la retirada pacífica de Stefan es un espejismo perfectamente construido. Ese espejismo se desmorona en cuanto él cruza la puerta, marcha hacia el auto y hace una llamada. Solo una llamada.
—Plan B. Entrega la ubicación a los protestantes —él dictamina las instrucciones—. Dejemos que destruyan la casa.
Esa misma noche se cumple el Plan B al pie de la letra. La cantidad de atacantes se desconoce en su totalidad, pero definitivamente es la cantidad suficiente para llevar el pequeño y humilde hogar de los Hazard a la completa ruina en menos de veinte minutos. Usan bombas molotov y piedras en vez de antorchas y horquillas cuando el viejo reloj marca la una de la mañana y los Hazard están descansando sus penas.