14: Entre el cuerpo y el alma

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CAPÍTULO CATORCE

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CAPÍTULO CATORCE

Ubicación: desconocida

—¡Acaso perdiste la razón, Stefan! ¡Estoy segura de que así fue!

Generalmente, Alessandra Laufey no le alza la voz a su esposo, ni siquiera cuando está muy cabreada y es capaz de matar cualquier cosa que se mueva o respire a su alrededor. No obstante, la rabieta de la rubia es más por frustración que por disgusto. Eso es lo que Stefan sabe, y por esa y otras razones es que él no le teme a las explosiones de su esposa.

—Querida, lo que hice fue para beneficiarte —manifiesta el pelinegro, mirándola con una sonrisa sutil y traviesa.

—Beneficiarme... ¡asesinando a mis vigías!

Tsk. Esa es la menor de tus pérdidas. Hazard...

—¿Cómo que "Hazard"? ¿Por qué te atreves a llamarla de ese modo? —Alessandra gruñe e infla el pecho mientras lo acorrala. Como Stefan ocupa la silla detrás del escritorio de roble, la rubia pone las manos en la espaldera y se inclina sobre él. No obstante, su esposo no se acobarda por su arrebato—. Qué confianzas son esas, Stefan.

—Okey, es perturbador que me celes con esa muchachita que es sangre de mi sangre. Pero, como te conozco mejor que nadie, no me impresionan tus ocurrencias —expresa el pelinegro con una ceja alzada y Alessandra rueda los ojos.

—Aún no te perdono que te hayas ofrecido para engendrar a esa cría —masculla ella, encaramándose en el regazo de Stefan—. El Proyecto Génesis era un producto totalmente sintético. ¡A ti no te necesitaba!

—Y quizás por eso, ella fue un resultado exitoso. —Él acaricia las piernas de la rubia enganchadas a su cintura. Alessandra ronronea y pone una mano en la garganta del pelinegro, sus pupilas dilatadas—. Querida, ahora el Sujeto Cero demostró que es capaz de lo que sea para servirnos, para servirte como la diosa que eres. Ahora la Superior más poderosa de aquí está totalmente dispuesta a obedecerte.

Alessandra lo besa duramente, chasqueando sus dientes y rodando sus lenguas. Ella le muerde los labios con posesividad y aprieta su cuello hasta que lo siente endurecer bajo sus caderas demandantes. Stefan jadea y responde entusiasta a su dominio, por eso a su esposa le encanta frotarse contra su evidente excitación.

—No lo sé... Vas a tener que ser bueno y convencerme, mi amor —ordena ella luego de chupar el lóbulo de su oreja—. Ruega.

—Acéptala, querida... Por mí —gime Stefan, apretando el trasero respingón de la rubia en su regazo. Alessandra gruñe como una fiera territorial y lo hace sisear después de un tortuoso empujón contra su entrepierna palpitante—. Acéptala y el mundo será tuyo.

Nuestro —corrige Alessandra con una sonrisa lasciva, besándolo un poco más suave—. De los dos, porque tú eres mío. Total y completamente mío. Que no se te olvide.

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