Capítulo X - Parte VI

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Mukuro estaba suspendida en el aire, en uno de sus momentos llenos de adrenalina, aquellos en los cuales sentía que el mundo pasaba a cámara lenta para ella, su vista estaba relativamente borrosa más si podía distinguir la mayoría de lo que veía.

Humo y escombros.

Ella se encontraba cayendo, luego de ser enviada a volar por una explosión de origen desconocido junto a su hermana, no tenía idea de que pudiera haberla causado, pero estaba segura de algo;

Junko no había sido la responsable.

Después de todo, Mukuro conocía el modus operandi de su hermana como la palma de su mano y más importante... Si hubiera sido un plan de Junko no hubiera fallado y la explosión las habría matado a ambas.

Entonces para la Mercenaria la duda era importante; ¿Quién habría provocado esa explosión?

Independientemente de quien fuera, el mundo pareció volver a la normalidad cuando ella siguió cayendo, intentando recuperarse de forma torpe en el aire, maniobrando como podía para intentar aterrizar de pie.

Aterrizó de forma tosca en el suelo, retrocediendo con torpeza y tropezando con sus propios pies, cayendo con fuerza sobre algunos escombros que ahora se encontraban en el comedor producto de la anterior explosión.

Cuando recobró por completo sus sentidos, el mundo entero empezó a darle vueltas, los oídos le pitaban con fuerza lo que generaba una creciente y molesta sensación de incomodidad en ella, además del dolor y el cansancio que tenia de la batalla anterior.

La mercenaria no era ajena a este tipo de sensaciones, ya lo había experimentado en carne propia antes, en sus primeras veces en el campo de batalla... Y eran tan, sino más horrible de lo que recordaba.

El fuerte pitido que produce una explosión cercana.

Afortunadamente no se encontraba desorientada, por lo que decidió quedarse quieta un momento mientras el humo inundaba todo el comedor donde hasta hace algunos minutos combatía contra su hermana, no podía simplemente moverse a ciegas considerando que Junko estaba allí con ella.

Había reunido la determinación, y había estado muy cerca de asesinar a su hermana menor, pero esa explosión la detuvo en seco, su determinación seguía con ella, pero su estado físico poco a poco la abandonaba.

Se levantó con pesar del suelo, tosiendo con fuerza gracias al humo que entraba en sus pulmones, gimió de dolor al estar erguida, ya que sentía un fuerte dolor en su espalda.

Mukuro sabía que ahora más que nunca su cuerpo se encontraba sumamente cansado, ya que mirando hacia atrás, se había sobre-esforzado en sobremanera; luchó contra Sakura, corrió por toda la academia para luego terminar luchando contra una horda de Monokumas hasta casi desfallecer...

Solo tomando unos míseros veinte minutos para volver descansar, y ahora todo el cansancio acumulado se cernía sobre ella como un gran peso en su espalda que le impedía moverse con soltura.

La adrenalina que le permitía ignorar todo el cansancio había desaparecido de su cuerpo, ahora solo quedaba una persona agotada.

El dolor en su espalda fue expandiéndose por su cuerpo, con su abdomen doliendo fuertemente, ella se vio obligada a arrodillarse soportando el dolor apretando los dientes para no gruñir.

"¿Ya estás en las ultimas, hermana?" Escuchó una voz cercana a ella, con tono áspero pero a la vez burlón.

El humo poco a poco empezó a disiparse, mientras la figura de Junko hacia acto de presencia, su cara estaba manchada de suciedad y varios moretones, golpes y quemaduras eran visibles.

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