To be so lonely

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Despertó confuso y, como de costumbre, de mal humor. Las cortinas, que nunca lograban cubrir por completo la ventana, dejaban filtrar la luz del sol que caía directamente sobre su rostro. Cada mañana era igual para Harry en Italia. Aunque había algo reconfortante en ese escenario: el aroma abundante de comida recién hecha que subía desde el restaurante donde trabajaba. Ese olor, cálido y hogareño, siempre lograba calmar, aunque fuera un poco, el peso de sus pensamientos.

Pero todo eso estaba por cambiar en unas horas. Había tomado una decisión arriesgada. Después de dos años, regresaría a Londres. El solo pensar en ese lugar, en las memorias que dejó atrás y en los lazos de sangre que rompió, le provocaba escalofríos. Todavía podía sentir la punzada de dolor y enojo que venía con cada recuerdo.

Tenía el equipaje listo desde la noche anterior, cada prenda y objeto cuidadosamente guardados. Sin embargo, el verdadero obstáculo no era el equipaje, sino enfrentarse al aeropuerto, a ese viaje que lo acercaba de nuevo a un pasado del que había escapado. Serían solo unos meses, pero la inquietud no lo abandonaba. No podía evitar imaginarse lo peor: encontrarse con su familia. Aunque sabía que vivían en las afueras de Londres, la simple idea de compartir el mismo aire con ellos le hacía erizar la piel y le ponía un nudo en el estómago.

Respiró hondo y terminó de ordenar su habitación, como si dejarla impecable pudiera darle algún control sobre sus nervios. Finalmente, tomó sus maletas y bajó al primer piso, donde Billy, su jefe, y Niall, su mejor amigo, lo esperaban con sonrisas que buscaban animarlo.

–¿Estás listo? ¿Te aseguraste de llevar todo?– preguntó Billy mientras lanzaba una mirada rápida a las maletas.

–Seguro que lleva hasta la cama ahí dentro– comentó Niall, riendo con esa chispa que siempre lograba arrancarle a Harry una sonrisa, incluso en sus peores días.

–Creo que llevo lo justo... pero no todo lo que realmente necesito– admitió Harry, dejando escapar una leve risa nerviosa. Su mirada bajó un poco, y un leve sonrojo se asomó en sus mejillas, delatando lo mucho que les iba a extrañar.

Sin decir nada, Billy y Niall se acercaron y lo envolvieron en un abrazo cálido y fuerte. Era el tipo de abrazo que parecía decir todo lo que las palabras no podían. Para Harry, ellos eran más que amigos; eran su familia, la que eligió, la que nunca lo había abandonado. Sin conocerlo realmente, lo apoyaron desde el primer día, le ofrecieron un refugio cuando lo necesitaba y le dieron un hogar en un momento en que creía que estaba completamente solo.

–No olvides llamarnos si pasa algo, ¿entendido?– dijo Billy, con esa mezcla de firmeza y cariño que siempre tenía para Harry.

–Y si Londres te hace sentir mal, te vienes de vuelta. Nada de hacerse valiente, ¿de acuerdo?– agregó Niall, dándole un suave golpe en el hombro.

Harry asintió, tratando de contener las lágrimas que amenazaban con salir. Se despidió con una última sonrisa y salió hacia el aeropuerto. Cada paso lo acercaba más a un lugar que no estaba seguro de querer volver a ver, pero en el fondo, tenía la esperanza de que tal vez esta vez fuera diferente.

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Arribó a Londres justo a las seis de la tarde. Entre el tumulto de personas, Aurora lo encontró rápidamente, con lágrimas en los ojos y una sonrisa que reflejaba toda la alegría acumulada en esos años de espera. Sin decir una palabra, lo envolvió en un abrazo que parecía eterno. Harry no pudo evitar quebrarse, dejando que las emociones lo alcanzaran de golpe. Las lágrimas rodaron por sus mejillas mientras una mezcla de felicidad y nostalgia lo embargaba. Había extrañado tanto a Aurora, lo único bueno que había dejado atrás.

January melancholyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora