Capítulo XI - Parte II

327 25 14
                                        

Cuatro disparos.

.

.

.

"¿E-eh?" Preguntó la Modelo con una mirada de fingida sorpresa.

Ella se detuvo a medio camino, sintiendo como todos los disparos habían atravesado su cuerpo en diferentes lugares, su estómago, su brazo derecho, su hombro e incluso el área de sus caderas.

La rubia, aun con una mirada sorprendía e ignorando el ruido sordo que hizo Fukawa al caer inconsciente, miró a hacia la puerta con lentitud...

Su hermana estaba allí, con otra pistola extendida hacia ella.

La expresión de Mukuro era seria, pero Junko podía decir a simple vista que estaba a punto de llorar en cualquier momento. Segundos después, la pelinegra se acercó con lentitud, sin bajar el arma ni un momento.

A Junko se le complicó mantenerse erguida por mucho tiempo, cayendo sin detenimiento al suelo, con su espalda apoyándose con dureza en una de las encimeras, torpemente sentada.

La rubia aun seguía consciente, pero su mirada se encontraba ligeramente ida. Solo mirando a su propio cuerpo sangrante, su brazo derecho era un desastre, Shou lo había dejado en muy mal estado al igual que Mukuro antes y no paraba de sangrar, sin embargo a estas alturas se encontraba completamente adormecido...

Ella ya no lo sentía.

Y ahora era su brazo derecho quien se había unido a él, con un hilo de sangre cayendo hasta sus dedos tendidos en el suelo, por la inconsistencia de lugares en donde los disparos le habían impactado ella podía asegurar que Mukuro había estado muy tensa a la hora de disparar...

... Tal parecía ser que se obligó a tener la determinación suficiente...

... Ya que podía haberla matado de un solo disparo a la cabeza.

Pero no lo hizo.

.

.

.

Fue en ese momento cuando Junko dejó todo tipo de fachada, su locura, su inteligencia, sus múltiples personalidades...

... Pero no su desesperación, eso nunca.

Aceptó la inminente realidad; Ella iba a morir en cuestión de minutos, su propia hermana la iba asesinar.

Y sonrió, no hay nada que la hiciera más feliz.

Se sentía desesperada, feliz, extasiada y por sobre todo, complacida al saber que su plan se había cumplido sin ningún fallo.

Mukuro por su parte, se arrodillo frente a ella con un gemido de dolor por sus propias heridas, la miró a los ojos, Junko podía hablar sin problemas, pero se encontraba sin la suficiente motivación como para a estas alturas hacerle una de sus constantes bromas sexuales a su hermana.

"Junko..." Empezó Mukuro con voz ronca, sus ojos se encontraban cristalinos, pero ella fruncía los labios para no llorar.

Junko mantuvo su débil sonrisa mientras le decía: "Cállate... Ganaste, hermana."

Mukuro tragó saliva, tenía un gigantesco nudo en la garganta producto de ver a su hermana en ese estado y saber que próximamente desaparecería por completo de su vida...

Porque la pelinegra sabía a ciencia cierta que Junko no podría sobrevivir a esas heridas.

Y aun a sabiendas de lo que pasaria, el hecho la golpeó con fuerza, Mukuro sentía como si el mundo estuviera sobre sus hombros, como si fuera a desfallecer en cualquier momento, y no por cansancio...

Danganronpa Re: IFHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora