04. ÁRBOL

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Remus Lupin x Severus Snape 

Aquel día su vida había cambiado verdaderamente, nunca se imaginó que el chico del que secretamente estaba enamorado, estuviera a punto de matarlo la noche anterior, aunque estaba consciente de que no era su culpa, no pudo evitar sentir miedo, sospechaba que el castaño tenía algo, tantos años viendo a la distancia le gritaban que ocultaba cosas, pero jamás imaginó que fuera un hombre lobo.

Potter lo rescato mientras le suplicaba que no dijera nada, por el bienestar de Lupin, que ellos jamás habían planeado esto, que todo era un error por parte de Sirius que este no había medido las consecuencias de lo que hacía, pero todo lo que decía el gryffindor era como si le hablaran de lejos, se separó del agarre de Potter el cual aún le tomaba el brazo, y de inmediato corrió dentro del castillo, quería estar solo, y aunque prácticamente dentro de su habitación nadie le hablara, no quería que nadie lo viera, ya que algunas lágrimas empezaban a escurrir por sus mejillas.

Dentro de la sala de menesteres el slytherin empezaba a pensar en lo que reflejaba el temor dentro de él y sinceramente el hecho de sentirse agredido había pasado a segundo plano, ahora lo que en verdad sentía era preocupación, no podía con la sola idea de pensar en todo lo que sufría Remus, lo complicado que ha de haber sido para él vivir bajo la sombra de su otra parte. 

No se había dado cuenta de las heridas ocasionadas por el castaño, si era honesto consigo mismo no era una gran diferencia para el adquirir una nueva marca en su torso y en su espalda, por lo que no le dio importancia y solo se trató la herida para que no se infectara, en ese momento en su cabeza sus pequeñas heridas no era su principal problema.

Al día siguiente, en el gran comedor al buscar con la mirada al hombre lobo lo encontró sentado frente a él, honestamente no esperaba que el otro le esquivara la mirada. Sirius y James intentaron en múltiples ocasiones pedirle que hablara con Remus, que le dijera que todo estaba bien, que calmara su mente y su culpa  pero no los quería escuchar, el no necesitaba eso, lo que en verdad ocupaba era ayudar al lobo dentro de Remus, en un futuro Lupin estaría mucho mejor con su ayuda que con un simple "no te preocupes no pasa nada, estoy bien."

Después de calmarse por la sorpresiva noticia, lo único que deseaba era intentar ayudarlo, empezó leyendo todo lo que encontraba en la biblioteca sobre hombres lobos, cualquier información era de suma importancia, hasta que en uno de aquellos libros, encontró la receta de la poción matalobos que según decían aquellas palabras era sumamente complicada de realizar.

Afortunadamente aunque no tuviera una posición importante en el mundo mágico, era el mejor en su clase de pociones y eso hizo que el profesor Slughorn lo incluyera en su club de las eminencias, por lo que después de una de las sesiones, la pequeña serpiente espero que todos se fueran a sus respectivas casas.

-Profesor, quería solicitarle un favor, como saber estoy muy interesado en el arte de las pociones y sin miedo de decirlo, puedo afirmar que soy el mejor de mi clase e incluso uno de los mejores alumnos que ha tenido, por lo mismo quiero pedirle que si puedo utilizar el salón y algunos de los ingredientes para practicar fuera del horario de clases y así mejorar mi técnica - aunque todo lo que había dicho Severus sobre sí mismo era verdad, el motivo real por el cual quería preparar pociones claramente no era ese.

Le tomó unos segundos a su maestro decirle que sí, era muy notorio el talento que tenía su pupilo, y mientras a él no le afectará, sino al contrario le beneficiara, porque los demás al ver el apoyo que le daba a su alumno quedaría bien antes las personas de su alrededor, no veía ningún motivo para poder negar tal petición.

Por lo que un par de días después, el de ojos negros comenzó su nueva rutina diaria, después de su ultima clase, la cual era herbología, se dirigía a perfeccionar la realización de la poción matalobos para Lupin, pasaba entre 4 y 5 horas entre los ingredientes y los olores de lo calderos, pero no le importaba, al contrario realizarlas era algo que le gustaba y más si ahora su incentivo era ayudar al licantropo.

Escribir o morirDonde viven las historias. Descúbrelo ahora