CAPÍTULO 7

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Capitulo 7: Tres son Multitud

Sakura se dio la vuelta y observó a la mujer que acababa de saludar a Neji con tanto entusiasmo.

—Hola, Ino —dijo él, refiriéndose a la elegante rubia con una encantadora sonrisa—. Ino Yamanaka, ella es Haruno Sakura.

—Señorita Haruno —repuso Ino con una inclinación de cabeza como saludo. Entonces, entornó los ojos—. ¿Nos conocemos?

—No lo creo —respondió Sakura.

—El rostro de Sakura aparece en la portada de muchas revistas —explicó Neji—. Es una de las mejores modelos de Tokio.

—Por supuesto —comentó Ino. Sakura observó cómo la mujer entornaba aún más los ojos, la examinaba y la catalogaba como mercancía inferior—. Neji, tendrías que haberme dicho que estarías aquí hoy. Podríamos haber pasado un rato juntos...

—Lo siento —contestó él—. De todos modos, no voy a estar aquí mucho tiempo. Además, he venido por negocios.

Sin que pudiera evitarlo, Sakura se sintió algo desilusionada por aquella afirmación. A pesar de que sabía que era una reacción ridícula, irguió inmediatamente la espalda. «¿No te lo advertí?», se dijo. «Tiene razón. Sólo estamos aquí por negocios». Entonces, recogió sus cosas y se puso de pie.

—Por favor, señorita Yamanaka, tome mi asiento. Yo ya me marchaba.

Se volvió para mirar a Neji y sintió una ligera alegría al ver que él se mostraba algo enojado por su apresurada marcha.

—Gracias por el almuerzo, señor Hyūga— le dijo. Al ver que él fruncía el ceño al escuchar su apellido, sonrió complacida—. Ha sido un placer conocerla, señorita.

Tras dedicarle a la rubia una cortés sonrisa, Sakura se dispuso a marcharse.

—¿No sabías que invitar a tus empleadas a almorzar era algo tan corriente, Neji?

Mientras se alejaba de la mesa, Sakura escuchó el comentario de Ino. Sintió el deseo de darse la vuelta y decirle a la mujer que se ocupara de sus asuntos, pero se controló y se marchó sin escuchar la respuesta del castaño.

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La sesión del día siguiente resultó más ardua. Con los brillantes colores otoñales del parque como fondo, las ideas que se le ocurrieron a Naruto fueron variadas y llenas de energía. Tal y como Neji había predicho, el día era luminoso y soleado. Hojas de tonalidades doradas y rojizas caían de los árboles y cubrían el suelo. Con aquella variedad de tonos, Sakura posó, corrió, arrojó discos voladores, se subió a los árboles, alimentó a las palomas y se cambió tres veces de atuendo a medida que iba pasando el día. A lo largo de la sesión, se sorprendió varias veces buscando a Neji, aunque en realidad no lo esperaba. La desilusión que sintió por su ausencia la sorprendió y la desagradó a la vez y se recordó que la vida sería mucho más tranquila si nunca hubiera puesto los ojos sobre cierto hombre castaño, alto y esbelto.

—Alégrate, Sakura-chan. Deja de fruncir el ceño —le ordenó Naruto, sacándola así de sus pensamientos. Con resolución, ella apartó a Hyūga Neji de su cabeza y se concentró en el trabajo.

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Aquella noche, introdujo su agotado cuerpo en la bañera y suspiró al sentir cómo el agua, cálida y perfumada, ejercía su efecto sobre sus doloridos músculos. Profundamente satisfecha de haber terminado el trabajo de hoy.

Aquella serie fotográfica era un proyecto muy importante y habría muchos días más como aquél. Además, aquel trabajo supondría un gran empuje para su carrera.

Aparecer repetidamente en una revista con la reputación y la calidad de la revista Hyūga le daría a su imagen un reconocimiento internacional. Además, con el apoyo de Neji, habría dado un paso de gigante para convertirse en una de las mejores top-models del país.

De repente, frunció el ceño sin saber por qué. «¿Por qué no me agrada esa perspectiva? Tener éxito en mi profesión es algo que yo siempre he deseado...». Cuando la imagen de Neji se abrió paso en sus pensamientos, sacudió la cabeza con fiereza para hacerla desaparecer.

—No, tú no —le dijo en voz alta a su imagen—. No voy a permitir que te introduzcas en mis pensamientos y confundas mis planes. Tú eres el emperador y yo tu humilde súbdita. Mantengámoslo así.

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Sakura estaba sentada con Sai en una de las discotecas más populares del momento. La música llenaba todos los rincones, inyectando el ambiente con su ritmo mientras que los efectos de luz reflejaban colores cambiantes sobre los bailarines. Mientras la música iba adueñándose de ellos, Sakura reflexionó sobre las razones que tenía para que su relación con Sai siguiera siendo platónica.

No se debía a que no le gustara la compañía masculina ni a que no disfrutara con los abrazos o los besos de un hombre. Sin que pudiera evitarlo, un par de ojos perla de mirada autoritaria se entrometieron en sus pensamientos. Sakura frunció el ceño.

Si se mantenía apartada de las relaciones más íntimas no sólo era porque nadie le había llegado lo suficientemente adentro como para que ella sintiera el deseo de dejarse llevar por una aventura a largo o a corto plazo. Hasta aquel momento, el amor la había eludido, algo por lo que ella se sentía muy agradecida. Con el amor venían los compromisos, unos compromisos que no encajaban con los planes que tenía para su futuro inmediato. No. La relación con un hombre le llevaría complicaciones e interferiría con su ordenada vida.

—Es siempre un placer salir contigo, Fea —dijo Sai, sacándola así de sus pensamientos.

Sakura miró a su acompañante y vio que él sonreía y que, a continuación, miraba el vaso que ella había tenido entre las manos desde que llegaron al local.

—Además, me sales tan barata.

Sakura sonrió también y apartó sus pensamientos.

—Por mucho que busques, te aseguro que no encontrarías a otra mujer que se preocupara tanto por el bienestar de tu bolsillo.

—Es cierto —afirmó el azabache. Entonces, suspiró y adoptó una actitud de gran sería—. O van por mi cuerpo o por mi dinero. Tú, Sakura, no vas detrás de ninguna de las dos cosas —añadió mientras le agarraba las manos y se las cubría de besos—. Ojalá te casaras conmigo, y me permitieras apartarte de toda esta decadencia. Encontraríamos una casa de campo rodeada de viñas, tendríamos 2 o 7 hijos y sentaríamos la cabeza.

—Has visto muchas películas últimamente ¿verdad? —comentó ella, con una sonrisa.

—Cuando tienes razón, tienes razón —repuso Sai—. Por eso, en vez de llevarte a una casa de campo rodeada de viñas, me conformaré con hacerlo en la pista.

La joven tomo la mano de su compañero y poco a poco se abrieron paso por la gran y concurrida pista de baile. Ojos llenos de admiración contemplaron a la hermosa y esbelta mujer vestida con un traje tan verde como sus ojos. La falda del vestido de Sakura tenía una abertura lo suficientemente atrevida como para revelar unas largas y torneadas piernas mientras giraba y se contoneaba con su acompañante. Los dos poseían una gracia natural para el baile y una afinidad tal con la música que su presencia resultaba espectacular sobre la pista.

Terminaron el baile con un profundo y dramático movimiento en el que Sai bajó a Sakura hacia el suelo, sosteniéndola con sus brazos. Cuando ella volvió a ponerse de pie, reía a carcajadas por la excitación del momento.

Se abrieron paso entre el resto de los bailarines y regresaron a su mesa. Sai le había rodeado el hombro con los brazos. Sin embargo, las risas de Sakura enmudecieron cuando se encontró frente a los ojos perla que la habían turbado pocos minutos antes.

—Haruno —le dijo Neji, saludándola de forma casual.

La joven se sintió muy agradecida por el hecho de que el sistema de luces la ayudara a ocultar el cambio de color que se produjo en su rostro.

Flashes |Nejisaku| COMPLETA Donde viven las historias. Descúbrelo ahora