Capítulo X - Flashback

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 "Todo estaba ocurriendo muy rápido para el sorprendido Afortunado, ¿por qué? ¿Porque pasaba esto? ¿Por qué ahora?

¿Por qué cuando recién se acababa de levantar?

Él no tenía ni idea...

No era que no le gustase, solo que había sido tan repentino que nunca pudo prepararse adecuadamente para ello.

Pensándolo bien, nadie en su sano juicio lo hubiera hecho porque en primer lugar nunca jamás alguien se esperaría una situación así de surrealista con el simple hecho de despertar...

¿Cuál situación? Era sumamente sencilla;

¿Porque una Mukuro con solo ropa interior se encontraba sobre él, abrazándolo y mirándolo con una expresión de completa lujuria?

Era desconcertante el hecho, principalmente porque estaban en SU habitación, y no recordaba haber estado con Mukuro en ninguno de los días anteriores. Además, recién se había levantado de la cama y fue sorprendido por la esbelta figura de la mercenaria...

Cualquiera en su situación se habría sorprendido.

¿Cómo habría entrado a su casa? ¿Habría pasado por su cuenta? ¿Tal vez Komaru la dejó entrar, o tal fueron vez sus padres?

Se deshizo de esos pensamientos, eso no importaba, lo único que importaba era que tenía a una Mukuro encima de él, envolviéndolo con sus brazos como si fuera a desaparecer y con un deseo sexual apenas contenido en sus ojos.

"Mukuro..." Tragó saliva Makoto, usando toda su fuerza de voluntad para que muchas cuestiones fisiológicas de su propio cuerpo no ocurrieran y así no volver ese momento aún más incómodo para él.

No había que malentender al Afortunado, una situación como esta no le desagradaba en lo absoluto, sin embargo quería al menos saber que estaba ocurriendo antes de sucumbir a la tentación.

Porque, si, Makoto, al igual que todas las personas, sucumbiría tarde o temprano ante los evidentes encantos físicos de Mukuro... Y a este ritmo era más que obvio que sucumbiría temprano.

"Makoto..." Susurró la Mercenaria con un tono que podría catalogarse simple y llanamente como sensual.

La forma lenta y suave en la que ella había pronunciado su nombre sumado a su embriagante aroma hacía que sus sentidos enloquecieran en más de una forma.

De hecho, sería correcto afirmar que si Makoto Naegi fuera una bomba, estaría a punto de explotar.

"Mukuro... ¿Qué haces—?" Intentó preguntar el Afortunado con una voz entrecortada.

Sin embargo, Makoto fue casi inmediatamente silenciado por el dedo de la pelinegra, quien lo presionó contra sus labios, mientras más ella se apoyaba más sobre él.

Naegi podía sentir dos grandes cosas de Mukuro que hacían contacto con su pecho, cosas que podrían, no, estaban haciendo que el perdiera el poco autocontrol que le quedaba.

Usando toda su fuerza mental, intentó aguantar los encantos de la pelinegra. La mente de Makoto no estaba funcionando muy bien, ya que en situaciones normales se daría cuenta de que era un esfuerzo inútil.

Mukuro pareció notarlo, porque entre la oscuridad de su habitación su sonrisa era completamente visible, mientras se separaba un poco de él para permitirse apoyar la cabeza en su pecho, empezando a dibujar círculos lentos en su estómago con una sonrisa pícara.

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